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Aspecto de la acampada en la Puerta del Sol en protesta por una la situación de la vivienda en España

Aspecto de la acampada en la Puerta del Sol en protesta por una la situación de la vivienda en España Gabriel Luengos Europa Press

Opinión

La vivienda y la campaña permanente

"Vivimos en unas elecciones continuas. Y una buena parte del arco parlamentario no tiene otro impulso que volver a repartir cartas, probar a ver si hay más suerte que en julio de 2023"

Publicada

El barbero contaba el otro día que había viajado al pueblo en agosto para poner su piso en alquiler vacacional. Una amiga le había enseñado cómo funciona el sistema para cambiar la contraseña de acceso y pasarla al inquilino de turno desde Barcelona con una aplicación.

También explicaba que había estado en Tarragona en busca de un apartamento para ponerlo en alquiler turístico. Le informaron de que en la ciudad no hay mercado de alquiler residencial, de que esa oferta no existe.

Creo que dispone del cash procedente de la venta de la vivienda de sus padres. Residían en un edificio de nueve apartamentos donde los propietarios eran como de la familia. Pensó en poner la herencia en alquiler vacacional, pero la posibilidad de que el tránsito de viajeros deseosos de apurar los placeres del verano causara molestias a los viejos conocidos le convenció de ponerlo a la venta.

El buen hombre me trasladó 20 años atrás, cuando en mi pueblo explicaban que había gente joven –con vivienda de propiedad– que compraba pisos sobre plano para venderlos antes de escriturar. En un corto periodo de tiempo ganaban un dinero que, además, no pagaba impuestos.

La crisis del 2008

Ignoro cuántos de esos eran los que aparecían años más tarde en los documentales lamentando haberse pillado los dedos por culpa de la crisis; nunca de su avaricia.

El becerro de oro de finales del siglo pasado y principios de este era la plusvalía de la compraventa inmobiliaria, a la que se lanzaban los pequeños especuladores imitando a las grandes fortunas. Ahora, ese becerro también está en el tocho, pero no en su plusvalía sino en la rentabilidad del alquiler por días o semanas.

Lo más curioso del asunto, creo, es que el peluquero al que me refiero hablaba de sus planes de inversión en una conversación que había surgido a propósito del campamento de la Puerta del Sol. Un mundo paralelo y en sentido contrario.

Por la forma en que trataba el tema, por la manera en que asumía que a sus vecinos de toda la vida no les podía meter un piso turístico al otro lado de la pared, pero sí a desconocidos, me llevé la impresión de que si mañana prohíben las licencias turísticas en Tarragona, el hombre ni pestañearía. Asumiría su mala suerte. Es una buena persona, un hombre tranquilo.

Y esa banalidad me lleva a pensar que los especuladores no se toman tan en serio el drama de la vivienda como quienes lo han elevado a la máxima categoría, tiendas de campaña en Sol incluidas.

Mayoría de propietarios

El 73% de las familias españolas vive en una casa de su propiedad, una proporción que ha bajado siete puntos en los últimos 40 años, pero que aún es mayoritaria. La vivienda es vital no solo para el 27% que vive de alquiler, sino sobre todo para el 70% de la juventud que no puede acceder a una.

Vivimos en una campaña electoral permanente. Y una buena parte del arco parlamentario no tiene otro impulso político que volver a repartir las cartas, probar a ver si hay más suerte que en julio de 2023.

A finales de julio, el asalto de la frontera de Ceuta se convirtió en el lema electoral que definitivamente iba a acabar con Pedro Sánchez, cuyos reflejos no estuvieron a la altura en aquel momento. La derecha mordió y se negó a soltar el bocado, con tanta insistencia y resultados –aparentes--, que la izquierda de la izquierda no tuvo más remedio que sumarse.

El caso de Maricarmen Abascal ha dado un giro de 180 grados a la precampaña y ha cogido con el paso cambiado sobre todo a esa derecha que en lugar de desviar la atención hacia la Moncloa, ha entrado al trapo. No hay más que oír a Isabel Díaz Ayuso referirse a la anciana desahuciada para verlo: Ceuta lo había resuelto todo.

La izquierda del PSOE sí ha reaccionado de forma coherente. Ha puesto objetivos imposibles para el presunto decreto con el propósito de desgastar a Sánchez y ganar diputados; al precio que sea.

Como todo lo que consigue escalar a la pancarta de la agitación, la vivienda no podrá ser tratada en este momento más que con demagogia electoral, sin posibilidad de establecer soluciones a largo plazo.

El Govern ha creado --¿improvisado?-- una fórmula para ayudar y estabilizar a gente mayor de 40 años de forma que pueda disponer de vivienda propia el resto de sus días sin preocuparse por la descendencia ni la acumulación. Una aportación inteligente al fondo del debate en un país crecido en la fe pequeñoburguesa de la vivienda en propiedad como garantía de futuro y de progreso.

¿No hay viviendas?

Dice el Banco de España que se necesitan 750.000 viviendas, y el INE asegura que hay 3,8 millones vacías y otros 2,5 millones de uso ocasional. Esos casi cuatro millones incluyen las casas que necesitan rehabilitarse, que están en pueblos muy pequeños o que tienen otros problemas estructurales.

Supongamos que solo el 10% son realmente habitables y que la misma proporción de los otros 2,5 millones pueden salir al mercado del alquiler si hay más seguridad jurídica. La suma casi alcanzaría el cálculo del banco emisor.

El problema no es difícil de ver, incluso las soluciones. Lo que cuesta trabajo es implementar los medios para resolverlo. Incluirlo en la campaña electoral no promete nada positivo. Y aprovechar la coyuntura para convertir un artefacto como el Sindicato de Inquilinas en el interlocutor del Gobierno en pie de igualdad a los grandes partidos del Congreso es incalificable.

Los dos decretos de este martes parecen demostrar que Sánchez ha recuperado los reflejos que perdió en Lanzarote. El PSOE votará a favor de soluciones de derechas y también de las de izquierdas. A ver cómo lo resuelven sus compañeros de Gobierno y sus aliados parlamentarios.

Un Gobierno debe gestionar el interés público para toda la población, incluso para los que no le han votado. El 73% de las familias vive en casa propia, como ya se ha dicho; y el 15% tiene segunda residencia. Y, según las encuestas, una mayoría que supera ampliamente el 60% quiere medidas que acaben con el drama de la vivienda.