Educadoras de las escuelas infantiles se manifiestan este sábado contra el convenio del Ayuntamiento de Barcelona
El grito de las escuelas infantiles: las educadoras de Barcelona denuncian un convenio que "agota a las veteranas y ahoga a las suplentes"
Las educadoras claman contra el convenio de trabajadores municipal y por un modelo de profesión acorde a las necesidades de las trabajadoras
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El murmullo de las familias y el ruido habitual del tráfico en la plaza de Correus de Barcelona ha callado este sábado a las 10:30 horas por un grito unánime. Entre pancartas y pitos, más de 1.500 trabajadoras de las escuelas infantiles municipales --aunadas bajo el paraguas de la Plataforma 0-3 -- se han plantado frente al Ayuntamiento. No es solo una protesta por cifras o cláusulas; es el reflejo de un sistema que, según denuncian, se agrieta por los pies de quienes lo sostienen.
La comunidad educativa ha decidido aunar fuerzas en toda Catalunya. Con especial énfasis en la capital catalana, miles de educadores saldrán a la calle y harán huelga desde este sábado y, por lo pronto, la próxima semana. Lo hacen por las ratios: demasiados alumnos por docente impiden un buen acompañamiento. Lo hacen por aquellos que tienen necesidades especiales que son incapaces de cubrir. Lo hacen por los problemas de mantenimiento de cada centro y porque los sueldos y las condiciones de trabajo, sencillamente, hay demasiados casos en los que no dan para vivir con la dignidad a la que aspiran.
Cansadas y precarizadas
Roser --nombre ficticio-- camina entre sus compañeras con la calma que dan 36 años de oficio. Ella ha visto la evolución de las escuelas infantiles de Barcelona desde dentro, y su diagnóstico, compartido en declaraciones a Metrópoli, es amargo: "he podido ir viendo cómo se iban deteriorando".
Cuando Roser empezó, el modelo era otro. Existía la pareja educativa --dos educadoras por aula-- y los servicios de cocina y limpieza eran propios, gestionados por la misma escuela. Con el tiempo, la externalización devoró esos servicios y la pareja educativa desapareció, dejando paso a un personal de apoyo que no siempre cubre las necesidades reales.
Manifestantes por la mejora de las condiciones en el ciclo educativo 0-3
A sus 60 años, el cuerpo de Roser ha dicho basta. Ha tenido que reducir su jornada un tercio, asumiendo un recorte en su sueldo porque el Ayuntamiento no le concedió una adaptación de puesto de trabajo. "Físicamente no podía sostener una jornada completa", confiesa, mientras recuerda que "enfermedades musculoesqueléticas derivadas de cargar peso y movimientos repetitivos" no son reconocidas como profesionales.
El nuevo convenio ha sido la gota que ha colmado el vaso: se ha eliminado el derecho a una segunda ocupación por edad para mayores de 57 años, una medida que permitía a las veteranas seguir aportando sin romperse. Ahora, solo unas 40 personas en toda Barcelona podrán acceder a esta opción por motivos de salud. "Totalmente insuficiente", sentencia con la mirada puesta en el edificio consistorial.
Un futuro incierto
A pocos metros, María, de 32 años, representa la otra cara de la misma moneda. Lleva cinco años en las listas de suplencias del Institut Municipal d'Educació (IMEB), sobreviviendo a base de sustituciones que nunca le permiten planificar su vida. Trabaja solo un tercio de la jornada, unas 12 horas semanales, y experimenta en carne propia todo el peso de un trabajo caótico que le imposibilita "compaginarlo fácilmente con otro empleo".
Para María, la educación infantil es "una vocación" que debería ejercerse en un entorno "acogedor y familiar", pero la realidad la golpea cada lunes con horarios cambiantes y llamadas de última hora. "Hay una sensación constante de no llegar a todo y un sentimiento de culpabilidad por no poder estar ahí", explica con la voz cansada de quien encadena días de llantos y ratios excesivas.
Las trabajadoras de las escuelas infantiles se manifiestan en Barcelona para exigir condiciones laborales dignas
Pese a estar hoy en la plaza de Correus, María se enfrenta a una paradoja cruel: no podrá hacer huelga. Defiende en declaraciones a este digital la necesidad de la misma y los objetivos que la motivan, pero con un sueldo que apenas le permite compartir piso con su padre y su pareja, perder un solo día de salario es un lujo que no se puede permitir. Como ella, otras compañeras de su entorno. La inestabilidad económica y mental las lleva al límite. Y el final: compañeras, amigas, abandonan la profesión o se mudan de ciudad buscando condiciones dignas.
Pero todavía resuena en su relato un eco de optimismo: "Creo que con constancia y tiempo se pueden conseguir mejoras muy necesarias ya no solo para los trabajadores, sino también para las personas vulnerables que dependen de nosotros, como esos niños y familias que necesitan nuestra orientación, apoyo o acompañamiento". "Conseguir mejores condiciones laborales y económicas nos daría una estabilidad fundamental", asevera.
Un convenio bajo sospecha
El conflicto no es nuevo. El Ayuntamiento de Jaume Collboni defiende el nuevo convenio como un acuerdo "histórico". Sindicatos y colectivos profesionales desde la Guàrdia Urbana hasta los profesores han plantado cara al Ejecutivo local. Las trabajadoras denuncian que se han incumplido promesas de contratación de personal de refuerzo y que el acuerdo se ha firmado "a coste cero" para la administración, a expensas de su salud y la calidad del servicio.
Cae la lluvia en la plaza de Correus. Una lluvia que, a pesar de las alertas, no ha conseguido desmotivar a las manifestantes. Roser y María se despiden. Una representa la memoria de lo que fue un modelo de éxito; la otra, la incertidumbre de un futuro que estrangula. Ambas coinciden, como todas las allí presentes, en lo esencial: luchar por el futuro de un modelo de escuela pública digna, segura y justa.