En el subsuelo de Barcelona se esconde un secreto de hormigón, mármol y silencio. Bajo la transitada Avenida Gaudí, en una zona de gran valor patrimonial entre las estaciones de Sagrada Familia y Sant Pau/Dos de Maig, descansa la única parada de la red de Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) que jamás ha llegado a funcionar.
Construida a finales de la década de los sesenta, la estación de Gaudí es la estación mejor conservada de las llamadas "estaciones fantasma" de la capital catalana.
A diferencia de otras paradas históricas fuera de servicio que sí funcionaron en algún momento, esta estación tiene la particularidad de que nunca ha visto detenerse a ningún tren.
El error de cálculo que la condenó al olvido
Los orígenes de esta infraestructura se remontan a la aprobación del Plan de Metros de 1966. La planificación de la época preveía prolongar la Línea II y poner en servicio una nueva Línea V transversal, diseñando un intercambiador para conectar ambas líneas en la parada de Sagrada Familia.
Según recoge El Tranvía 48, las obras de la Línea II en este tramo comenzaron en 1968 a cargo del Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, problemas económicos e imprevistos en la construcción —como el hallazgo continuado de restos de la muralla medieval en las rondas de Sant Pau y Sant Antoni— impidieron cumplir los plazos previstos.
Ante las dificultades, se adoptó la solución provisional de que la Línea V absorbiera el tramo ya construido de la Línea II.
No obstante, tal y como explica el citado blog, un error técnico definitivo sepultó para siempre la viabilidad de la estación Gaudí. Al construir la parada de Sagrada Familia de la Línea V, se edificó exactamente al mismo nivel que la de la Línea II (situada bajo la avenida Gaudí), cuando técnicamente debió haberse construido a un nivel inferior para permitir el cruce transversal de las vías hacia Badalona.
Este fallo técnico hipotecó de forma irreversible el proyecto original. La unificación de las líneas pasó de provisional a definitiva, haciendo que la estación Gaudí resultara totalmente innecesaria al encontrarse a apenas 70 metros de distancia del nuevo intercambiador de Sagrada Familia.
Ante esta situación, el Ayuntamiento decidió desestimarla y la estación quedó clausurada antes de nacer.
Una cápsula del tiempo a once metros de profundidad
A pesar de las décadas de desuso, la estación se mantiene en perfecto estado y destaca como la mejor conservada del subsuelo barcelonés por ser la más contemporánea.
Estructurada en dos niveles bajo la avenida de Gaudí, entre las calles de Rosselló y Provença, el nivel superior alberga un vestíbulo con accesos en la calle Lepant con Rosselló que aún conserva su barandilla original de los años sesenta con relieves de la palabra "Metro".
El nivel inferior, a 11,65 metros de profundidad, cuenta con dos andenes laterales de 94 metros de longitud. Por sus vías centrales transitan a diario y sin detenerse los trenes de la Línea 5.
