Biblioteca del barrio de Roquetes en Barcelona
El mismo calor, dos veranos: así se vive agosto entre las calles vacías de Sarrià y los negocios abiertos de Roquetes
Mientras unos aprovechan el verano para marcharse y desconectar, otros mantienen su rutina y buscan alternativas para soportar las altas temperaturas sin aire acondicionado
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En Sarrià, el verano se reconoce en el silencio. Las persianas de los comercios permanecen bajadas y en algunas puertas los carteles anuncian que permanecerán cerrados durante el mes de agosto.
Apenas hay gente caminando por las calles. Alguna persona mayor vuelve a casa después de comprar el pan y, en las terrazas, las mesas vacías son más habituales que las ocupadas. De vez en cuando aparece algún turista. El barrio espera el regreso de sus vecinos.
El Mercat de Sarrià
En Roquetes y Torre Baró la imagen es diferente. Los negocios continúan abiertos, las terrazas tienen poca gente y en las plazas se ven personas mayores buscando los pocos espacios de sombra disponibles. Algunas familias pasan parte del día dentro de los establecimientos. El ritmo del barrio apenas cambia con la llegada de agosto.
En los dos lugares hace calor. Pero las posibilidades para pasar el verano y protegerse de las altas temperaturas no son las mismas.
Alternativas dentro del propio barrio
Joaquina, de 87 años, está sentada en un escalón cerca de una plaza de Roquetes. Este verano no ha salido del barrio para irse de vacaciones. Tampoco lo han hecho sus amigas. “No hay dinero, todo es muy caro”, explica. Para ella, pasar el verano significa buscar alternativas dentro del propio barrio.
Una vecina de Roquetes sentada en la sombra durante el mes de agosto
Cuando la biblioteca de Roquetes está abierta, bajan allí porque es el único sitio donde encuentran aire acondicionado. En casa solo tiene un ventilador y, durante los días de más calor, ha tenido que recurrir a trapos mojados con agua fría para intentar aliviar las temperaturas.
Algunas tardes, incluso, ella y sus amigas se sientan en una parada de autobús para hablar. No esperan ningún autobús: van porque allí “corría un poco más de aire”.
Falta de recursos para las personas mayores
Joaquina llegó a Barcelona desde Linares, en Jaén, cuando tenía 18 años. Junto a su marido, que falleció de cáncer, montó Casa Pepe, un bar del barrio en el que trabajó durante décadas junto a él y con la ayuda de sus hijos. Dejó de trabajar allí hace tres años. Ahora, cuando habla de su barrio, señala la -"falta de recursos y de espacios" para las personas mayores y los niños. “Se nota que es un barrio pobre”, afirma.
La plaza Roquetes en Nou Barris
Las opciones para salir tampoco son muchas. Algunas tardes queda con sus amigas para tomar algo en algún bar, aunque no es un plan que les guste demasiado. “Hay gente fumando, hablan muy fuerte y hace mucho calor”, explica.
Negocios cerrados y terrazas vacías
En Sarrià, a varios kilómetros, el problema de la falta de gente se percibe precisamente en los negocios cerrados y en las terrazas vacías. Roger, vecino del barrio de unos 40 años, cuenta que durante el verano “se nota mucho” que hay menos personas porque muchos vecinos se van de vacaciones o a sus segundas residencias.
Una calle de Sarriá durante el mes de agosto
Él ya ha regresado de sus vacaciones y ha aprovechado estos días para poner la casa en orden antes de volver al trabajo el lunes. También reconoce que ha pasado mucho calor en casa, pero cuenta que el aire acondicionado les ha ayudado durante las semanas más intensas. Además, durante las semanas de ola de calor no estaba en Barcelona: se había marchado al norte con su familia.
Con aire acondicionado y piscina
La experiencia de Lourdes, de 83 años, es similar. La vecina acaba de volver de comprar el pan y cuenta que ha pasado gran parte de julio y agosto en la Costa Brava, en una segunda residencia, junto a su familia.
Las olas de calor más fuertes las ha vivido allí, donde disponía de aire acondicionado y piscina. Ahora ha vuelto a Sarrià y espera que el barrio vaya recuperando poco a poco su actividad con el regreso a la rutina.
La ausencia de vecinos también condiciona la actividad comercial. Laura, dependienta de unos 55 años, ha cerrado su tienda prácticamente durante todo agosto y parte de julio. Lo hace desde hace años porque, según explica, “no merece la pena tener abierto por la poca gente que hay en el barrio”. Durante sus vacaciones ha viajado fuera de España con sus hijos y su marido.
"Para nosotros el término vacaciones no existe"
En Roquetes, cerrar un negocio durante el verano es una posibilidad mucho más difícil. Salma, vecina del barrio de unos 50 años, llegó a Barcelona desde Honduras en 2011 y en 2019 se hizo cargo de una panadería. Su verano transcurre detrás del mostrador. “Para nosotros el término vacaciones no existe”, explica. Ni ella ni buena parte de sus vecinos pueden permitirse unas vacaciones o cerrar sus negocios.
Panadería de Salma en Roquetes
Este verano, además, las altas temperaturas han complicado el funcionamiento de la panadería. Salma no tiene aire acondicionado ni en el establecimiento ni en casa porque, asegura, “es muy caro”. En su caso, la alternativa también son los ventiladores.
El calor ha afectado incluso a los productos. Cuenta que algunas neveras y congeladores han llegado a descongelarse debido a las altas temperaturas. Como consecuencia, ha tenido que reducir la cantidad de producto expuesto y eso también ha repercutido en las ventas porque, según explica, “la gente no lo ve”.
El empobrecimiento del barrio
Desde el mostrador también ha percibido otro cambio. Salma asegura que en los últimos “dos o tres años” ha notado que el barrio “se ha empobrecido mucho”. Cuenta que cada vez ve más personas que acuden a pedir ayuda a la tienda y que, mientras antes eran principalmente inmigrantes, ahora también lo hacen personas mayores del barrio.
La situación económica, dice, también se refleja en las compras. Pone como ejemplo al charcutero de al lado, que ha notado que los clientes “cada vez compran menos y menos cantidad”.
A mediados de agosto, mientras Sarrià espera el regreso de sus vecinos, en Roquetes los comercios continúan abiertos. La diferencia se ve en las calles, pero también dentro de las casas y de los establecimientos.
Cambia el barrio, cambian las condiciones
Allí donde unos pueden marcharse durante las semanas más calurosas, otros permanecen trabajando. Allí donde unos disponen de aire acondicionado, piscina o una segunda residencia, otros recurren a un ventilador, a una biblioteca o a una parada de autobús.
El calor no cambia según el barrio. Pero sí cambian las condiciones para afrontarlo.
Un termómetro marca 37ºC en plena ola de calor de verano
En Sarrià, Lourdes ha pasado las semanas más duras en la Costa Brava; Roger se marchó al norte durante las olas de calor y Laura pudo cerrar su negocio y viajar con su familia. En Roquetes, Joaquina ha buscado el aire acondicionado de la biblioteca y ha terminado sentada con sus amigas en una parada de autobús, mientras Salma mantiene abierta su panadería pese a unas temperaturas que incluso han afectado a sus congeladores.
El verano termina dejando dos imágenes distintas de Barcelona. En Sarrià, el silencio de un barrio que espera a quienes se han marchado. En Roquetes, las persianas levantadas de los negocios y las personas buscando sombra en las plazas. Dos formas de pasar agosto que muestran que, aunque el termómetro marque la misma temperatura, el calor no siempre se vive en las mismas condiciones.