Imagen de un desalojado del asentamiento de La Sagrera en Barcelona

Imagen de un desalojado del asentamiento de La Sagrera en Barcelona SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO Barcelona

El pulso de la ciudad

Llurel, desalojado del macroasentamiento de la Sagrera: “Llevo ocho años aquí, trabajando y con papeles"

Un operativo conjunto de la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra ha trabajado durante horas para desalojar a los habitantes ante el peligro para sus vida alertado en informe de Bomberos

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El desalojo comenzó antes de que la ciudad terminara de despertar. Poco antes de las ocho de la mañana, el aire estaba cargado de sirenas, vallas y uniformes. Para Llurel, que lleva allí, más de ocho años, el día amaneció como otro cualquiera, sin saber que le tocaría recoger todo y meterlo en un carro e irse sin un rumbo concreto. "Después de todo, nada sirve", lamenta en conversación con Metrópoli.

Bajo el Puente del Trabajo Digno, la Guardia Urbana de Barcelona encabezaba el operativo con apoyo de los Mossos d'Esquadra, mientras los bomberos, técnicos municipales y equipos del CUESB se encargaban de la seguridad y la atención social.

Todo parecía perfectamente coordinado, pero para los habitantes del asentamiento, era demasiado "rápido y abrupto".

Desalojo La Sagrera

Desalojo La Sagrera Simón Sánchez

El aviso oficial indicaba que había dos horas para recoger las pertenencias y abandonar los terrenos, ubicados en unos terrenos propiedad de Adif. Dos horas para decidir qué parte de tu vida se lleva contigo y qué debes dejar atrás. Para muchos, eso no era suficiente, y para algunos, ni siquiera era posible organizarlo.

La historia de Llurel

Llurel, 47 años, rumano, llevaba ocho años viviendo en este asentamiento y quince en Barcelona. Se sentó en el suelo, apoyado en dos carros cargados hasta el límite.

“Es lo único que he podido sacar”, decía con un hilo de voz, mirando lo que quedaba atrás. Ocho años de vida difícil, de pertenencias acumuladas, recuerdos y objetos cotidianos, reducidos a dos carros que apenas podían contenerlos.

Dentro de uno de los carros, un perro pequeño blanco asomaba la cabeza entre mantas y bolsas. A su lado, Llurel. “No sabemos dónde iremos ahora”, repetía. Su mujer está embarazada y no saben dónde pasarán la próxima noche. Hoy, la calle es su única opción.

La urgencia del desalojo

Nadie les había avisado. “Llegó la policía y nos dieron dos horas”, insistía Llurel, mientras recogía lo poco que podía.

En ese tiempo, no hay manera de decidir qué objetos salvar y cuáles dejar atrás: muebles improvisados, ropa, herramientas, recuerdos, todo mezclado. “Ocho años son muchas cosas”, decía con cansancio. Cada bolsa, cada trasto, representaba historias que ahora se perdían.

Carros con pertenencia en el desalojo de La Sagrera

Carros con pertenencia en el desalojo de La Sagrera Simón Sánchez

A su alrededor, la escena se repetía con las demás familias. Hombres, mujeres y niños salían con maletas pequeñas o empujando carros cargados de objetos imposibles de clasificar.

Trozos de vida acumulada, útiles, basura, recuerdos. Nadie se resistía. La tensión estaba presente, contenida, en cada mirada, en cada gesto, en los silencios que llenaban el aire.

Riesgo y justificación oficial

El desalojo se justificaba por un riesgo grave e inminente para los habitantes, tras un intento de incendio en la zona días atrás. Los Bomberos de Barcelona alertaron sobre la urgencia, y según el Ayuntamiento, había que actuar con rapidez para proteger a quienes vivían allí. Así se hizo.

Un niña que ha salido del asentamiento de La Sagrera

Un niña que ha salido del asentamiento de La Sagrera Simón Sánchez

El asentamiento, en el distrito de Sant Andreu, albergaba entre 200 y 300 personas, según los vecinos. Algunas llevaban más de cinco años viviendo allí. Sin embargo, critican que no se les notificó previamente el desalojo ni se plantearon alternativas habitacionales. La sensación de abandono y de impotencia se mezclaba con la urgencia de la operación policial.

126 personas involucradas

La concejal del distrito de Sant Andreu, Marta Villanueva, detalló que el desalojo de este miércoles, que afectó a dos núcleos alrededor del Pont del Treball Digne, involucró a 126 personas, de las cuales cuatro eran mujeres. Además, se produjeron dos detenciones, una por orden de busca y captura y otra por infracción de la ley de extranjería.

En una rueda de prensa, Villanueva destacó que 58 personas aceptaron la atención de los servicios sociales y que los equipos de limpieza municipales ya trabajan para desmantelar los asentamientos, asegurando que los terrenos se devolverán a la propiedad y descartando la posibilidad de que los asentados regresen.

Opetativo del desalojo La Sagrera

Opetativo del desalojo La Sagrera Simón Sánchez

“La actuación se ha hecho para proteger la vida de las personas. Y queremos recordar que es voluntario vincularse a los servicios sociales”, subrayó la concejal.

Por su parte, el jefe de los Bomberos de Barcelona, Sebastià Massagué, explicó que un incendio reciente en una de las 40 barracas, con electrodomésticos, gas butano y hogueras, motivó la necesidad de un desalojo inmediato.

Finalmente, Merche Cuesta, del CUESB, indicó que muchos de los atendidos ya estaban vinculados a los servicios sociales y que otros recibieron información para comenzar a acceder a las alternativas municipales.

La vida que deja atrás

Llurel llegó a Barcelona hace quince años, con ilusión, buscando trabajo y una vida mejor. Trabajó en construcción, en el campo y recogiendo chatarra. Tiene papeles, siempre ha querido trabajar y mantenerse, pero dice que “solo he encontrado problemas”. Cada día era una lucha constante para él y su familia, y hoy ve cómo todo se desmorona en cuestión de horas. "Llevo ocho años viviendo en este asentamiento, tengo papeles y trabajo y aún de así de nada sirve", comenta.

“Barcelona es una ciudad muy complicada si vienes de fuera”, dice. Lo comenta con cansancio, sin rabia, mientras observa cómo el resto de los vecinos cargan sus pertenencias. No es solo el desalojo; es la desesperanza, la sensación de que todo esfuerzo queda atrapado en un ciclo que nunca termina.

La escena del desalojo

El puente Pont del Treball Digne estaba precintado, el tráfico cortado desde primeras horas. Equipos del CUESB ofrecían atención social a quienes lo necesitaban y los servicios de limpieza municipales se preparaban para intervenir. Los vecinos de la zona miraban la escena desde la distancia. Algunos comentaban que era “necesario”, mientras otros se preguntaban qué pasará ahora con todas esas personas.

Desalojo La Sagrera

Desalojo La Sagrera Simón Sánchez

Mientras tanto, Llurel seguía junto a sus dos carros, su perro blanco a su lado. Miraba cómo los Mossos ayudaban a los últimos residentes a salir del asentamiento. No había gritos, ni violencia, solo una calma tensa que envolvía todo. Cada gesto, cada mirada, reflejaba la incertidumbre del futuro inmediato.

Futuro incierto

Para Llurel y muchos otros, el desalojo no termina hoy. Lo que comienza es un periodo de incertidumbre, de búsqueda de un techo, de reconstrucción de vidas fragmentadas. La ciudad sigue su ritmo, los coches volverán a pasar por el puente, las calles se limpiarán, pero ellos solo tienen lo que pueden empujar en sus carros.

Ocho años de vida en un asentamiento, quince en una ciudad que no siempre les ha recibido con los brazos abiertos, se reducen a maletas, carros y recuerdos que no caben en ellos. Llurel y su familia, como tantas otras, enfrentan ahora un futuro incierto, con la esperanza de sobrevivir y reconstruir lo que el desalojo dejó atrás.