El pequeño Nicolás
Los chungos, los fules y…
"La locución Pequeño Nicolás data de 2014, cuando Francisco Nicolás Gómez Iglesias fue detenido y acusado de falsedad documental, estafa, usurpación de funciones públicas, revelación de secretos, cohecho, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias"
Durante el pasado Mobile World Congress de Barcelona, un personaje apellidado B se coló disfrazado de piloto de Lufthansa. Gerard Mateo lo llamó un Pequeño Nicolás en su reportaje publicado en Crónica Global.
La locución Pequeño Nicolás data de 2014, cuando Francisco Nicolás Gómez Iglesias fue detenido y acusado de falsedad documental, estafa, usurpación de funciones públicas, revelación de secretos, cohecho, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias.
Dicho impostor se movía entre las altas esferas políticas y económicas como falso espía del CNI y hasta se coló en actos de la Casa Real. Su currículum le ha valido una biografía en Wikipedia.
Su imitador catalán también está investigado en los juzgados de Girona por un presunto robo cuando era auxiliar administrativo de una empresa informática. En 2023 fue detenido por sustraer de sede judicial cigarrillos incautados por la Guardia Civil en La Jonquera.
Entre sus imposturas, simulaba viajes en jet privado a Asia y se paseaba por Girona en un lujoso Bentley Continental GT, valorado en medio millón de euros. Además, se le puede ver en Instagram junto a Barack Obama en una falsa imagen hecha con IA.
Antes, semejantes personajes se llamaban fules y su larga y tradicional historia puede comprobarse en el libro Los chungos. Los fules (Ed. Planeta, 1977, del director de la Timoteca Nacional, Enrique Rubio (1920-2005).
En dicho tratado, que supera a la histórica novela picaresca española, aparecen casos reales de fules que se han hecho pasar por aristócratas, capellanes, militares, médicos, amigos o secretarios de políticos, policías, académicos, lampistas, periodistas…
Ninguna profesión o actividad humana les ha sido ajena. Desde inspectores de Hacienda, hasta cobradores de agua, gas y electricidad, pasando por inspectores de enseñanza, vendedores de títulos y currículums académicos y laborales falsificados…
Considerada la enciclopedia más completa sobre los que viven a base de engañar a vanidosos, bobos e incautos, el maestro Enrique Rubio no vivió lo suficiente para ver a ministros y altos cargos del Reino de España que han falsificado sus historiales académicos.
Una vez descubiertos, la mayoría se vieron obligados a rectificar, aunque una exministra de Medio Ambiente tardó 40 años en borrar el título de doctora de su currículo. Un ex líder de un partido en Madrid no era el matemático que presumía ser.
Un exministro de Fomento no era abogado porque no acabó la carrera de Derecho. Una exministra de Sanidad no tenía un Máster en Estudios de Género. Otro exministro de Sanidad no fue el decano de la Facultad de Medicina ni el investigador en Singapur que dijo ser.
Una eurodiputada y consejera de Estado no era licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y no terminó ninguna carrera. Un secretario general y diputado en Valencia no tenía el título de topógrafo ni ingeniería alguna. Un exsenador no era matemático.
Una dirigente política de Cantabria no tenía la licenciatura en Biotecnología. Una exalcaldesa de Córdoba no era licenciada en Magisterio. Una delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana no tenía dos licenciaturas.
El portavoz de un partido en el Parlamento no es el ingeniero de su falso currículo. El actual ministro de Transportes se elevó un curso no oficial a categoría de máster de Dirección Política… Y continúa.
Si el maestro Enrique Rubio volviese, tendría larga faena para añadir a políticas y políticos chungos y fules.