Estamos a punto de ver la versión barcelonesa de Salvar al soldado Ryan. A diferencia de la película protagonizada por Tom Hanks y dirigida por Steven Spielberg, Ryan no es un soldado, sino todo un batallón que desde 2015 no levanta cabeza. Perdió la alcaldía ese año y en 2019 todo fue a peor con Elsa Artadi que, en plena batalla, salió en desbandada sin dar unas explicaciones coherentes y convincentes. Son los de Junts per Catalunya.

La situación es tal que el batallón ha preferido tirar de experiencia y de pragmatismo recuperando a su antiguo capitán. Así Xavier Trias, encarnando como nadie a John Miller, se ha lanzado, o está a punto, de saltar a la palestra. Hubo momentos de duda cuando Junts estalló tras su salida del Govern refrendada por el 55% de la militancia. Un ya exconseller me decía “ellos ganaron el partido 5 a 4, no es un mal resultado”. Quizá con este matiz ha cogido fuerza la presencia de Trías-Miller porque el comandante de las tropas Jordi Turull, está aturullado, nunca mejor dicho. No da ni una, no dirige, no tiene carisma, no impone sus criterios o, lo que es peor, no los dice no sea que se vaya a incomodar al fantasma de Waterloo. La prueba del algodón: Turull no abrió la boca en la consulta a la militancia. En conclusión, sus tropas están rodeadas y sin la fuerza necesaria para dar el campanazo en Barcelona. Solo Trías puede hacerlo.

El exalcalde todavía no ha abierto la boca, pero se deja querer. Sabe, como sabe Turull, que la suerte en los próximos comicios para Junts es Barcelona. En el área metropolitana no parece que levanten cabeza y son como máximo tercera fuerza en Tarragona y Lleida, y ya veremos en Girona, donde la tocata y fuga de Marta Madrenas no hace que el viento llegue a favor. En Sant Cugat el tripartito ERC-CUP-PSC funciona y todo apunta que repetirá. O sea, también excluidos. Solo Vic garantiza una victoria de Junts aunque la marcha de Anna Erra abre interrogantes. Es su previsible único trofeo. Magros resultados sin duda.

Xavier Trias, junto a Jaume Giró y Jordi Turull, en un acto reciente / EP

Con este escenario, al que cabría añadir que ERC podría arrebatarles el pódium de mayor número de alcaldías, Barcelona se antoja la gran tabla de salvación. En el territorio, de la OPA de Junts al PDeCAT podemos pasar a candidaturas que no se expongan al manto, y al mantra, de Laura Borràs como presidenta de un partido que se jacta de calificar al actual Govern de ilegítimo. Cualquier cosa puede ser el ejecutivo de Aragonés. Ilegítimo es la única que no. Es decir, que se consolide un proyecto municipal que se distancie de la actual dirección y, lo peor, que no aporte en diputaciones o consells comarcales.

SER DECISIVA EN BARCELONA

Si en Barcelona Junts per Catalunya no es decisiva y no tiene la alcaldía, el partido podría entrar en un nuevo remolino de imprevisibles consecuencias. Incluso, Junts podría ser de despojado, también, de su poder en la Diputación porque podría ser irrelevante también en esta institución, hoy campo de refugiados para los damnificados por salir del Govern.

Trías garantiza con sus números en las encuestas que Junts será decisiva y a pesar del entusiasmo desmedido de sus colaboradores es a lo máximo que puede aspirar. Ganar no entra en el diccionario de Trías, pero sí ser decisivo y cambiar la correlación de fuerzas. Ha exigido tener manos libres y a pesar del terremoto de estos días ni Turull, ni Borràs, le han exigido nada. Al contrario, se muestran entusiastas para que Trías acuda a salvarles los muebles. Sobre todo Turull que continua en fuera de juego lidiando una situación imposible, a la que se ha llegado con su beneplácito. Quizás, Trías en su papel de Miller tenga entre sus deberes salvar a Junts en Barcelona, pero sobre todo, salvar al comandante de las tropas, al aTurullado.