El avance implacable de las obras del tramo central de la línea 9 (L9) del metro de Barcelona vuelve a exigir un esfuerzo de paciencia y adaptación a los conductores de la capital catalana.
Este próximo fin de semana, los incesantes trabajos de perforación y consolidación en el subsuelo obligarán a implementar alteraciones de gran calado en la movilidad de una de las arterias más transitadas de la zona alta de la ciudad.
La ronda del Guinardó se prepara para afrontar cortes totales y una inminente reordenación viaria que transformará la fisonomía de la calle para dar el empujón definitivo a la futura estación de Guinardó - Sant Pau, un nodo que será clave para la red de transporte metropolitano.
Un domingo sin circulación en sentido Llobregat
La primera gran afectación directa sobre el asfalto se producirá este mismo domingo, 29 de marzo, jornada en la que la ronda del Guinardó quedará completamente sellada al paso de vehículos en sentido Llobregat. Las autoridades municipales han detallado que este corte perimetral se extenderá de forma ininterrumpida desde la confluencia con la rambla de Volart hasta la altura de la calle de Cartagena.
Para minimizar el impacto en los usuarios habituales del transporte público durante este cierre dominical, Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) habilitará diversos itinerarios alternativos y reubicará temporalmente las paradas de las líneas de autobús H6, V21 y 191, garantizando así la conectividad del vecindario en todo momento.
El rompecabezas de los carriles a partir del lunes
Sin embargo, el corte del fin de semana será tan solo el preludio de una modificación circulatoria mucho más prolongada.
Control de la Guardia Urbana en Barcelona / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
A partir del lunes, 30 de marzo, la configuración habitual de la vía cambiará drásticamente cuando el tráfico de la ronda del Guinardó en sentido Llobregat se desplace íntegramente hacia el costado mar, pegándose a los carriles que discurren en dirección contraria.
Esta reordenación de urgencia dejará la calzada en sentido Llobregat con un único carril de circulación, que deberán compartir obligatoriamente los turismos privados y los autobuses urbanos, escoltado por un carril bici segregado.
Agente de la Guardia Urbana en Barcelona
Por su parte, los conductores que circulen en sentido Besòs dispondrán de dos carriles útiles, aunque en este lado de la avenida las bicicletas deberán integrarse en el flujo habitual del tráfico motorizado.
Un abismo de 76 metros bajo el Hospital de Sant Pau
Todas estas evidentes incomodidades en la superficie son el peaje necesario para poder materializar una obra de ingeniería faraónica en las entrañas de Barcelona.
Los trabajos que motivan estos desvíos se concentran en la construcción de la futura estación de la L9 de Guinardó - Sant Pau, situada estratégicamente frente a las modernas instalaciones del recinto hospitalario y la calle de Sant Quintí.
Actualmente, el inmenso pozo vertical de la parada ya se encuentra completamente excavado, asomándose a un vertiginoso abismo de 76 metros de profundidad.
El calendario del Departament de Territori prevé que toda la obra civil de esta imponente infraestructura quede lista de cara al próximo verano, momento en el que las grúas y excavadoras pesadas cederán el testigo a los operarios encargados de ejecutar los complejos trabajos de arquitectura interior y la instalación de los sistemas ferroviarios.
