Un toxicómano a plena luz del día en la calle de l'Est del Raval

Un toxicómano a plena luz del día en la calle de l'Est del Raval CEDIDA

Ciutat vella

La calle de l'Est, el "punto ciego" del barrio del Raval: toxicómanos, peleas con machetes y amenazas

Vecinos de esta estrecha calle entre la Rambla y avenida del Paral·lel denuncian un año y medio de "infierno": peleas a machetazos, narcóticos a plena luz del día y un olor insoportable a heces humanas

Más: Los vecinos estallan contra la narcosala del Raval: “Hay jeringuillas delante de una guardería”

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

Barcelona tiene rincones donde el tiempo parece haberse detenido en los peores años de la crisis de la heroína, y la calle de l'Est, en el barrio del Raval, es hoy uno de ellos.

A pesar de su ubicación estratégica junto a Drassanes, la Rambla y el paseo marítimo, los vecinos denuncian a Metrópoli vivir en un escenario de "guerra" que se recrudece cada noche. Varios residentes han decidido alzar la voz para retratar un año y medio de degradación que ha convertido su hogar en una cárcel de facto.

Drogas a la vista de todos

La dinámica de la calle está marcada por el horario de los centros asistenciales cercanos. Según relatan los afectados, la vía mantiene una calma tensa durante la mañana, pero todo cambia al caer el sol.

"A partir de las 20:00 horas la calle se transforma", relata a este medio una residente en referencia a los drogodependientes que acuden a diario al CAS Baluard. "Empiezan a llegar, se instalan en los soportales y se drogan a la vista de todo el mundo", explica la residente.

Un foco de conflictos

Lo que comienza como una reunión de toxicómanos deriva rápidamente en un foco de conflictos violentos. La última semana ha sido especialmente crítica para los vecinos: "No hemos podido pegar ojo. Gritos a las 02:00, 03:00 y 00:04 horas. Si no se están peleando, es por las paranoias que les genera la droga. Se tiran horas gritando en mitad de la calle", lamentan los residentes.

Además, la violencia física es ya una constante: esta misma semana se han registrado incidentes con cuchillos y botellazos en la cabeza que han requerido la intervención de los servicios de emergencias.

Excrementos humanos

Uno de los puntos más indignantes para la comunidad es la degradación higiénica de la vía. La calle de l'Est se ha convertido en un urinario y estercolero público. "La limpiadora de nuestro edificio pasa miedo cada mañana y tiene que limpiar heces de personas, no de perros, que dejan en el portal", denuncian.

Incluso los operarios de limpieza municipal han mostrado su frustración ante los vecinos por tener que enfrentarse a diario a la retirada de excrementos humanos.

Insalubridad extrema

El diseño de la calle tampoco ayuda. Los contenedores de basura, que están incrustados en los huecos de la pared, son utilizados sistemáticamente como baños improvisados.

Contenedores de la calle de l'Est

Contenedores de la calle de l'Est GOOGLE MAPS

El olor a orina es, según los vecinos, "insoportable", una situación que se agrava por la falta de iluminación en ciertos tramos, lo que genera rincones de absoluta oscuridad donde la impunidad es total.

El miedo de los más vulnerables

Los vecinos son claros sobre el impacto psicológico: "Hay chicas jóvenes y les da pánico salir de noche. No pueden pasar por delante de ellos porque, si les dices algo, te responden de forma agresiva".

Pero el drama es mayor para los ancianos: "Vemos a personas mayores asomadas a la ventana que ya nunca bajan a la calle. Tienen miedo de salir de sus propias casas".

Abandono "institucional"

La respuesta de las administraciones ha sido calificada por los afectados de "desalentadora". Los residentes aseguran haber inundado el Ayuntamiento con instancias, pero la única respuesta oficial recibida es que "no hay medios suficientes".

La policía, por su parte, les insta a recoger firmas mientras los agentes confiesan su propia frustración: "A veces detienen a alguien por darle un botellazo a otro y a los dos días está de vuelta en la misma esquina". La sensación de desprotección es tal que incluso cuando los vecinos alertan de la presencia de armas blancas, la intervención suele ser mínima: "Le quitan el cuchillo, pero dejan al hombre ahí mismo".

La "arquitectura del conflicto": soportales y fundaciones

Los denunciantes señalan puntos negros específicos en la arquitectura de la calle, concretamente en los huecos y ventanas ciegas que pertenecen a la Fundació Gavina.

Exterior del CAS Baluard de Drassanes

Exterior del CAS Baluard de Drassanes SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Los residentes han intentado contactar con la entidad para proponer soluciones disuasorias, como la instalación de macetas o cerramientos que impidan que los grupos se instalen en sus entradas.

"Hablamos con ellos por teléfono y les mandamos correos, pero dicen que no pueden hacer nada, que tiene que ser cosa del Ayuntamiento", explican los vecinos. Existe una confusión sobre la titularidad o cesión de estos espacios que bloquea cualquier mejora física en la calle, mientras los grupos aprovechan estos recovecos para "plantarse" allí durante horas.

Un ruego desesperado

Los vecinos de la calle de l'Est no exigen medidas excepcionales, sino el cumplimiento de las normas básicas de convivencia. "Solo pedimos que pase una patrulla por la noche, a las 21:00 o las 22:00 horas, y que los echen. Que les digan que ahí no se pueden quedar", suplican.

Aseguran que por la mañana, la policía sí acompaña a los servicios de limpieza para levantar a quienes duermen allí, pero los vecinos denuncian que durante la noche --cuando se producen las agresiones y el consumo-- la calle es territorio de nadie.

"Nos iremos de aquí"

"Estamos de alquiler y en cuanto podamos nos iremos de aquí, aunque el mercado en Barcelona esté horrible", confiesan algunos vecinos, sintetizando el sentimiento de muchos otros que ven cómo el Raval expulsa a sus residentes en favor de una marginalidad que parece haber ganado la partida en este rincón de Ciutat Vella.