Es lunes y hay huelga en el metro. Normal. En la Barcelona de Colau nada es excepcional. Las malas noticias son ya norma habitual y los usuarios del transporte soportan con estoicismo otra jornada de colas, apretujones y retrasos. Les repiten una y mil veces que el transporte público es la solución para frenar la contaminación, pero se sienten indefensos ante la pasividad de TMB y las autoridades locales. El malestar con Colau sube de tono.

COLAS Y EMPUJONES

Colau nos toma el pelo. No quiere saber nada de la huelga porque no quiere enfrentarse a los trabajadores. Estamos en campaña electoral y aquí nadie mueve un dedo”, lamenta Carlos, un usuario del suburbano barcelonés. “Estamos tan habituados que ya ni protestamos”, añade.

Cartel informativo de la jornada de huelga



En el andén de la línea amarilla de Maragall, Òscar se lo toma con resignación: “Es cuestión de salir 10 minutos antes y prepararse para un desplazamiento incómodo”. Lupe, por su parte, añade: “Es una vergüenza. Nosotros vamos como sardinas y los políticos ni se dignan a bajar al metro”.

En Maragall, los convoyes del metro ya van llenos. En otras estaciones, las colas y los empujones son peores. En La Sagrera y Sagrada Família, las esperas son eternas. La seguridad del metro retiene a los pasajeros para evitar grandes aglomeraciones. En Catalunya y Urquinaona, también hay mucho movimiento.

CAOS EN LA L5

Los usuarios de la línea 5 han vivido un auténtico caos para llevar a cabo sus desplazamientos en hora punta. "He esperado el metro casi 10 minutos y hay gente que ni hay entrado", explica Nil, estudiante de sociología de la UAB. "Y aún me queda coger los FGC...", lamenta desde la parada de Diagonal.

Colapso en el andén de Diagonal (L5)



Alberto, indignado, coge cada día la línea azul para desplazarse hasta la estación de Sants, donde hace transbordo al R1 de Rodalies por trabajo. "Esto ya cansa, pero buneo, el domingo hay elecciones, habrá que decir algo", indica. De la misma manera, Camila explica que ha tenido que "esperar dos metros" desde la estación de Collblanc para, posteriormente, hacer transbordo a la L3.

Carla, estudiante de enfermería que está realizando sus prácticas en el hospital de la Vall d'Hebrón, afirma a bordo del metro que ha tenido que "esperar 4 minutos desde Cornellà", pero no ha podido subirse a un metro anteriormente porque estaba "reservado". "He tenido que esperar más porque había un metro reservado que no admitía pasaje por transporte escolar, explica sorprendida.

COLAPSO DE MOVILIDAD

La jornada de huelga ha provocado que algunos usuarios sustituyan el metro por el autobús o el tranvía en sus desplazamientos matinales, lo que ha provocado auténticas aglomeraciones en los transportes públicos de la capital catalana.

Con todo, esta situación representa tan solo el inicio de una jornada en la que los intervalos de paso volverán a verse reducidos, lo que supondrá esperas que llegarán a sobrepasar los 60 minutos en algunas franjas horarias.

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