Una de las viviendas dotacionales para personas mayores de la promoción de vivienda social de la calle Veneçuela de Barcelona, en el 22@
Una ayuda para el alquiler
El ayuntamiento dispone de seis millones de euros para echarte una manita con el alquiler. Se agradece, por supuesto, pero la cosa no deja de parecerse mucho a ponerte una tirita cuando te acaban de coser a balazos: el problema de la vivienda en Barcelona no se va a arreglar con propinas del señor alcalde
Nuestro querido alcalde acaba de anunciar unas ayudas para aquellos de nuestros conciudadanos con problemas para pagar el alquiler. Bueno, no para todos, claro, que tampoco es cuestión de vaciar las arcas municipales.
La iniciativa se dirige a cualquiera que cumpla tres condiciones:
-
Ser mayor de 55 años y vivir solo (esta la cumplo).
-
Que el alquiler no supere los 1100 euros mensuales (esta también).
-
Que debas dedicar más del 30% de tus ingresos a pagar el maldito alquiler (esta no la cumplo, ya que, en ese caso, me sentiría al borde de la indigencia).
Si cumples estos tres requisitos (y sale tu bola en el sorteo), te caerán 400 euritos al mes durante un año, al cabo del cual, si no has conseguido que te aumenten el sueldo en el ínterin, volverás a la casilla número uno de tu particular juego de la oca.
El ayuntamiento dispone de seis millones de euros para echarte una manita con el alquiler. Se agradece, por supuesto, pero la cosa no deja de parecerse mucho a ponerte una tirita cuando te acaban de coser a balazos: el problema de la vivienda en Barcelona no se va a arreglar con propinas del señor alcalde.
O eso me parece a mí desde mi posición de desahuciado a corto plazo. Mi edificio ha caído en manos de un fondo buitre que no ve la hora de librarse de todos los bichos que ha detectado en los apartamentos.
De hecho, ya ha puesto en venta el bloque, en vistas a hacer un gran negocio vendiendo por nueve millones de euros lo que le costó seis.
¿A qué dan un poquito de vértigo estas cantidades? Sobre todo, al que se deja más del 30% de sus ingresos en pagar el alquiler.
La situación no está para tiritas. Y ya sé que el ayuntamiento no tiene el capital necesario para adquirir, gracias al proceso de tanteo y retracto, cada edificio que cae en manos de los buitres. Pero tengo la impresión de que nos hallamos ante un problema que se ha dejado crecer por todas las administraciones y que ya no hay quien lo pare.
Supongo que tenía que sucedernos, tras ver lo que ocurría en París, Londres o, sobre todo, Nueva York, donde hay que ser rico para vivir. Y si no lo eres, prepárate, como les ha pasado a algunos amigos, para mudarte de Manhattan a Brooklyn, de Brooklyn a Harlem, de Harlem al Bronx, del Bronx a Jersey City y de Jersey City a Filadelfia.
El capital ha decidido que las grandes ciudades no son para los pobres ni para la clase media, sino exclusivamente para los que manejan dinero serio.
Y los políticos se han plegado a sus intereses (chupando del bote en más de un caso) mientras lamentaban que se expulsaba al talento de las ciudades, pero no hacían nada para evitarlo.
Que conste que creo en la buena fe del ayuntamiento, con sus tiritas y sus propinillas. Pero no puedo evitar culpar al actual, al anterior y al anterior del anterior de no haber movido un dedo contra los buitres cuando, tal vez, aún se estaba a tiempo de hacerlo.
Collboni insiste en que está trabajando para que los barceloneses no se vean obligados a abandonar su ciudad, pero lo siguen (seguimos) haciendo. Por mucho que le duela, Barcelona es, hoy por hoy, una ciudad que expulsa a sus habitantes y los sustituye por expats, nómadas digitales, altos ejecutivos de multinacionales, futbolistas y ricachones en general.
Yo ya sé donde me voy a trasladar, pero hay mucha gente que no va a saber donde meterse cuando los buitres se salgan con la suya. Y esos seis millones de euros del ayuntamiento, me temo que no van a dar para mucho.