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El Ayuntamiento de Barcelona ha hecho público el primer balance de la recién estrenada ordenanza de civismo.

Durante su primera semana de aplicación, efectiva desde el pasado 15 de febrero, se han registrado un total de 982 denuncias, siendo el consumo de alcohol en la calle la infracción más recurrente.

Estos datos se han presentado durante la primera reunión de la Mesa de Seguimiento de la normativa, un órgano presidido por la comisionada de Convivencia, Montserrat Surroca, y formado por todos los grupos municipales.

El alcohol y la venta ambulante encabezan las sanciones

Las cifras recopiladas hasta el 22 de febrero reflejan claramente los principales focos de incivismo en la capital catalana. Del total de sanciones interpuestas, el 36% (357 denuncias) corresponden al consumo de bebidas alcohólicas en el espacio público.

Suciedad generada por jóvenes en uno de los botellones de Barcelona / ARCHIVO

Le sigue muy de cerca la venta ambulante no autorizada, que acumula 307 intervenciones (un 31%), la gran mayoría de ellas (226 actas) motivadas por el abandono de mercancía en la vía pública.

Otra de las conductas incívicas más sancionadas han sido las necesidades fisiológicas en la calle, que han generado 199 denuncias (20%). A mayor distancia se sitúan las sanciones por la degradación visual del entorno urbano (64 denuncias, un 7%) y el uso impropio del espacio público (45 denuncias, un 5%).

Despliegue policial y seguimiento permanente

Para asegurar el cumplimiento de las nuevas reglas de juego, la Guardia Urbana ha activado un dispositivo integral que combina el trabajo de patrullas uniformadas y agentes de paisano.

Agentes de la Guardia Urbana en Barcelona / GUB

Estas intervenciones se están concentrando en los puntos de la ciudad donde más se reiteran este tipo de incidencias.

Por su parte, la Mesa de Seguimiento ha acordado establecer un sistema de revisión continua para monitorizar los indicadores de impacto y garantizar que la normativa sea una herramienta verdaderamente efectiva para el día a día de la ciudad.

Centenares de jóvenes en un botellón de Barcelona / EFE

Novedades de una normativa actualizada

La nueva ordenanza de convivencia, que fue aprobada el pasado mes de diciembre, nace con el objetivo de adaptar la normativa a las realidades actuales de Barcelona.

Entre sus herramientas más destacadas se encuentra la actualización de los importes de las multas y sus agravantes, castigando con especial dureza las afectaciones graves al descanso vecinal.

Además, introduce mecanismos para agilizar el cobro a los infractores no residentes, al tiempo que refuerza la labor pedagógica con informadores a pie de calle y contempla medidas alternativas a la sanción económica para personas en situación de vulnerabilidad.

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