Hubo un tiempo no tan lejano que los huertos urbanos eran la apuesta populista, folclórica y casi demagógica con la que la entonces alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, vendía gestión de gobierno a los vecinos de la capital catalana. Se trataba de hacer algo ciertamente inusual, pero que, en definitiva, significaba robar espacio público para un bien supuestamente ecológico. Los proyectos folclóricos de huertos urbanos acabaron siendo la privatización de un trozo de terreno para goce de afiliados a entidades amigas o vecinos arrimados a alguna plataforma política. En alguna ocasión, se restó espacio a los otros vecinos; en otros, a los coches (se llegó a eliminar un aparcamiento público que desahogaba el congestionado Poblenou); y, en el caso de Montjuïc, sirvió para cometer una anomalía ecológica.

En enero pasado, a poquitos meses de las elecciones municipales, Colau vendió su último huerto urbano. Parecía que todo podía ir bien, porque en esta ocasión no rapiñaba ningún trozo de cemento a un congestionado barrio, sino que arañaba un buen trozo a la montaña de Montjuïc. ¿Qué podía salir mal? Pues salió. Cuando a principios de año Colau gastó 771.691 euros en hacer otro huerto urbano en medio de la ladera de Montjuïc, junto al campo de fútbol de La Satalia, parecía incluso un proyecto ecológico.

PARCELAS PREADJUDICADAS

En el 2015, la Associació de la Font Trobada, una entidad cercana a los comunes, comenzó a influir en el consistorio. Años más tarde, la “demanda ciudadana” aconsejó crear un huerto con parcelas para los vecinos. En otoño de 2021 hubo reuniones con “los usuarios actuales y futuros de los huertos”. ¿Cómo sabían, mucho antes de perfilarse el proyecto y de tramitarse en el consistorio, cuáles iban a ser sus futuros

usuarios? Pues así fue y consta en las actas oficiales. Y luego se adjudicaron las parcelas sin ningún rubor municipal.

Huertos urbanos en Barcelona / AJ BCN

En realidad, la inmensa mayoría de los vecinos no se enteraron de nada, porque las futuras parcelas ya tenían futuros propietarios. “Los huertos urbanos sirven sólo para privatizar el terreno para algunos y se veda el espacio para el resto de la ciudadanía. Hasta ahora, allí disponíamos de una explanada, una fuente y naturaleza, árboles, en un rincón donde podíamos pasear con libertad. Ahora es de unos cuantos. En los huertos de Font Trobada, por ejemplo, no entra nadie. Están cerrados y ahora es privado. ¿Qué beneficio sacan los vecinos con esa privatización? Cuando supimos que se iba a hacer otro huerto en la ladera, pedimos los informes al Ayuntamiento, pero nos dieron largas, aunque de allí a un tiempo pudimos tener acceso a los documentos”, dice un dirigente vecinal a Metrópoli.

TALAS Y ENFERMEDADES

“El proyecto de un nuevo huerto tiró adelante. Al hacer las obras, se realizaron invasiones del terreno sin ningún respeto por la naturaleza. Este verano, murieron muchos árboles alrededor. Alertamos al Ayuntamiento, donde nos dijeron que harían inspecciones, pero no hicieron nada”, subrayan las fuentes. Cuando comenzó a ser notable el desaguisado, y debido a la insistencia ante el Ayuntamiento, les dijeron que habían plantado 20 árboles. “Pero, claro, talaron muchísimos más. Y luego hay otro buen puñado que se han muerto”.

Huerto urbano en la capital catalana / AJ BCN

Para certificar las acusaciones, los vecinos se remiten a las imágenes gráficas que tienen. Las fotografías cenitales claman al cielo: en el lugar donde había una densa vegetación hay ahora un desolado enorme claro de tierra, una tonsura en plena montaña.

Ante la pasividad del consistorio (coincidió con el lapso de las elecciones municipales y la puesta en marcha del nuevo equipo municipal), los vecinos han puesto el tema en conocimiento de la Fiscalía de medioambiente, que aún no ha dicho nada.

La montaña de Montjuic tiene su propio plan de acción, independiente del plan metropolitano que afecta a 33 municipios. “Somos conscientes de que hay una criminalización de árboles en la ciudad en estos momentos, especialmente de palmeras. Los últimos informes hablan de que hay que talar 500 palmeras y 1.200 pinos piñoneros y eso es una barbaridad. Una buena parte de Montjuïc se verá afectada. Eso fue un gran descuido del anterior gobierno municipal, que no se preocupó por la salud de la naturaleza”, argumentan desde las entidades sociales del distrito.

AFECTA A AGUAS SUBTERRÁNEAS

El 'descuido' municipal tiene su plasmación en la creación del nuevo huerto urbano de Colau, el último de su mandato. “Ni respetaron el único sendero que había, al revés, hicieron otro paralelo al antiguo camino y al final tuvieron que hacer unas escaleras”, denuncian los vecinos. Entre las obras de acondicionamiento de las parcelas y la sequía, muchos árboles pasaron a mejor vida. Y a ello se le suma las distintas plagas que han azotado a los árboles barceloneses los últimos meses.

Además de esa pretendida desidia, hubo un problema añadido: “Cambiaron la composición de la tierra para que esta fuese apta y poder plantar hortalizas. Eso afectó a las aguas subterráneas y, de rebote a la vegetación tradicional que había hasta ahora”, denuncian los vecinos. En resumidas cuentas, el último proyecto de Colau le hizo un siete a Montjuïc. No sólo fastidió los paseos de los vecinos por la montaña, en un área que era de libre acceso, sino que provocó la deforestación de la zona. Un triste legado de un equipo que se autoproclamaba ecologista.