Durante este 2026 que acabamos de estrenar, Barcelona se convertirá en la Capital Mundial de la Arquitectura y albergará montones de actos, eventos e intervenciones para celebrarlo. Corren con los gastos (once millones de euros) el ayuntamiento de la ciudad, la Generalitat y el Ministerio de la Vivienda. Se inaugurará, incluso, una Casa de la Arquitectura en el edifico que fue de la editorial Gustavo Gili, en pleno Eixample. Y entre el 28 de junio y el 2 de julio tendrá lugar un Congreso Mundial de Arquitectos.
La cosa coincide, además, con el centenario del fallecimiento de Antoni Gaudí, y me temo que, si puede darse algún problema conceptual, venga de ahí, a tenor de algunos incidentes que ya han tenido lugar utilizando como excusa al arquitecto catalán. De hecho, los problemas conceptuales y seudo patrióticos siempre vienen de ahí. Cada vez que acogemos una gran celebración mundial, el lazismo aprovecha para hacerse oír y recordarle al universo que Cataluña no es España, por mucho que en todos los países se tenga esa sensación.
Recordemos la olimpiada del 92, cuando los indepes intentaron amargarles la celebración a todos los españoles y hasta los hijos de Pujol, que aún no se dedicaban al lucro a tiempo completo, participaron en manifestaciones soberanistas, como si la fiesta la pagara exclusivamente Cataluña y no hubiese ahí dinero de la administración central. Se salieron con la suya en parte, imponiendo el himno catalán al español (solo en el orden) y contribuyendo a que mucha gente en el resto de España sintiera que la olimpiada era un poco menos suya. Victoria pírrica, pero menos da una piedra.
Supongo que ahora se agarrarán a Gaudí para dar la nota. De hecho, ya ha sucedido. A un video de felicitación de la Unión Europea a España por el aniversario de nuestra entrada, en el que se cometió el grave error de considerar español al arquitecto de Reus, reaccionaron airados Josep Lluís Alay y Miriam Nogueras, acusando a Ursula Von der Leyen de negarle la nacionalidad catalana a Gaudí.
Hace unos días, durante un acto de homenaje en su Reus natal, el lazismo protestó por un espectáculo multimedia en el que Gaudí se expresaba en castellano. Se puso como excusa que el show tenía previsto salir de gira y que entre los patrocinadores figuraba la Real Asociación Española de Patinaje, pero no coló para nuestros talibanes. Para ellos, Gaudí solo es catalán. Y aunque es innegable que el arquitecto era bastante de la ceba, se están empeñando en convertirlo en alguien que, directamente, odiaba a los españoles.
Cuando alguien se hace mundialmente famoso, suelen permitirse ciertas licencias en torno a su persona y acaba dando lo mismo si se llamaba Antoni o Antonio (nombre con el que firmaba el arquitecto, por cierto). Si algún día se rueda en Hollywood una biopic de Gaudi en inglés, le dará lo mismo a todo el mundo menos a nuestros queridos talibanes (aunque se lo tomarían peor si la película estuviese en español). Gaudí nació en Cataluña, pero, una vez muerto, se ha convertido en ciudadano del mundo e icono global. Y, por un mal entendido patriotismo, no habría que emponzoñar un evento como la Capitalidad Mundial de la Arquitectura para Barcelona.
Cuidado, pues, con los actos del centenario, que los carga la Plataforma per la Llengua.
