Retrato de Ana Caban en el interior de tu atelier en Tiana BARCELONA
Anna Cabané, la diseñadora de vestidos de novia de alta costura que resiste en Tiana: "Es una pena inspirarse en lo que se ve en las redes sociales"
La emprendedora, que dirige un atelier de moda nupcial, reivindica el valor de la artesanía, alerta de la falta de relevo generacional y defiende una forma de crear donde cada vestido nace desde cero
Te puede interesar: El Tío Che, la horchatería que resiste al paso del tiempo en Poblenou, prepara el relevo generacional: "No vamos a perder nunca la identidad del barrio"
Noticias relacionadas
En el atelier de Anna Cabané, en Tiana, el tiempo parece seguir otro ritmo. Sobre una gran mesa de trabajo se acumulan patrones de papel, retales de seda, cintas métricas y tijeras. Alrededor, varias máquinas de coser esperan la siguiente puntada mientras los maniquíes sostienen vestidos de novia a medio terminar.
Diferentes telas del atelier de Anna Cabané BARCELONA
No hay estanterías repletas de modelos iguales ni una producción marcada por temporadas. Aquí cada vestido empieza desde cero y puede tardar meses en completarse.
Es un espacio silencioso, donde las decisiones se toman despacio. Primero se escucha. Después se dibuja. Más tarde llegan el patrón, el corte, las pruebas y las modificaciones. Todo sucede a mano. Es la forma de trabajar que Anna aprendió hace más de tres décadas y la que sigue defendiendo hoy, en un momento en el que siente que el oficio artesanal lucha por sobrevivir.
Una vida ligada a la costura
La moda nunca fue un plan B. Ni siquiera una decisión meditada. Llegó mucho antes de que supiera coser.
De pequeña llenaba cuadernos enteros de dibujos y diseñaba vestidos para sus muñecas Nancy. Las visitas a casa de unas tías, que habían sido modistas, terminaron de despertar una vocación que ya intuía. Ver aquellas máquinas de coser era suficiente para imaginar su futuro: "Cada vez que iba decía: 'Yo quiero hacer esto'", asegura en conversación con Metrópoli.
Anna Cabané junto a la estudiante en prácticas Laura del Olmo BARCELONA
Cuando llegó el momento de estudiar, las escuelas de diseño eran pocas y todo el aprendizaje pasaba por las manos. No existían los programas informáticos que hoy forman parte del día a día de cualquier diseñador. Los patrones se dibujaban a mano y cada ejercicio exigía horas de trabajo. Esa forma de aprender, reconoce, marcó para siempre su manera de entender la profesión.
Tras trabajar para varios talleres especializados en moda nupcial, hacer una pausa para ayudar en el negocio familiar y volver a formarse, decidió abrir su propio atelier. Lo hizo sin apenas recursos, con préstamos y mucho vértigo, pero convencida de que era el momento de intentarlo.
El valor de hacer las cosas despacio
En su taller no existen las citas rápidas. Cada novia pasa cerca de dos horas hablando con ella antes de que aparezca el primer boceto. No busca únicamente saber qué vestido le gusta, sino entender quién es esa persona.
Durante la conversación observa cómo habla, cómo gesticula o cómo se mueve. También pregunta por el tipo de ceremonia, el lugar de la boda o la historia que hay detrás de la pareja. Todo suma a la hora de diseñar un vestido que, insiste, solo puede pertenecer a esa mujer.
Anna Cabané trabajando en su taller de Tiana BARCELONA
Después comienza un proceso que puede durar casi un año. Cada pieza se construye desde un patrón exclusivo, se confecciona íntegramente en el taller y pasa por varias pruebas antes de darse por terminada. "La gente cree que es muy fácil. Es muy difícil", resume.
Quizá por eso, después de tantos años, sigue emocionándose cuando una novia se prueba el vestido por última vez. Dice que ese instante, cuando ambas se miran al espejo y comprueban que todo ha salido como imaginaban, sigue siendo el mejor premio de la profesión.
"Nos estamos olvidando de los oficios"
Aunque habla con pasión de los vestidos, la conversación acaba derivando inevitablemente hacia otro tema: el futuro de la artesanía.
Anna cree que el problema va mucho más allá de la moda nupcial. A su juicio, España ha dejado de cuidar unos oficios que forman parte de su patrimonio. Habla de costureros, zapateros, artesanos del cuero o encajeras como profesionales imprescindibles que, sin embargo, sobreviven con dificultades. "No está valorado", lamenta.
Bocetos de diseños en el atelier de Anna Cabané BARCELONA
Para ella, el auge del fast fashion ha cambiado la forma en la que se consume la ropa. Se busca rapidez, inmediatez y precios bajos, pero pocas veces se piensa en las horas de trabajo que hay detrás de una prenda hecha a mano. Un vestido como los que salen de su taller no solo requiere materiales de calidad; también concentra años de experiencia, conocimiento técnico y decenas de horas de trabajo invisible.
Considera que ese valor se ha ido perdiendo y echa en falta una "apuesta más decidida" por parte de las instituciones para proteger estos oficios antes de que desaparezcan.
Sin relevo generacional
Lo que más le preocupa no es la competencia ni las tendencias. Es no saber quién hará este trabajo dentro de veinte años.
Durante los últimos años ha recibido estudiantes en prácticas y asegura que cada vez encuentra menos jóvenes dispuestos a dedicar el tiempo que exige aprender el oficio. No habla de falta de talento, sino de paciencia. Cree que vivimos en una sociedad acostumbrada a obtener resultados inmediatos, mientras que la costura artesanal requiere justo lo contrario: equivocarse, repetir y volver a empezar.
Maniquí con un vestido de Anna Cabané BARCELONA
Ella misma recuerda que pasó fines de semana enteros probando patrones o desmontando prendas simplemente para entender cómo estaban construidas. Esa curiosidad, dice, es la que echa de menos.
También lamenta que muchas ideas nazcan hoy delante de una pantalla. Frente a la inspiración rápida a través de vídeos virales, reivindica los museos, el cine, el teatro o los viajes como la verdadera fuente de creatividad. "Es una pena que las ideas nazcan por las redes sociales, lo mejor es el lienzo en blanco y tu imaginación", asegura.
Mucho más que un vestido
Después de casi diez años al frente de su atelier, Anna tiene claro que el mayor éxito no ha sido crecer, sino mantenerse. Seguir haciendo las cosas como cree que deben hacerse, incluso cuando el mercado empuja en la dirección contraria.
Una de las habitaciones del atelier de Anna Cabané BARCELONA
Mientras habla, una de las costureras vuelve a sentarse frente a la máquina de coser. Sobre la mesa espera el siguiente vestido. Otro patrón. Otra historia distinta.
Porque, para Anna, la diferencia entre una prenda cualquiera y una hecha a mano no está únicamente en el tejido o en el corte. Está en todo lo que no se ve: el tiempo, el oficio y la convicción de que todavía hay cosas que merecen hacerse despacio. Y, sobre todo, en una idea que resume su forma de entender la moda: las prendas, igual que las personas, necesitan alma.