Croquetas de setas en una imagen de archivo
El nuevo restaurante de Barcelona que eleva la croqueta a la alta gastronomía : piezas de autor tamaño XL y productos de kilómetro 0
La idea es reinterpretar platos clásicos y guisos de cocción lenta, trasladándolos a una croqueta que conserve sabor, textura y complejidad
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En Barcelona no faltan croquetas, pero sí espacios que las conviertan en el centro absoluto del discurso gastronómico. Con esa idea acaba de abrir Croquetelle, un nuevo concepto ubicado frente a Casa Amàlia Port Vell, dentro del Time Out Market Barcelona.
Detrás del proyecto están Jordi Castán y Sergi Suaña, responsables también de Casa Amàlia, conocidos por su defensa del producto de proximidad y por una cocina que combina tradición y ambición gastronómica. En este caso, la apuesta es clara: llevar la croqueta a un territorio creativo y de alta calidad poco habitual en este formato.
Croquetas XL pensadas para compartir
En Croquetelle, el diminutivo es solo una ironía. Las piezas son croquetas de gran tamaño, casi formato XL, concebidas para compartir y servidas con distintos toppings según la receta.
Croqueta de pollo rustido
La idea es reinterpretar platos clásicos y guisos de cocción lenta, trasladándolos a una croqueta que conserve sabor, textura y complejidad. No se trata de un simple snack, sino de una elaboración gastronómica encapsulada en un bocado crujiente.
Producto de proximidad como eje
Una de las croquetas estrella es la de pollo de Mas Planeses, una finca de agricultura regenerativa, ligada a una bechamel elaborada con leche de cabra de la granja Armengol. Esta elección no es casual: la leche de cabra aporta un cuerpo y una textura distintos, alejados de la bechamel convencional.
El resultado es una croqueta cremosa, intensa y muy definida en sabor, donde el pollo se percibe con claridad y sin artificios. Una muestra de cómo el origen del producto condiciona el resultado final.
El mar y la tradición catalana, en versión croqueta
Otra de las elaboraciones más singulares es la de suquet de gamba roja km 0, elaborado con producto de la costa catalana. En cada bocado aparecen el crustáceo, el sofrito y el fumet de pescado de roca, trasladados fielmente al formato croqueta.
La tradición catalana también se expresa en la croqueta de escudella, que recrea sabores reconocibles como la pilota, la col y la butifarra, envueltos en una velouté, salsa madre francesa elaborada con caldo, en lugar de bechamel. La intención es clara: concentrar la Navidad en un solo bocado.
Opciones vegetarianas con identidad propia
La carta también piensa en los comensales vegetarianos, con dos propuestas bien definidas. Una es la croqueta de berenjena a la brasa con provolone y sirope de agave, que combina ahumados y dulzor.
Croquetas en una imagen de archivo
La otra es la llamada Popeye, una reinterpretación en formato croqueta del conocido buñuelo de espinacas de la casa. Ambas mantienen el mismo nivel de elaboración y protagonismo que las versiones cárnicas o marinas.
Una oferta pensada para el disfrute informal
El concepto se mueve bajo una premisa clara: finger food hecho con los fingers. Todas las croquetas se elaboran a mano, con rebozado de huevo líquido y panko, buscando ligereza y evitando un acabado pesado.
La oferta se completa con distintos bites y bocadillos, como el canelón de la casa, una receta centenaria de tres carnes asadas con bechamel, o un mollete relleno de burger de calamar de playa, miel y teriyaki de manzana.
Más allá de la croqueta
Entre las propuestas más sorprendentes figuran las bolas de carbonara, una elaboración que juega con referencias de la cocina italiana y japonesa, y que se presenta como un cruce inesperado entre tortilla, pasta y fritura.
Croquetelle completa su propuesta con un combo de cuatro croquetas XL por 18 euros, pensado para compartir y probar distintas recetas en una sola visita. Un formato informal que, sin embargo, mantiene una clara ambición gastronómica.