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Lejos del estruendo de los grandes escenarios y de las multitudes que han coreado himnos eternos como 'Mediterráneo' o 'Penélope', Joan Manuel Serrat ha encontrado la paz en las alturas de su ciudad natal.

A sus 82 años, y con el reciente reconocimiento del Premio Princesa de Asturias de las Artes bajo el brazo, el influyente cantautor catalán mantiene una vida diaria marcada por una estricta discreción.

El escenario principal de su rutina no es otro que Vallcarca, un histórico y pintoresco barrio situado entre los distritos de Gràcia y Horta-Guinardó que, pese al implacable avance urbano de la metrópolis, ha sabido conservar intacta su cálida esencia de pueblo.

Una atalaya rodeada de cultura y vegetación

Es en este enclave barcelonés, caracterizado por sus sinuosas y empinadas calles y su proximidad al emblemático Park Güell, donde el artista fijó su residencia.

Vallcarca en una imagen de archivo Ayuntamiento de BCN

Su hogar es una casa unifamiliar discreta, abrazada por la vegetación de un pequeño jardín que le permite exprimir al máximo el clima templado de la ciudad.

La elevada orografía de Vallcarca regala a la zona unas panorámicas excepcionales de la capital catalana, un privilegio geográfico que cobra un significado profundamente poético en boca del propio artista.

Fiel a su mirada reflexiva, Serrat definió en su día su refugio con una frase reveladora: "Tengo una casa con una ventana desde la que se ve el mundo".

Más allá de los muros de su propiedad, el músico ha logrado integrarse a la perfección en un entorno que destaca por su diversidad poblacional, donde conviven familias de toda la vida con jóvenes artistas. Lejos del estereotipo de celebridad inaccesible, los vecinos de Vallcarca describen a Serrat como un hombre amable y sencillo, al que es habitual ver paseando con total normalidad por las calles del barrio y devolviendo el saludo con cercanía a quienes lo reconocen.

Joan Manuel Serrat durante un concierto / EUROPA PRESS

Menorca y el valor inquebrantable de la familia

El equilibrio que le brindan las calles de Barcelona se complementa a la perfección con su otro gran bastión personal: su casa en Maó.

Esta residencia en la isla de Menorca actúa como su auténtico refugio espiritual. Ubicada frente al mar, la vivienda balear le ofrece el silencio necesario para desconectar del bullicio urbano y reconectar con el paisaje marítimo que vertebra gran parte de sus inmortales composiciones.

En ambos refugios, el artista cultiva su faceta más íntima y familiar. El cantautor comparte su vida desde hace décadas con su esposa, Candela Tiffón, con quien ha construido un entorno estable y alejado del ruido mediático.

Padre de tres hijos --uno de ellos fruto de una relación anterior--, Serrat nunca ha ocultado que su círculo más íntimo es el motor de su existencia, llegando a confesar que sus hijos le han dado mucho más de lo que le han pedido.

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