Nunca es fácil tener que sobrevivir en la calle. Pero la situación se agrava cuando una persona que se encuentra en esa situación busca una salida y solo encuentra puertas cerradas que le niegan la posibilidad de encontrar un acomodo digno. Y cuando esas puertas son las de la administración pública, la situación se convierte en indignante.

Este es el caso de Damián S., un sintecho que asegura haber llamado a la puerta de los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona en incontables ocasiones. Pero hasta el momento nadie ha sido capaz de ofrecerle una solución adecuada a sus necesidades. Por mucho que él esté dispuesto a aportar granito de arena.

ALBERGUES CERRADOS Y COLAS

Damián está indignado con el trato que está recibiendo por parte de los servicios sociales del Ayuntamiento. No entiende como los responsables del consistorio cierran albergues de acogida para personas sin hogar “cuando hay colas parar entrar en los que están abiertos y mucha gente se queda en la calle porque están llenos”.

Tiene 62 años y lleva varios meses viviendo junto a la salida de emergencia de un aparcamiento privado. Tenía su lugar reservado en un albergue, pero un ingreso hospitalario acabó, incomprensiblemente, por arrebatárselo. “Y eso que los servicios sociales estaban avisados”, denuncia. “Pero salí del hospital, fui al albergue y me dijeron que había perdido mi sitio por haber estado más de cuatro días sin acudir”, añade. Las pocas pertenencias que había dejado en el albergue acabaron en la basura.

DISCRIMINACIÓN

Además, se siente discriminado. Afirma que si se trata de un inmigrante “le facilitan mucho las cosas” y que por mucho que ha recorrido varios albergues siempre ha recibido la misma respuesta: no hay sitio. “Algunos venden una cosa y luego hacen otra”, afirman en referencia al trato que ha recibido del Ayuntamiento en los últimos tiempos.

Damián, que ha pasado de ser director financiero de una empresa alemana y de tener su propia empresa a vivir en la calle, lamenta que desde el consistorio se limiten a ofrecerle con buenas palabras. “Nadie me da una alternativa”, afirma, aunque asegura que está dispuesto a pagar la mitad de lo que percibe al mes por una habitación o un piso de emergencia social.

TRABAJAR GRATIS

Pero Damián va más allá. A la vista de que determinados albergues cierran cuando llega el buen tiempo, se ofrece a trabajar gratis para que alguno de ellos se mantenga abierto y las personas que duermen en la calle tengan un lugar en el que descansar. “Dormir en la calle es complicado”, reconoce. “A mi me ha intentado atracar varias veces”, dice con cara de estupefacción. “Pero si no tengo nada de valor”, añade.

Por ello, considera que dar la opción de alojamiento a las personas que se encuentran en una situación como la suya es una de las obligaciones de la administración municipal. “Me ofrezco gratis a trabajar en el albergue”·, afirma, “incluso haciendo comidas, no soy mal cocinero”, añade.

Se ofrece a trabajar gratis para ofrecer un servicio de las ocho de la tarde a las ocho de la mañana. Cena, ducha y cama incluidas. ¿Alguien da más?

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