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En lo alto de Gelida, rodeada de viñedos bañados por la bruma matinal del Penedès, la masía de Ernestina Torelló Llopart se erige como un testigo silencioso de la historia.

Normalmente, las noches allí son tranquilas, interrumpidas solo por el paso habitual de los trenes de Rodalies. Pero este martes 20 de enero, un estruendo inesperado rompió la calma: el sonido de un choque violento que Ernestina, de 84 años, pensó que provenía de un camión, despertó todas sus alarmas.

Rápidamente, la vecina llamó a los servicios de emergencia. No tardaron en llegar ambulancias y equipos de rescate, mientras ella comprendía la magnitud del suceso: un tren de la R4 había descarrilado cerca de su casa. La noticia era devastadora, y la necesidad de actuar inmediata.

Una masía abierta al caos

Sin dudarlo, Ernestina abrió las puertas de su hogar. Durante horas, su masía se transformó en un refugio improvisado. "Acogí a unas 70 personas. Estaban muy asustados, solo querían beber agua y llamar a sus familiares", relata a este medio.

Los pasajeros, conmocionados por la violencia del accidente, encontraron en aquella casa histórica un espacio seguro donde recomponerse, mientras los equipos de Bomberos de la Generalitat trabajaban en el rescate y la inspección de la vía.

Ernestina se movía entre los afectados, ofreciendo agua, mantas y consuelo. Su intervención fue clave para los servicios sanitarios, un gesto que el jefe de Bomberos reconoció públicamente en rueda de prensa, destacando la importancia de su ayuda en los primeros momentos tras la tragedia.

La historia de una familia centenaria

Detrás de la vecina solidaria está la presidenta de la histórica bodega Torelló, un apellido vinculado al viñedo catalán desde hace 22 generaciones.

Este año, la familia celebra el 75 aniversario de su primer espumoso, un hito que refleja siglos de tradición y compromiso con la tierra. La bodega forma parte de Corpinnat, la marca colectiva de 19 productores de vino espumoso de alta calidad del Penedès, reconocida por su rigor y excelencia.

Eernestina, vecina y testigo del descarrilamiento de Gelida GALA ESPÍN Barcelona

Una tragedia inesperada

Sobre el estado del muro de contención que colapsó y provocó el descarrilamiento, Ernestina asegura que no había señales de peligro: "Estaba en buen estado. Hay técnicos de Adif constantemente en la zona por una obra cercana", explica.

Su testimonio aporta un matiz humano y cercano a una catástrofe que aún está bajo investigación, recordando que incluso en medio del desastre, la vida cotidiana y la seguridad percibida pueden engañar hasta el último momento.

Mientras Gelida amanece bajo la niebla, la masía de Ernestina sigue siendo un símbolo de solidaridad y humanidad. En un municipio marcado por la tragedia ferroviaria, su casa se convirtió en un faro de calma, un lugar donde 70 pasajeros pudieron sentirse, aunque fuera por unas horas, a salvo.

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