El dúo no dinámico formado por la concejala Janet Sanz y el concejal Eloi Badia se dispone a recobrar a los llamados informadores ambientales, que son otro cuerpo parapolicial al servicio de Ada Colau y de sus dos capitostes favoritos. Con esta operación, se pretende restar más competencias a la Guardia Urbana y traspasar parte de sus funciones a un grupo seleccionado por los comunes para “apoyo en las acciones del área de Ecología, Urbanismo, Movilidad e Infraestructuras que requieren una labor informativa y pedagógica a pie de calle”, en terminología colauita que oculta su auténticas intenciones.

Con un malgasto superior al millón de euros, los supuestos informadores se estrenaron presentándose en los domicilios privados de Sarrià para explicar el sistema de recogida de basuras puerta a puerta. También actuaron en Sant Andreu para presionar, controlar y delatar al vecindario disconforme con la barrabasada basurera de Eloi Badia. Para ello, se personaron en los accesos de las guarderías para “reforzar” la información sobre residuos textiles sanitarios. E hicieron acto de presencia con un vehículo de recogida y en las zonas con buzones de fracción orgánica para “explicar” el funcionamiento de apertura automática. Así espiaban y delataban al vecindario que no actuaba como impone el basurero mayor del Ayuntamiento.

Más que demostrado su fracaso en la lucha contra la suciedad, ratas y chinches, se les contrata de nuevo para “una labor informativa y pedagógica a pie de calle”. Es decir, para que la Guardia Urbana no actúe ante infracciones contra el incivismo que afecten al medio ambiente, función de la que antes se ocupaba la llamada policía de barrio y de proximidad. Pero como los informadores no tienen autoridad legal para sancionar ni para usar la fuerza, habrá que ver lo que pasa cuando alguien les plante cara o les suelte media bofetada. Por ello, su faena real se limita a pasear e informar a algún despistado para simular que el Ayuntamiento hace algo útil, justificando de paso la disolución de los antidisturbios aunque haya motines de entidades y vecinos hastiados ya del colauismo.

Con licencia para molestar puerta a puerta y con jefes tan ineptos como Sanz y Badia el naufragio informativo y pedagógico de esa tropa está asegurado. Mientras, forman una especie de guardia pretoriana de la alcaldesa y su sanedrín que también puede servir para espiar, chivar, amedrentar y boicotear las protestas y pitadas contra Colau. Algo así como el sueño totalitario de una milicia ciudadana como las que formaron Chávez, Maduro y otros admirados dictadores de comuneros y podemitas. Con la excusa de la ecología y el medio ambiente, la falsa izquierda se camufla en la promesa de un futuro bucólico y predica presagios de catástrofes que acaban en nuevos negocios para los suyos.

Con analfabetos ideológicos como Colau, Sanz y Badia al frente, sus medios de comunicación subvencionados se ocupan de transfigurarles cada imbecilidad en prestigio. Como bien se verá en la próxima conferencia internacional sobre “tecnología y democracia directa” para hacer publicidad de su trasnochada ideología. A cargo del contribuyente y del descrédito de la ciudad, intentarán llenar el Canódromo. Y si acaso no lo consiguen, podrán usar a sus informadores ambientales para hacer bulto y claque.