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La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau

La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau EUROPA PRESS

Opinión

La novia en la boda, el muerto en el entierro y el crío en el bautizo

"Querer protagonismo es lícito. En una sociedad mediatizada, mucho más. Sin embargo, hay formas que son obscenas para conseguir ese protagonismo"

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Ada Colau fue abroncada en la Plaza de Sant Jaume por manifestantes independentistas. Su reacción fue victimizarse. Resolvió que la bronca que recibió fue por ser mujer, no por ser alcaldesa. Ada Colau también sacó a colación su bisexualidad cuando miles de ciudadanos y ciudadanas salían del armario para mostrar su orgullo. No perdió ripio y levantó la bandera como si fuera la primera. Ada Colau, ante el aumento de agresiones sexuales a mujeres en la calle, volvió a victimizarse. A ella, solo faltaría, también le había pasado.

Ahora que el tema de la vivienda ha explosionado y es el centro de atención mediática y ciudadana, ella ha tenido que dejar el piso que compartía con su expareja porque con un sueldo no le da para vivir. De paso, recuerda que dejó de percibir 400.000 euros cuando era alcaldesa siguiendo el código ético de los Comunes. Ahora ese recuerdo suena a imposición. Parece que no lo hizo de forma voluntaria. Decir, en estos momentos, que con ese dinero se hubiera podido comprar un piso es tanto como quejarse de haber renunciado a estos emolumentos.

Conclusión: Ada Colau tiene unas desmedidas ansias de protagonismo. Siempre quiere ser la novia en la boda, el muerto en el entierro y el crío en el bautizo. Ha hecho un movimiento medido en su entorno para postularse como líder de los Comunes en las próximas generales. Eso lo puedo entender, aunque suene a aquello de que si me lo piden doy el paso. Lo mismo que en 2015. Pero es lícito, aunque nos dijera por activa y por pasiva que no quería dedicarse eternamente a la política. Lleva 11 años y quiere mejorar su marca personal.

Estos movimientos en entrevistas mediáticas quieren configurar una candidata para que se lo pidan. Hace unos días, una excolaboradora de Colau, muy estrecha colaboradora, me afirmaba que nada está escrito sobre el futuro de la exalcaldesa. Vamos, que no venda la piel del oso antes de matarlo. De hecho, quedé convencido tras escucharla de que no tenía ninguna gana de apoyar a Colau en este proceso.

De momento, la aspirante a candidata, a líder de los Comunes, solo ha planteado una apuesta: un frente amplio de la izquierda. No sabemos cuál es su receta para conseguir acercar a Podemos y Sumar, que cada día amplían la zanja que les separa.

Querer protagonismo es lícito. En una sociedad mediatizada, mucho más. Sin embargo, hay formas que son obscenas para conseguir ese protagonismo. Lo de presentarse como una víctima de forma permanente por ser mujer, por ser bisexual o por ser «llogatera» me parece simplemente impresentable.

Hubiera preferido que la señora Colau planteara sus propuestas concretas sobre vivienda, seguridad, financiación autonómica, precios del consumo, autopistas con o sin peaje, crecimiento económico, empleo, sanidad, educación, más allá de erigirse como baluarte contra el fascismo. Esto también es obsceno.