Uno de los propósitos que todo el mundo promete cumplir a principios de año es el que comer más sano, e incluso algunos nos auto-convencemos de que vamos a perder unos cuantos ‘kilillos’ combinando una alimentación adecuada con el gimnasio. Sin duda la promesa que más personas han jurado que cumplirían este 2019 es el de comer limpio.

El clean eating es una nueva forma de nutrición que no permite comer nada que haya sido procesado. Los expertos que hablan sobre el tema aseguran que una alimentación limpia es la que se basa en comer productos que no estén manipulados y que no lleven conservantes y colorantes. Los amantes de este tipo de alimentación se prohíben tomar azúcar, sal, grasas saturadas, etc. Abogan por tomar mucho agua, cocinar con técnicas tradicionales y ser más conscientes de lo que ofrecemos a nuestro organismo.

Las personas que adaptan su alimentación al clean eating suelen tener problemas digestivos que les obligan a comer de la manera más natural posible, o quieren perder algo de peso. El problema viene cuando se obsesionan con “lo sano”, aunque no tengan que contar calorías, sino tener sentido común a la hora de elegir qué comer, algunos llegan a extremos enfermizos.

El problema viene cuando al querer mantener este estilo de vida no pueden disfrutar de tomar una copa en una noche de fiesta o de compartir un entrante en un restaurante. Aparcan la vida social, eliminan los alimentos más calóricos e incluso algunos alegan padecer intolerancias alimenticias sin que estas sean determinadas por un médico. Desde hace un tiempo los casos de ortorexia se han multiplicado en todo el mundo, aunque los especialistas no lo tienen nada fácil para realizar un diagnóstico, ya que la enfermedad todavía no ha sido reconocida como un trastorno mental

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