Fotografías del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo

Fotografías del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo Cedida

Gran Barcelona

Un vecino de L'Hospitalet recupera su piso: "La inquiokupa realquilaba habitaciones y ha destrozado la vivienda"

Durante más de dos años, la inquilina residió sin pagar el alquiler junto a su pareja, su hija y un perro que apenas salía y hacía sus necesidades dentro del apartamento

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El tormento de Jordi y su mujer ha llegado a su fin. Tras más de dos años de impagos e incertidumbre, ha podido recuperar su piso en Santa Eulàlia, L’Hospitalet de Llobregat, aunque con perjuicios.

“El parquet está sucio y dañado. La inquiokupa también ha tirado algunos muebles, pero al menos ya lo tenemos”, afirma.

Las fotografías hablan por sí mismas: arañazos, madera arrancada, manchas negras… Todo para un piso que entregaron solidariamente a la bolsa de mediación de alquiler social de L’Hospitalet.

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo Cedida

“Nosotros nunca hemos querido especular con la vivienda”, explica el propietario en una entrevista con Metrópoli.

Por debajo de precio de mercado

La joven pareja compró el apartamento en 2003, donde residió hasta 2010, cuando falleció el padre de Jordi. Aquel mismo año, decidieron mudarse al piso de la madre, en el Eixample de Barcelona, y pusieron el de l’Hospitalet en alquiler.

Durante diez años, formaron parte del programa de alquiler asequible, hasta que en 2020 el inquilino que residía entonces se mudó al barrio de El Carmel.

Era plena pandemia cuando Jordi le propuso a la cuidadora de su madre que se quedara con el piso, ya que en ese momento vivía en una sola habitación en el barrio de La Torrassa junto a su hijo, la novia de este --que más adelante se convertiría en la inquiokupa-- y la hija que ambos tenían en común.

La inquiokupa que estuvo residiendo en el piso de L'Hospitalet de Jordi sin abonar mensualidades

La inquiokupa que estuvo residiendo en el piso de L'Hospitalet de Jordi sin abonar mensualidades Cedida

La familia aceptó mudarse. “Es un apartamento con tres habitaciones, dos baños, calefacción, aire acondicionado y ya amueblado. Les dijimos que se lo ofrecíamos por el mismo precio que el anterior inquilino, 700 euros”, narra Jordi.

El inicio del conflicto

El conflicto empezó en diciembre de 2023, cuando el propietario se enteró de que la novia del hijo de la cuidadora les había echado del piso y se lo había quedado para ella sola.

“No contestaba al teléfono ni a los mensajes. Le dije que le daba un tiempo para encontrar trabajo, hasta abril, porque el primer mes que se quedó sola ya no me pagó. También le pedí que dejara a sus familiares recuperar las cosas”, recuerda Jordi.

Sin embargo, la ya inquiokupa empezó a abonar las mensualidades únicamente si recibía un burofax por parte del propietario.

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo Cedida

Subarrendamientos

Durante este tiempo, la mujer se trajo al piso a su nueva pareja y un perro al que apenas sacaban a pasear. En consecuencia, el animal hacía sus necesidades en el balcón o sobre el parquet.

Asimismo, el propietario averiguó a través de los vecinos de la finca que la inquiokupa había realquilado las habitaciones libres a familiares a cambio de que cuidaran a la hija durante el día.

Por otro lado, tanto la inquilina como su nueva pareja encontraron trabajo y cobraban, según sospecha Jordi, más de 2.000 euros al mes.

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo Cedida

Al llegar abril, la mujer le llamó y le exigió quedarse en el apartamento hasta mayo de 2025, cuando finalizaba formalmente el contrato de cinco años.

El hombre, cansado, aceptó, aunque le avisó que no le renovaría el contrato.

La demanda

Al no abonar las mensualidades, Jordi terminó demandando a la inquilina el año pasado. Un proceso judicial que por fin ha terminado este febrero, con un final agridulce.

Después de un largo proceso, la abogada de la inquilina ha llegado a un acuerdo con la propiedad y los ocupantes abandonaron el apartamento.

Renovación

Jordi explica que el primer día que entraron en la vivienda no se podía respirar. “El parquet entero se tiene que tirar. Las manchas negras del suelo son la orina del perro…”, señala.

Además, la inquiokupa le ha arrancado los marcos de las puertas. Hay rasgaduras en las puertas, los pomos y las paredes, pintadas y destrozos por todo el mobiliario, incluidos el lavavajillas o los colchones.

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo

Fotografía del piso de Jordi en L'Hospitalet tras recuperarlo Cedida

Lo hemos vaciado entero y ahora estamos pintando y cambiando el parquet”, explica Jordi.

Después de esta traumática experiencia, que les ha dejado secuelas psicológicas por la ansiedad de los últimos años, Jordi asegura que todavía no saben qué van a hacer con el piso.