Imagen panorámica de viviendas en Barcelona
El repunte de la inflación presiona a los inquilinos en Barcelona y favorece la retirada de pisos del mercado de alquiler
Los expertos avisan que el alza del IPC al 4,3% afecta a la rentabilidad de los propietarios y los impulsa a buscar alternativas en otros mercados
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La inflación se ha disparado este agosto hasta superar el 4%, su nivel más alto en tres años, y encarecerá el coste de la vida. Pero la subida de precios también tiene un efecto particular en el mercado del alquiler, especialmente en Barcelona, donde las rentas están limitadas por la aplicación de las zonas tensionadas.
La actualización de la renta en los contratos de alquiler firmados tras la entrada en vigor de la Ley de Vivienda, en mayo de 2023, está sujeta al Índice de Referencia para la Actualización de Arrendamientos de Vivienda (IRAV), que el mes pasado se situó en el 2,47%, lejos de la subida del IPC del 4,3%.
Por contra, los contratos formalizados antes de la entrada en vigor de la norma deben actualizar la renta este mes según el Índice de Garantía de Competitividad (IGC) --topado al 2%-- o el IPC, en función de lo establecido en cada contrato.
En otras palabras, un piso por el que ahora se pagan 1.000 euros mensuales pasará a costar hasta 1.043 euros al mes si el contrato es anterior a mayo de 2023 o 1.025 euros si se firmó después. Una diferencia anual de 216 euros.
A este incremento se suma el impacto de la propia inflación sobre los hogares, con el encarecimiento de productos y servicios básicos. El repunte de los precios se ha visto impulsado en los últimos meses por el aumento de los carburantes y la energía en un contexto marcado por el conflicto de Irán.
Atardecer desde una plataforma de extracción de petróleo, uno de los recursos naturales más importantes / CG
Los nuevos contratos son más caros
No obstante, los antiguos contratos mantienen, en general, una situación más favorable que los nuevos. El director de negocio de Vivara, Llàtzer Puigpelat, explica la paradoja.
“Vemos que, pese a que las actualizaciones están limitadas, las rentas de los nuevos contratos están incrementándose, independientemente del tope de precios”, afirma.
El Banco de España ya alertó de este fenómeno. La entidad señaló que limitar las subidas en los contratos vigentes provoca un proceso de capitalización de rentas futuras. Es decir, si un propietario sabe que durante los siguientes cinco años no podrá aumentar demasiado la renta, puede incorporar esa expectativa al precio a la hora de formalizar el nuevo contrato.
Un cartel de un piso en alquiler en una imagen de archivo
De hecho, señala Puigpelat, en 2024 las viviendas que entraron nuevas al parque del alquiler lo hicieron con unas rentas un 16,6% superiores a las ya existentes.
“Las nuevas personas que entran en el mercado se encuentran con condiciones más duras. Todo ello genera distancia entre los inquilinos veteranos y los que llegan, sin olvidar que una vez pasado el plazo de cinco años, el inquilino veterano deberá volver al mercado del alquiler y enfrentarse a incrementos del 16,6%”, alerta.
Menos oferta
El mercado del alquiler en Barcelona tiene, además, otra particularidad. Según Puigpelat, se ha producido un encarecimiento generalizado de los pisos.
El director de negocio de Vivara atribuye esta situación a que las viviendas más afectadas por el límite de precios --aquellas que deberían estar por encima del tope por su valor-- han dejado de ofrecerse en alquiler, mientras que se han quedado las que tienen menos oportunidades de encontrar su hueco en la compraventa.
Así, un piso que no llega a 40 metros cuadrados puede costar hoy en día 1.100 euros al mes, un importe que, según el experto, no se veía antes de la crisis. La elevada demanda y la escasez de oferta explican, a su juicio, esta evolución.
“En general, estas situaciones provocan que los pisos se encarezcan más que las subidas del IPC. Según datos de Incasòl, en el Barcelonès, si comparamos el primer trimestre de 2026 con el de 2025, las rentas de los contratos subieron un 5,7%, cuando la inflación está muy por debajo”, explica.
Vista panorámica del Eixample de Barcelona / ARCHIVO
Impacto sobre los inquilinos
Pero el actual escenario de precios elevados no solo presiona a los inquilinos. El profesor de Economía de la UB, Gonzalo Bernardos, destaca que un arrendatario pierde poder adquisitivo si su salario no sube por encima de la inflación, mientras que el propietario también afronta pérdidas porque la vivienda deja de ser rentable y asume más gastos.
“Cuanto mayor es la inflación, peor para el propietario”, asevera.
Puigpelat señala que, por ejemplo, gastos como los seguros, la comunidad y las reparaciones han aumentado de manera importante.
La respuesta del Gobierno
El dato de agosto ha hecho encender las alarmas y tampoco se prevé una mejora a corto plazo. Bernardos asegura que el conflicto en Oriente Próximo está lejos de ver un final y que, si no se hace nada, la inflación llegará prácticamente al 6% a finales de año.
La solución, explica, es clara: intervenir. El economista considera que el Ejecutivo de Pedro Sánchez tiene en su mano frenar esta escalada mediante subvenciones.
El presidente, Pedro Sánchez, en la Cumbre Global de la Alianza de Gobierno Abierto EFE
Precisamente, el Consejo de Ministros aprobó en junio un segundo paquete de medidas anticrisis para hacer frente al impacto económico de la guerra en Oriente Próximo. Entre ellas, se encontraban la rebaja del precio de los combustibles, ayudas a sectores profesionales como el transporte y la prórroga de las ayudas al transporte por carretera, medidas que se mantienen hasta finales de septiembre.
La iniciativa finaliza este mes, pero el Gobierno ya ha abierto la puerta a prorrogar el escudo anticrisis ante el repunte de la inflación.