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Colas de coches en Barcelona / EUROPA PRESS

Colas de coches en Barcelona / EUROPA PRESS

Opinión

Estrecheces

"Barcelona es inhóspita para los conductores. Puedo entender que se hagan esfuerzos con calles peatonales, aumentando las aceras, construyendo carriles bici….. Todo bien, pero no entiendo que conducir por la ciudad sea una odisea con carriles impracticables por su estrechez"

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¿Qué es una estrechez? Seguro que a ustedes se les viene a la cabeza de inmediato la cuestión económica. Según la Real Academia, una estrechez son apuros económicos, la carencia de recursos financieros o de los bienes más necesarios para vivir.

Muchas familias, muchos jóvenes y muchos mayores viven en una estrechez crónica. Su única meta es llegar con dignidad a final de mes.

Nuestra RAE apunta también una estrechez en el ámbito médico. La define como la disminución o estrechamiento anormal en el calibre de un conducto orgánico, la estenosis. Esta estrechez anormal puede ser en un vaso sanguíneo o un orificio en el cuerpo. Esta reducción de espacio restringe el flujo normal, como el de la sangre o el aire, o comprime estructuras internas como los nervios.

Sin embargo, quiero en este artículo hablarles de otra estrechez. La que padecemos los miles de conductores que se adentran en las calles de Barcelona. No les hablo siquiera de las obras que parecen un simulador de una gincana de alto voltaje.

Toda la ciudad está patas arriba. No hay calle, parque o avenida que se precie que no tenga una obra.

Las hay para aburrir. Desde la nueva línea de metro hasta canalizaciones de empresas de servicios pasando por los omnipresentes carriles bici, calles peatonales, asfaltados, parques y un largo etcétera. Más de 300 obras esperando acabarse y ya les anuncio que no todas acabarán este año. Ni siquiera en puertas de las municipales del próximo año.

Al grano, les hablo de la falta de amplitud de los carriles en nuestras calles. Hay estrechez, escasez de espacio físico y falta de holgura. Un camión, una furgoneta de reparto y no digamos un autobús estrechan aún más los pasos y no digamos las motos aparcadas en batería.

Si no están bien estacionadas invaden unos centímetros el carril y obligan al conductor a abrir espacios cerrando los del vecino. Esta semana subiendo por la calle Aribau tuve un roce con mi vecino de cuatro ruedas.

Una furgoneta de reparto estaba aparcada en el lateral izquierdo con la puerta abierta invadiendo mi carril.

Moví unos centímetros el volante para sortear el obstáculo y mi retrovisor intimó con el del vecino. Me oí de todo. El conductor tenía razón en el fondo, no en las formas que fueron barriobajeras y malsonantes.

Pero, razón al fin y al cabo. El problema es que parece que el que diseña el ancho de los carriles en la ciudad no ha llevado un coche en su vida. La calle Entenza es otro ejemplo. Por ella circulan decenas de camiones y autobuses, amén de autocares de todo tipo.

Intentar no perder el equilibrio de tu carril sorteando obstáculos se convierte en un espectáculo similar al de los trapecistas del circo.

La anchura del carril es más que angosta y esa angostura la hace peligrosa. Ciertamente se colocan tres carriles en estas calles, pero es solo un espejismo.

Esos tres en muchos momentos se ven reducidos a dos o a menos si hacemos la inmersión en la hora punta de carga y descarga.

Barcelona es inhóspita para los conductores. Puedo entender que se hagan esfuerzos con calles peatonales, aumentando las aceras, construyendo carriles bici….. Todo bien, pero no entiendo que conducir por la ciudad sea una odisea con carriles impracticables por su estrechez.

El ayuntamiento tendría que estudiar fórmulas que permitieran una circulación menos conflictiva en algunas calles con un volumen de tráfico importante. Se quiere aprovechar el espacio, pero no se puede aprovechar a costa de la seguridad. La estrechez no es una buena consejera.