Vaya por delante que la mayor parte de la gente encontramos inadmisible que el activismo alimentado desde las instituciones recurra a métodos callejeros para oponerse a una actividad económica legal, y coartar así los derechos de las personas.

Es lo que ha ocurrido en Barcelona con la feria The District, que sufrió la hostilidad y el boicot desde la primera de sus cuatro ediciones por parte de grupos que condenan la especulación urbanística.

Se marcha. Celebrará su quinta convocatoria en Madrid. El grupo municipal de Barcelona en Comú se felicitó públicamente por torcer el brazo a sus organizadores. La propia Janet Sanz presumió de haber conseguido que el Ayuntamiento dejara de apoyar el salón como hace con otros tantos.

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Ese ambiente ha permitido que los propietarios de The District puedan dejar Barcelona lamentando el atentado contra la libertad de empresa que supone esa actitud demagógica y torpe. Sobre todo, torpe: les ha puesto en bandeja mezclar esas manifestaciones agresivas con las políticas de la Generalitat y del consistorio barcelonés para facilitar el acceso a la vivienda.

De todas formas, sería un error considerar que Barcelona sufre una gran pérdida por una huida que tarde o temprano se habría producido en busca de un caldo de cultivo más propicio.

The District se presenta como un salón inmobiliario cuando en realidad no lo es; o al menos no es de la construcción; y, desde luego, tampoco de la vivienda.

Es una feria de las finanzas que giran en torno a la construcción, pero en absoluto de promotores, constructores, materiales o maquinaria, como es el caso de Construmat, que el año próximo celebrará su 25ª edición en la Fira.

El núcleo de The District es justamente lo que podríamos llamar la almendra de la especulación, las ganancias de la inversión --no industrial-- en torno a todo tipo de inmuebles. Algunos gobiernos europeos, como el español, se plantean aislar la vivienda de estas actividades para evitar la gentrificación y la subida exponencial de los precios.

Se trata de un certamen que en el contexto de escasez y precios altos que vive Barcelona –como Madrid-- por sí mismo equivale a mentar la soga en la casa del ahorcado. Concentra casi todos los elementos que hacen de la vivienda un artículo de lujo cuando en realidad lo es de primera necesidad.

Puede que la ciudad necesite una feria inmobiliaria centrada solo en la vivienda, o en la vivienda social, como defiende el alcalde. Fira de Barcelona es una plataforma muy potente con capacidad para concitar oferta y demanda, además de atraer las innovaciones tecnológicas.

Construmat podría prestar un gran servicio en ese sentido, dado que su cadencia bienal permite ofrecer un gran soporte para ediciones incluso anuales centradas en el gran objetivo de los próximos años: poner las condiciones para la generación de vivienda social, el complemento imprescindible para que los cambios legales que se están implementando den resultados.