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La transformación que vivió Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992 no se limitó a las instalaciones deportivas o a la fachada marítima. También obligó a repensar cómo se movían los ciudadanos y visitantes por la ciudad y su área metropolitana.

El transporte público se convirtió en una de las grandes piezas de aquella transformación, con nuevas infraestructuras y mejoras que marcaron un antes y un después en la red de metro.

La selección de waterpolo en los Juegos Olímpicos de 1992

Uno de los cambios más importantes llegó pocos meses antes de los Juegos, cuando la Línea 1 del metro alcanzó Santa Coloma de Gramenet. La ampliación supuso algo más que la llegada del suburbano a un nuevo municipio: la estación de Fondo, inaugurada en febrero de 1992, incorporó varias soluciones técnicas que hasta entonces no estaban presentes en la red.

Fondo, la primera estación "tecnológica" del metro

La estación de Fondo se convirtió en una especie de laboratorio para introducir nuevas tecnologías en el funcionamiento del metro barcelonés. Entre sus principales novedades estaban las escaleras mecánicas con circuitos economizadores de energía, que incorporaban semáforos para indicar su estado.

También se instaló un tablero de mando centralizado en la cabina del jefe de estación. Desde este punto era posible controlar diferentes elementos relacionados con el funcionamiento de las instalaciones, como el alcantarillado, la ventilación y el agotamiento.

Las obras de la estación Ciutadella / Vila Olímpica (L4) antes de los Juegos Olímpicos Archivo TMB

La llegada de la Línea 1 a Santa Coloma también tenía un importante componente metropolitano. La red dejaba atrás los límites de Barcelona y reforzaba la conexión entre la capital y los municipios de su entorno justo en el momento en que la ciudad se preparaba para recibir a miles de visitantes durante los Juegos.

El transporte público, una pieza clave para los Juegos

La elección de Barcelona como sede olímpica en 1986 planteó un reto que iba mucho más allá de organizar las competiciones. La ciudad tenía que ser capaz de mover a un gran número de personas durante un periodo de enorme actividad, y el Ayuntamiento apostó por reducir el protagonismo del vehículo privado.

El Plan de Movilidad Olímpica situó el transporte público en el centro de la estrategia. Para TMB, esto significó afrontar una importante modernización de sus infraestructuras y preparar la red para responder a las necesidades de una Barcelona que aspiraba a convertirse en una capital internacional.

Las estaciones que tuvieron que cambiar antes del 92

La renovación no se limitó a construir nuevas estaciones. Algunos de los puntos más importantes de la red tuvieron que adaptarse para responder a las nuevas necesidades de movilidad que planteaban los Juegos Olímpicos.

Uno de los casos más destacados fue Ciutadella, en la Línea 4. Las obras de construcción de la nueva Ronda Litoral y el soterramiento de las vías de Renfe hicieron necesario reforzar la estructura superior de la estación. La intervención tuvo un coste de 453 millones de pesetas, equivalentes a unos 2,7 millones de euros.

Más accesos y mejoras en Ciutadella

La actuación permitió aprovechar las obras para introducir diferentes mejoras en la estación. Se construyeron nuevos accesos hacia la avenida Icaria y se actuó sobre elementos como la ventilación, la iluminación y las instalaciones de peaje.

Ciutadella no fue la única estación que recibió mejoras. También se actuó en otros puntos considerados estratégicos para la movilidad durante los Juegos, entre ellos Espanya, en la Línea 1, por su importancia para acceder al Anillo Olímpico.

De Ciutadella a Ciutadella Vila Olímpica

La propia estación de Ciutadella adquirió además un nuevo significado durante aquel periodo. En 1992, coincidiendo con la celebración de los Juegos, pasó a incorporar la denominación "Vila Olímpica", reflejando su papel como uno de los accesos a la zona que concentraba buena parte de la actividad olímpica.

Vista de la Vila Olímpica de Barcelona / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

La remodelación de las estaciones y la llegada del metro a nuevos municipios formaron parte de una transformación más amplia de la red. La Barcelona olímpica necesitaba un sistema de transporte capaz de asumir el enorme movimiento de personas que generaría el acontecimiento y, al mismo tiempo, dejar una infraestructura útil para los años posteriores.

La llegada de la Línea 1 a Santa Coloma y la apertura de Fondo quedaron así vinculadas a uno de los momentos de mayor transformación del metro barcelonés. Aquella estación incorporó soluciones que entonces eran novedosas y se convirtió en uno de los primeros ejemplos de la apuesta por introducir tecnología y sistemas de control más avanzados en la red.

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