Lamine Yamal se ha convertido en uno de los jugadores de fútbol más cotizados del mundo. Su estilo personal y su carisma han hecho mella en millones de aficionados, sean del Barça o no.
El fútbol que practica Lamine Yamal es digno de contemplar: malabarismos con el balón, regates elegantes, desmarques prodigiosos, centros muy medidos y remates suaves y colocados. El de Rocafonda ha eclipsado, al menos durante casi un año, a jugadores que estaban llamados a mayores glorias, como Mbappé o Haaland.
Pero todos nos preguntamos si Lamine será capaz de mantenerse o, por el contrario, se apagará su estrella como sucedió con jugadores como Ansu Fati o, durante su período en el FC Barcelona, Ousmane Dembelé.
¿Podrá Lamine Yamal consolidarse como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos? ¿Tendrá la capacidad para liderar a sus compañeros y conseguir triunfos importantes de forma sostenida como durante la gloriosa etapa de Lionel Messi?
Ser líder de algo no es fácil. Pero aún lo es menos en un contexto como el azulgrana, donde ganar es siempre imprescindible y donde todo el mundo está sometido a una enorme presión. El famoso “entorno” de Johan Cruyff. Si Yamal está llamado a ser uno de los líderes del presente y del futuro, ¿cómo debería ser ese liderazgo?
Creo que Lamine no debería ser rehén de nada ni de nadie. En liderazgo, ser rehén implica depender en demasía de algo que impide la máxima realización del potencial que cualquier persona atesora.
Podemos, por ejemplo, ser rehenes de nuestros miedos, debilidades o de un ego demasiado desbocado. Para poder liderarse a uno mismo y, en consecuencia, liderar a los demás, es imprescindible conocer qué nos limita y, a partir de ahí, trazar planes para romper barreras y progresar.
Ojalá el genio de Mataró no sea rehén de las numerosas tentaciones que, como es natural, acechan a cualquier persona de éxito. Disfrutar de la vida es lícito, desde luego, pero todo debería tener unos límites compatibles con la ambición de conseguir una cierta excelencia.
Los buenos líderes acostumbran a tener buenas bases de seguridad. Una base de seguridad es cualquier elemento (objeto, creencia, persona, práctica, experiencia, etc.) que cumpla dos funciones: en primer lugar, protegernos y cuidarnos.
Un líder que no se siente cuidado sucumbirá más fácilmente a sus miedos e inseguridades. Pero, por otro lado, una base de seguridad debe también ser algo que nos permita arriesgarnos, aprender e innovar. Seguro que para Lamine, el actual entrenador del Barça, Hansi Flick, es una base de seguridad.
Flick procura, con una actitud suave y con una sonrisa elocuente, ser un guía para sus jugadores y cuidarles en todo momento. Pero Hansi es consciente de que en un entorno sumamente competitivo como es el fútbol profesional, debe ayudar a sus pupilos a dar lo mejor de sí mismos a través del sacrificio constante, el aprendizaje y la aceptación de retos de alto calado. El gran desafío de todo líder, en consecuencia, es convertirse en base de seguridad para las personas que le rodean.
Si un supuesto líder genera miedo o inseguridad, algo falla. Los líderes excelentes cuidan a sus colaboradores pero, en paralelo, les animan a arriesgarse, a crecer y a cambiar. Mantener ese equilibrio no es fácil.
Un líder auténtico no actúa desde el poder descarnado o la arrogancia. Bien al contrario, es capaz de conectar con su gente y de establecer relaciones directas, honestas y productivas. Acepta incondicionalmente las sugerencias de todo el mundo y está abierto al diálogo y a la negociación para llegar a acuerdos. Escucha, empatiza, dialoga, conecta, resuelve, avanza.
Lamine Yamal se convertirá en un líder indiscutible cuando sea percibido como base de seguridad por sus compañeros y también por todas las personas que, a través de la práctica del fútbol, le consideren alguien que les proporciona paz, tranquilidad y seguridad, pero que, en paralelo, les ayude a aprender, perfeccionarse, correr riesgos calculados, experimentar y, en definitiva, progresar.
Desde luego, los líderes no viajan solos. Yamal o cualquier otro jugador llamado a ser de los grandes y a liderar un equipo de leyenda debe apoyarse en sus compañeros. Sin esa palanca, liderar deviene una utopía. Es a través del esfuerzo coordinado de todo un equipo que se consiguen grandes objetivos. Un equipo, para triunfar, debe tener estrategia, un plan de acción, pocos o ningún ego, negociación y colaboración, capacidad para gestionar los conflictos de forma rápida y, más que motivación, mucha pasión.
Adelante, Lamine.
