Ada Colau pensaba que lo tenía todo atado y bien atado con ERC para un pacto posterior a las elecciones del 26 de mayo. Las encuestas apuntan que los republicanos serán la formación más votada y los comuns intentaron seducir a Ernest Maragall. El buen rollo, sin embargo, se agrietó el día que Elisenda Alamany abandonó a los podemitas y selló su fichaje como número dos de ERC en Barcelona.

Colau montó en cólera y activó su aparato de propaganda para atizar a Maragall. A ERC ya le había recriminado que se abstuviera en la funeraria pública diseñada por Eloi Badia pero su malestar subió de tono cuando Maragall se desmarcó del proyecto de los comuns de construir el nuevo CAP del Raval en la capilla de la Misericòrdia.

EL "JUEGO SUCIO" DE COLAU

Maragall, de 76 años, alucinó con tanta hostilidad y el martes, en un desayuno, le envió un recado: “Basta ya de juego sucio”. El candidato a la alcaldía de ERC también se desmarcó de la visión catastrofista de los turistas que tiene Colau y, sobre todo, pidió más respeto para los comerciantes, muy molestos con la expansión de los manteros en la Ciudad Condal.

La gestión de Colau tiene cada día más detractores. Hoy, dos de cada tres barceloneses desconfía de su gestión, según los resultados del tercer barómetro de Barcelona de Centre d'Estudis Sociològics para Metrópoli Abierta. El aumento de los delitos y las promesas incumplidas en materia de vivienda centran buena parte de las críticas a la actual alcaldesa.