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Imagen de archivo de un tren de Rodalies / RODALIES

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Opinión

El Semaf nunca ayuda al usuario

"No hace mucho un laboralista ha hecho una sugerencia que tal vez deba ser estudiada: que cuando haya una huelga y se descuente la parte preceptiva del salario a los trabajadores, dejen de cobrar también los representantes sindicales"

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El miércoles el área metropolitana barcelonesa se despertó sin el servicio de Rodalies. ¿Motivo? A los maquinistas no les apetecía ponerse a trabajar. Les pasa a menudo. Unas veces se sienten inseguros, y otras, unos cuantos dicen que han ido al médico y falsifican un parte para justificarlo.

La pasada primavera Renfe descubrió que lo habían hecho más de treinta maquinistas. No pasó nada. Su presidente, Álvaro Fernández Heredia, decidió no provocar al principal sindicato corporativo (Semaf) y permitir que se salieran de rositas quienes habían, supuestamente, dilapidado dinero público.

El dinero público es público, es decir, de todos y de nadie. Pólvora del rey.

Posiblemente también por eso el expediente a varios taquilleros de Barcelona que hacían de su capa un sayo y regalaban billetes a amigos y familiares quedó en poca cosa. De los seis expedientados, entre ellos un hijo del director de Recursos Humanos de Renfe, Lucas Calzado, sólo dos acabaron en la calle. El hijo, claro está, resultó exculpado.

En realidad el cargo tiene otro nombre: “Dirección de Organización y Talento”. Se comprende que haya que organizar una empresa que parece vivir sumida en el caos. Pero no da la impresión de que esté consiguiendo mucho. Y para descubrir talento tampoco se mueve: sin salir de casa encuentra al talentoso hijo.

Así éste come y bien gracias al erario público que cubre el déficit de Renfe.

Igual el problema serio es saber de quién es Renfe. ¿De la Administración General del Estado o de sus empleados? Si es de los empleados, quizás que aporten ellos el dinero que falta. O que les asocien el sueldo a la puntualidad.

En el caso de Rodalies es evidente que, con el permiso del presidente de Renfe, los que mandan son los maquinistas. Ellos deciden cuando hay seguridad y cuando no la hay y ellos deciden si trabajan o no trabajan. ¿Abrirles un expediente? Ni hablar. Son capaces de hacer una huelga y paralizar el servicio, debe de pensar Álvaro Fernández Heredia.

Y tendría razón si no fuera porque ya lo hacen cuando quieren y como quieren.

Que Renfe haya consentido el desplante perpetuo de este colectivo es parte del problema.

Un colectivo que nunca, jamás, ha tomado una sola decisión que contribuyera a paliar el mal servicio de los trenes. Al contrario, si cae un rayo, paran; si llueve, paran; si hace calor, paran. Y si no tienen ganas de trabajar, paran y se buscan un certificado falso.

Y Álvaro Fernández Heredia, con el beneplácito de Óscar Puente, ministro del ramo, lo consiente.

Dicho sea de paso, los maquinistas que menos, los recién entrados como aquel que dice, perciben un salario que supera en un 25% el salario medio en España. Y luego, por el simple hecho de que pasen los años, les van subiendo el sueldo y no hay peligro alguno de perder el puesto de trabajo.

Sería poco adecuado pedir que les bajen el sueldo, pero algo habrá que hacer con la peña, más dedicada a provocar problemas que a resolverlos.

No hace mucho un laboralista ha hecho una sugerencia que tal vez deba ser estudiada: que cuando haya una huelga y se descuente la parte preceptiva del salario a los trabajadores, dejen de cobrar también los representantes sindicales.

En Renfe sería poco efectivo, porque la dirección no considera oportuno descontar nada, no sea que vayan a enfadarse más aún y le compliquen la vida a la dirección y al ministro. Pero en otras empresas públicas (por ejemplo, TMB, que también anda estos días con huelgas que castigan a los trabajadores) igual servía para algo.

Curiosamente, tanto en TMB como en Renfe dominan los sindicatos corporativos y gremialistas, cuyo éxito electoral a veces acaba arrastrando a Comisiones y a UGT. Es lo mismo que pasa con los partidos: cuando el viento sopla a favor de los populismos, con Vox a la cabeza, otros partidos compran sus propuestas, aunque sean contrarias al propio ideario.

Esta vez, al menos, el Gobierno catalán ha denunciado la actitud de los maquinistas. ¡Ya era hora! Ahora sólo falta convencer a quien corresponda de que ellos no son expertos en seguridad, que son unos mandados y no los que mandan. Claro que antes deben explicárselo al director de Renfe y al ministro de Fomento. Quizás pueda ayudarles el director general del Talento. O su hijo.