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Un dibujo del rostro de Tomasa Cuevas

Un dibujo del rostro de Tomasa Cuevas WIKIPEDIA

Opinión

Tomasa Cuevas

"Se olvida con frecuencia que en el pasado la explotación del hombre por el hombre era la máxima posible y que si las cosas han cambiado es porque hubo un Francesc Pedra o una Tomasa Cuevas. También se olvida lo que sufrieron por su actitud reivindicativa"

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Estos días el Centre Cívic Tomasa Cuevas, situado en la calle de Dolors Masferrer, del barrio de Les Corts, celebra sus 30 años de existencia. Es probable que muchos barceloneses ignoren quiénes fueron esas dos mujeres.

Dolors Masferrer (Barcelona, 1857-1905) fue la propietaria de no pocos terrenos del actual distrito y promovió la construcción de viviendas sociales para la población del barrio y también de una escuela que fue la única existente hasta 1934.

Tomasa Cuevas (1917-2007), nacida en un pueblo de Guadalajara, procedía de la otra cara de la historia: la que acoge a los desposeídos. Su relación con Les Corts se debe a su paso por la cárcel de mujeres que estaba situada a pocos metros del actual centro cívico.

Se afilió a las juventudes comunistas a los 14 años, participó en la defensa de la República y en la resistencia contra la sublevación militar y fue encarcelada en 1939. Salió en 1944 para cumplir la pena de destierro en Barcelona, ciudad en la que pronto entró en contacto con el PSUC. Detenida y condenada nuevamente, en 1951 partió hacia el exilio del que volvió en 1969 para continuar luchando por las libertades y las mejoras sociales junto a su compañero, Miguel Núñez (1920-2008), miembro también del PSUC.

Entre unas cosas y otras, Tomasa Cuevas pernoctó involuntariamente en hasta siete cárceles españolas.

En el centro cívico que lleva su nombre se puede ver estos días una breve exposición que recuerda su trayectoria y sus libros sobre la represión ejercida por el franquismo contra las mujeres. Uno de los paneles la define como un “ejemplo de lucha, dignidad y memoria”.

El centro acoge cada día a diversos grupos que realizan actividades culturales distintas: charlas, talleres, lecturas, teatro, música. Alguien tuvo la idea de coordinarlos y organizar una especie de montaje que sirviera de homenaje a Tomasa Cuevas, al tiempo que evocaba el sentido social de los centros cívicos.

En diversas escenas se explicaba a los asistentes la historia del barrio, inicialmente agrícola, y su evolución hacia la industria, con dos importantes factorías: Fiat Hispania, situada aproximadamente donde ahora está el centro cívico, y Cristalerías Planell (calle de Anglesola), cuyo edificio modernista, construido en 1913, ha sido catalogado y reconvertido en centro municipal.

La firma cristalera fue una de las primeras que se instalaron en Les Corts, aprovechando la llegada de la electricidad. En 1925 fue el escenario de la “huelga de los niños”. Críos de entre 9 y 14 años se rebelaron contra las draconianas condiciones de trabajo que les imponían. El líder se llamaba Francesc Pedra (1914-2000), y tenía 11 años.

Se olvida con frecuencia que en el pasado la explotación del hombre por el hombre era la máxima posible y que si las cosas han cambiado es porque hubo un Francesc Pedra o una Tomasa Cuevas. También se olvida lo que sufrieron por su actitud reivindicativa.

El montaje realizado con motivo del aniversario buscaba recuperar la memoria.

Se recibía a los espectadores con una escena en la que Dolors Masferrer explicaba el proceso de parcelación que llevaría a construir la escuela, el ayuntamiento y las viviendas sociales, y se seguía con otra en la que se reflejaba el paso del campo a la industria. Posteriormente, un quinteto de viento ataviado con pañuelos y gorros anarcosindicalistas evocaba los movimientos sociales y la figura de Pedra, militante de la CNT, interpretando A las barricadas, un himno hoy casi olvidado.

La calle Dolors Masferrer, con el centro Tomasa Cuevas, enlaza con los límites de la ya derruida prisión -unas placas y unas piedras la recuerdan en el cruce las calles Joan Güell y Europa-, y con los jardines de Carme Claramunt (1897-1939), la primera mujer fusilada en el campo de la Bota. Casi al lado está la plazoleta dedicada a la buena periodista que fue Margarita Rivière. Es como si se hubiera buscado rendir homenaje urbano a unas mujeres que contribuyeron a la transformación de la ciudad.

Pero conviene no perder de vista que las cosas no siempre fueron como son ni tienen por qué seguir siendo así. El flujo del presente parece amenazar con acercarnos a un abismo que se creía superado.

Tal vez como un aviso para navegantes, los que asistieron al espectáculo ofrecido en el centro cívico eran recibidos por el Orfeó de Les Corts, uno de los grupos que tiene allí su sede, cantando una canción de cuna de origen cosaco en la que se decía: “poco a poco se extiende la oscuridad”. Los cantantes se referían a la noche que propicia el sueño, pero cabe interpretarlo como una advertencia sobre las sombras que propician los enemigos de la libertad. Los mismos contra los que tuvieron que luchar Tomasa Cuevas, Carme Claramunt y Francesc Pedra.