El debate sobre la movilidad en Barcelona sube de tono. Vecinos y conductores están molestos con las actuales restricciones del gobierno municipal que lideran Ada Colau Jaume Collboni. La clase económica también discrepa y muchos comercios lamentan la política de hechos consumados que activó la alcaldesa en plena pandemia por el impacto negativo en sus negocios. El pinta y colorea de las calles del Eixample no encaja con la reputación de Barcelona como capital del diseño. Tampoco la colocación de bolardos y bloques de hormigón en los espacios ganados para el peatón. No gusta su estética y aumenta la percepción de que son inseguros y peligrosos.

Los bloques de hormigón están bajo sospecha. Tras una denuncia de Daniel Vosseler, abogado y líder de la plataforma Barcelona ets tu, la Fiscalía de Barcelona ha abierto diligencias para investigar un posible delito contra la seguridad vial. Colau, no obstante, insiste en que no contempla su retirada. Cuando le preguntan por su peligrosidad para los vehículos privados, recuerda a las víctimas por la contaminación y por accidentes de circulación en la capital catalana.

LA GRAN CHAPUZA

El PSC asume los principios de Colau, pero no se encuentra cómodo con algunos postulados y, menos aún, con sus formas. Rosa Alarcón, la concejal de Movilidad, es partidaria de amplios consensos y de repensar las restricciones del centro de la ciudad. El futuro de los bloques de hormigón está en juego y una persona que históricamente sintonizaba con los socialistas, el diseñador Javier Mariscal, los califica como “la chapuza más grande del siglo”. En la ciudad poco queda ya del Barcelona posa’t guapa de los Juegos Olímpicos.

Bloques de hormigón, muy cerca de la calzada, en una calle de Barcelona / ARCHIVO



Andrés Luis Romera Zarza, ingeniero y auditor de seguridad vial, recuerda que un bolardo "es un poste de baja altura, fabricado en piedra o metal", dependiendo de su finalidad. Pueden ser de aluminio fundido, acero inoxidable o hierro. Y, por lo general, se ancla al suelo para impedir el paso de vehículos a zonas peatonales. Los bolardos impiden el acceso de los vehículos a la acera y el aparcamiento en ella.

Los bloques de hormigón son elementos normalmente en forma de paralelepípedo y están construidos con hormigón en masa o amardo. En Barcelona se utilizan como bancos para el descanso de los peatones y están colocados íntegramente en las aceras. Suelen tener un metro de ancho, 50 centímetros de altura y una longitud de dos metros. Su peso aproximado es de dos toneladas y media. Si se colocan en la calzada de circulación, se deben proteger con un sistema de contención de vehículos que generalmente suele ser una barrera metálica de seguridad. También deberían estar dotados de sistemasde protección de motristas. “El impacto de una moto o una bicicleta sobre estos bloques puede ser mortal. Si fueran de goma-espuma, en cambio, no pasaría nada”, expone Romera Zarza.

RESPONSABILIDADES PENALES

Romera Zarza, preocupado por la agresividad de estos elementos cerca de la calzada, pide a Colau que no se ponga “el traje de técnica cuando habla de los bloques de hormigón en Barcelona” y le recuerda que un posible accidente podría acarrearle responsabilidades penales.

Juan Carlos Toribio, presidente y director del departamento de seguridad vial de la Unión Internacional para la Defensa de los Motoristas (UMI), también se ha significado en la lucha contra la colocación de estos elementos disuasorios en las grandes ciudades. Actualmente trabaja para el Ayuntamiento de Fraga y lidera el cambio de los bolardos en esta población de Huesca.

LEGALES PERO PELIGROSOS

Toribio afirma que “Colau actuó correctamente” al pintar la calzada y, posteriormente, colocar los bloques de hormigón. “En las acera se pueden poner terrazas, farolas, bancos, bolardos… Estos bloques son legales, pero también son peligrosos y conviene separarlos al máximo de la circulación”, esgrime el responsable de la UMI. El elemento de mayor agresividad, no obstante, son las farolas.

Juan Carlos Toribio posa junto a su moto, en la calle París de Barcelona / LENA PRIETO



Los bolardos y bloques de hormigón, recuerda Toribio, tienen cuatro objetivos fundamentales en el tráfico y en el entorno de la calzada: “limitan físicamente los espacios y su distribución, impiden el estacionamiento sobre zonas peatonales, pueden impedir la invasión de vehículos en zona peatonal por accidente con trayectoria de salida y facilitan la percepción de velocidad”.

BOLARDOS DEFORMABLES

Motorista vocacional y experto en seguridad vial, pide una revisión inmediata de estos elementos en las calzadas de Barcelona. “Estos bloques, a menos de que sean deformables a baja energía de impacto, pueden ocasionar un incremento de daños y lesión en caso de siniestro. En Fraga, explica, han cambiado los antiguos bolardos por otros bolardos flexibles que cumplen con las normativas técnicas de carretera, no de acera.

Entre los ciclistas no existe la misma unanimidad. Las quejas, a título individual, de algunos usuarios contrastan con la opinión de Albert Garcia, portavoz de Amics de la Bici. Él defiende la colocación de estos bloques de hormigón para pacificar las calles del Eixample.

FANATISMO Y TECNICISMO

“Tenemos que abandonar el fanatismo y centrarnos en el tecnicismo”, pide García. “Estos bloques no son un peligro para los ciclistas. Para nosotros son mucho más peligrosos los coches y las motos. Si un motorista circula a 30 kilómetros por hora, dudo que se caiga. Y en caso de hacerlo, los daños serán mínimos. En las calles pacificadas se tiene que circular despacio”, agrega.

Ciclistas circulando por el paseo de Sant Joan, en Barcelona / ARCHIVO



El portavoz de Amics de la Bici insiste en que la asociación “no pide la retirada de los bloques de hormigón” ni su recolocación. “Están bien situados. Si los desplazáramos hacia los edificios, en el espacio ganado aparcarían los coches. Si los peatones no pasean por estos espacios es porque hay demasiados vehículos estacionados que impide su paso”, manifiesta Garcia, partidario de que la Guardia Urbana incremente el número de agentes que circulan en bicicleta por Barcelona.

LA OPOSICIÓN, MUY CRÍTICA

Los partidos de la oposición, con la excepción de ERC, se muestran muy críticos con las políticas de movilidad de Colau. Acusan a la alcaldesa de poner patas arriba Barcelona por priorizar sus postulados dogmáticos. Las calles pintadas y la colocación de bloques de hormigón suscitan mucho rechazo entre los partidarios de una convivencia tranquila entre vehículos privados o compartidos y peatones.

“En los planes de movilidad hay mucha improvisación. El problema de fondo es que estas medidas tienen un único objetivo: la expulsión del vehículo privado”, dice Celestino Corbacho, concejal de Ciutadans. El ex alcalde de L’Hospitalet de Llobregat sostiene que los bloques de hormigón “son peligrosos para la seguridad y entorpecen la circulación ordinaria”. “Introducen el caos y son muy peligrosos para las motocicletas y los vehículos más vulnerables”, añade.

LA BARCELONA METROPOLITANA DE CORBACHO

Corbacho pide al gobierno municipal que “retire los obstáculos de hormigón y reordenen la ciudad”. “El urbanismo, ante todo, es ordenación. Barcelona se debe concebir como una ciudad de cinco millones de habitantes, no de 1,6 millones. Hay una realidad metropolitana muy amplia que aconseja no cambiar la movilidad de la noche a la mañana. Y el vehículo privado es una necesidad para la movilidad”, insiste.

Jordi Martí, concejal de Junts per Catalunya, posa durante una entrevista a Metrópoli Abierta / LENA PRIETO



Jordi Martí, concejal y portavoz de Junts per Catalunya en el Ayuntamiento de Barcelona, lamenta que el “gobierno municipal ha introducido cambios en la movilidad de la ciudad sin diálogo”. “La suya ha sido una política de hechos consumados. Hay muchos sectores descontentos, pero tengo mis dudas de que retiren los bloques de hormigón porque son muy prepotentes. No creo que rectifiquen si no les obligan de manera ejecutiva”, remarcó Martí en una entrevista que recientemente concedió a Metrópoli Abierta.

EL PP CRITICA AL GOBIERNO

Óscar Ramírez, concejal del PP que habitualmente se desplaza en moto por Barcelona, también se ha significado en su rechazo a las actuales políticas de movilidad activadas por el gobierno de Colau y Collboni. En la misma línea que Martí, desliza que “el gobierno municipal ha aprovechado la pandemia para imponer su modelo de movilidad, sin consultar con nadie”.

Ramírez argumenta que los bloques de hormigón no son ilegales pero recuerda que no están regulados para su uso en la vía pública. “Queremos que se eliminen estos bloques y los cojines berlineses, tan peligrosos para las bicicletas”, recalca el concejal del PP, muy crítico con las transformaciones de algunas calles como Consell de Cent, Girona y Rocafort. Considera que, en poco tiempo, “la vía pública no podrá absorber toda la circulación”. “El gran problema es que en Barcelona se ha hecho una política de movilidad sustentada en la ideología, no por informes técnicos”, sentencia.

PARERA Y LA FISCALÍA

Eva Parera, concejal de Barcelona pel Canvi, esgrime que “las modificaciones introducidas en la movilidad durante la pandemia generan problemas y confusión porque se han hecho sin un plan y sin consenso”. “Se han hecho deprisa y con nocturnidad. Y los bloques de hormigón son peligrosos. No se ha estudiado el impacto en la seguridad e integridad física de los peatones y los conductores”, aduce.

Eva Parera posa en un parque de Barcelona / LENA PRIETO



Parera, asimismo, recuerda que “se han abierto diligencias por parte de la Fiscalía de Barcelona para investigar un posible delito contra la seguridad vial”.

ERC DEFIENDE A COLAU

ERC, como en otros asuntos (okupación, por ejemplo), se desmarca de las críticas de los otros partidos de la oposición. Max Zañartu, concejal de movilidad de los republicanos, esgrime: “ERC no ve que los bloques de hormigón recientemente instalados por el gobierno municipal como un elemento peligroso para los motoristas, teniendo en cuenta que la velocidad máxima permitida en estas calles es de 30 kilómetros por hora”.

Los republicanos, no obstante, asumen que el gobierno de Colau y Collboni podía haber utilizado elementos “más amables o menos agresivos” para evitar la invesión del espacio para los peatones por parte de los vehículos privados.

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