La industria textil ha perdido dos tercios de su peso en la economía catalana durante las dos últimas generaciones. El final de las limitaciones internacionales al libre comercio con la incorporación del China a la OMC y la deslocalización están en el fondo de esa caída.
Desde hace algunos años, en casi todos los rincones del mundo han surgido multitud de iniciativas de modas genuinas quizá más como una manifestación artística o artesanal que industrial. Aunque, evidentemente, siempre terminan por generar una actividad empresarial, un negocio del que al final la moda es solo la punta de iceberg.
Las grandes pasarelas, como París, Milán y Nueva York, conviven ahora con otras manifestaciones con pujanza como las de Oporto, Copenhague y Shangái, donde desfilan creadores con mucha personalidad y capacidad de influencia.
Todo ello se traduce en una competencia más interesante y dura. Con pasarelas semestrales que confieren una dinámica endiablada –y costosa-- al sector.
Representantes de las Administraciones y las organizaciones empresariales que están detrás del 080 Barcelona Fashion
Ese panorama convive con clusters locales como el catalán que asoma tras el 080 Barcelona Fashion, cuya 37ª edición se celebra entre el martes y el viernes de esta semana en el Port Vell de la ciudad.
La venta a través de las redes ha abierto un abanico de oportunidades para los creadores y también establece nuevas reglas: desde el tipo de empleos que demanda –dominio de idiomas, conocimiento del análisis de datos, control de calidad, sostenibilidad-- hasta su remuneración, cada vez más vinculada a objetivos.
Y también de nuevos riesgos: la patronal europea no sabe cómo controlar las compras online de productos textiles de bajo coste, que el año pasado crecieron un 28%, hasta los 4.900 millones de operaciones.
Ese enorme flujo de negocio puede esconder una competencia desleal y peligrosa porque elude las exigencias europeas de calidad y sostenibilidad.
Por eso, el 080 Barcelona Fashion incluye mesas redondas y debates sobre el negocio, además de las novedades creativas. Es fácil detectar una conciencia generalizada en la necesidad de apoyar el sector para mantenerlo como referencia, aunque ya no genere la misma riqueza y ocupación de hace 40 años.
Tantos las Administraciones como las organizaciones sectoriales y las empresas parecen haberse puesto de acuerdo para ir todos a una, incluso dedicando una ubicación nueva y original de Barcelona junto al mar. Como una ciudad de la moda que ya no necesita vivir junto a las fábricas ni los nudos logísticos, sino allí donde esté el talento y la creatividad.
