Arroz con pollo / Pinterest

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Gastro

Los expertos coinciden: “Para que el arroz blanco quede perfecto, no lo cuezas con agua, usa 3 ajos, 2 hojas de laurel y caldo casero”

La clave de un buen arroz está en el proceso de cocción que es donde el grano absorbe el aroma

Los expertos coinciden: “Para que los calabacines queden más sabrosos y saludables no lo frías, usa caldo de pollo y 4 dientes de ajo”

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En España, el arroz blanco suele ser el "plato de hospital" o el acompañamiento aburrido de última hora. Se caracteriza por ser suelto, tierno y con un sabor neutro. Además, es supersencillo de preparar con aceite y ajo, seguido de una cocción con agua.

Cocinar un arroz no es difícil, pero seguro que en más de una ocasión se te ha pegado e incluso se te ha pasado. Es un plato que no deja pasar ni un despiste porque te lo arruina a la primera de cambio. Por ello, conseguir que el arroz esté perfecto es una tortura para muchos.

El truco de Ferran Adrià

No obstante, el chef catalán Ferran Adrià tiene la clave en un truco sencillo y lejos de añadir ingredientes fuera de lugar como el limón o aceite. Para el catalán no hay un método más fácil que el que él emplea: “Introducir el arroz en agua fría y dejarlo reposar durante al menos 30 minutos antes de cocerlo”.

Esto es porque el grano absorberá cantidad de agua, lo que le proporciona mayor suavidad y tamaño. Además, eliminará el almidón del arroz, que es lo que provoca que se pegue.

“El arroz no es como la pasta, que se escurre y ya está. Hay que controlarlo hasta el final, mantener el fuego justo, tapar si hace falta y, sobre todo, no remover en exceso, porque eso libera almidón y puede hacer que se apelmace”, explica.

La clave: el caldo

Los grandes chefs tienen claro que preparar un buen arroz blanco tiene sus secretos. Y uno de los trucos en los que más coinciden es tan sencillo como importante: en lugar de cocinarlo únicamente con agua, recomiendan hacerlo con caldo.

La razón está en la propia naturaleza del arroz, que absorbe buena parte del líquido durante la cocción. Si se utiliza agua, el resultado puede quedar más plano; en cambio, al emplear un caldo sabroso y aromático, los granos absorben también todos esos matices, consiguiendo un resultado mucho más sabroso.

Para poner en práctica este truco, comienza pelando tres dientes de ajo y dóralos ligeramente en una cazuela con un chorrito de aceite de oliva. Después, incorpora dos hojas de laurel y el arroz, preferiblemente de variedad redonda. Remueve durante aproximadamente un minuto para que los granos se impregnen bien de los aromas antes de añadir el caldo caliente.

A partir de aquí, también hay pequeños trucos que pueden marcar la diferencia. Algunos cocineros apuestan por incorporar una pequeña cantidad de mantequilla al final de la cocción, lo que aporta una textura más cremosa y untuosa. Para quienes prefieren un resultado más tradicional, un chorrito de aceite de oliva es suficiente.

Después de unos 18 minutos de cocción a fuego medio, deja reposar el arroz durante cinco minutos. Antes de servir, retira los ajos y las hojas de laurel.

Con unos sencillos cambios, un plato tan cotidiano como el arroz blanco puede convertirse en un acompañamiento mucho más aromático y sabroso, de esos que desaparecen del plato en cuestión de minutos.