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El entrenador del Barça. Hansi Flick

El entrenador del Barça. Hansi Flick WIKIPEDIA

Opinión

Barcelona promociona el inglés

"Hansi Flick tiene derecho a hablar como prefiera. Lo incomprensible es que no se reconozca ese derecho al resto de la población, si el idioma elegido es el castellano"

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Una de las tesis dominantes en la filosofía del siglo XX es el carácter lingüístico del ser humano. Viene de lejos. El hombre es un ser que tiene logos, es decir, lenguaje, había dicho Aristóteles. Una afirmación que determinados nacionalistas no acaban de comprender. Según ellos, lo que define al hombre (y a la patria y a la nación y a lo que haga falta) no es el lenguaje sino el idioma. Y además de forma excluyente. El que no lo hable es foráneo, un bárbaro.

Es evidente para cualquiera que quiera verlo que el lenguaje es una característica humana universal. El idioma, en cambio, es grupal y privado. Algo que, como tantas otras entidades, nace, crece y muere, aunque pueda ser preservado por la memoria colectiva. Como le pasa al latín.

Y eso (lo de morir un día) le pasará al catalán, al español, al chino y, lo que es personalmente mucho más duro: morirán antes todos los que hoy hablan esas lenguas. No va a quedar ni uno.

Lo que resulta irritante es que el idioma, convertido en factor identitario, se utilice como materia de confrontación. En Barcelona, organizaciones subvencionadas se dedican a denunciar que el catalán está en peligro de extinción. Inminente. La solución que proponen es el monolingüismo: su imposición a todo hijo de vecino. Lo quiera o no. Sobre todo si es de habla castellana.

Por eso ponen denuncias contra carteles escritos en castellano, mientras que no se alteran ante la proliferación de rótulos que anuncian una “barber shop” o el cuidado de las “nails”.

En el resto de España, con frecuencia, la existencia de estos fanáticos es utilizada por otros fanáticos para fomentar el enfrentamiento con el conjunto de los catalanes.

El antiespañolismo de los unos hermana bien con el anticatalanismo de los otros. Dios los cría y los intransigentes se juntan. Y se retroalimentan.

Hasta ahora, cuando han descubierto que tienen puntos de encuentro: ambos contra la diversidad.

En Barcelona las cosas están cambiando y muchos se han apuntado a promocionar el inglés, al amparo del uso preferente (casi exclusivo) de este idioma por el entrenador del Barcelona.

Para que no haya dudas: Hansi Flick tiene derecho a hablar como prefiera. Lo incomprensible es que no se reconozca ese derecho al resto de la población, si el idioma elegido es el castellano.

Escuchar algún día la retransmisión por TV3 de las preguntas y respuestas de la conferencia de prensa que se produce tras el partido es una delicia.

Las intervenciones en inglés de Flick (alemán de nacimiento y de lengua materna) son traducidas al catalán para los telespectadores. Pero ahí no acaba el trabajo del traductor porque hay unos cuantos periodistas (incluso de la cadena pública catalana, tan defensora de la lengua excluyente) que se han apuntado a utilizar el inglés, lo que obliga a traducirlos también.

Habría que ver qué dirían los fanáticos de turno si el entrenador del Barcelona (y esos periodistas) se expresaran en castellano.

Porque no hay que engañarse, esta peña no pretende potenciar el uso de la lengua catalana, lo que verdaderamente quiere es erradicar el uso del castellano.

Y como el nacionalismo es una enfermedad contagiosa, que decía la estos días llorada Emma Bonino (el sarampión de la humanidad, en palabras de Einstein), se contagia.

En las conferencias de prensa citadas, cuando se celebran lejos del campo del Barça, se puede oír perfectamente que hay periodistas castellanoparlantes que han decidido pasarse al inglés. Son gente que, con razón, se sublevaría si alguien les sugiriera que debían utilizar el catalán.

¡Qué belleza observar la comunión de los santos!

Hay tipos que nunca se pondrían de acuerdo para hablar entre sí en castellano o en catalán. Pero usar el inglés para hablar con un alemán es otra cosa.

Cabe la posibilidad de que nada de esto tenga que ver con las guerras lingüísticas en las que el fanatismo gusta de enfangarse y que el único propósito de todos ellos sea garantizar el puesto de trabajo del intérprete, ahora que puede ver su labor amenazada por el desarrollo de la inteligencia artificial.

Aunque no hay que apurarse. El consejero Dalmau ya ha anunciado la creación de una inteligencia artificial en catalán que, ¿naturalmente, artificialmente? será mucho más lista que todas las demás.

Y luego pasa lo que pasa: hace unos días se podía leer en uno de esos diarios que tiene versión impresa en catalán y en castellano -con traducción hecha por una maquinita-, datos sobre la participación en la guerra incivil del general fascista Queipo de Pla.