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Los Mossos d'Esquadra durante una identificación en Barcelona

Los Mossos d'Esquadra durante una identificación en Barcelona EUROPA PRESS

Opinión

Frente a los desestabilizadores, convicción cívica y poder para los Mossos

"Una buena parte de los identificados por los Mossos este sábado en Barcelona fueron menores. Y eso plantea un debate serio en Barcelona y en el conjunto de Cataluña. Es vital que se refuerce la cultura cívica y eso pasa por las instituciones, pero principalmente por los padres de esos menores"

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El peligro seguirá latente. Las convocatorias en redes sociales que animan a concentraciones en los centros de las grandes ciudades se mantendrán, y muchos jóvenes y menores caerán en la tentación de ser héroes por un día, con robos de artículos tecnológicos o zapatillas de marca. Será complicado para las autoridades locales de Barcelona, Roma, Milán, París o muchas otras urbes bloquear esas multitudes, pero el camino es el que se siguió este sábado en la capital catalana, con más de 1.000 identificaciones por parte de los Mossos, que se activaron con precisión ante una nueva convocatoria de ‘Blocus’ en el centro de Barcelona.

Lo que sucede es nuevo, porque es producto de la potencia de las redes sociales. Detrás de todo hay intereses concretos. Las ciudades de la Unión Europea, las que todavía creen en regímenes liberales democráticos, son el objeto de desestabilizadores, que buscarán el desconcierto y el caos y que tienen un fuerte acento ruso. Es la pista en la que trabajan, por ejemplo, los servicios de inteligencia italianos, tras las algaradas en Milán.

La preocupación se ha instalado en esas grandes ciudades europeas, tras conocer que en el este de Europa el pavor es mucho mayor. Se califica de ‘guerra híbrida’, con la Rusia de Putin como gran propagadora de ese movimiento, que busca una Unión Europea más débil, con la ayuda interna de la ultraderecha, que va tomando el poder o está a punto de alcanzarlo, sea Francia o en breve en España.

Alcaldes como Jaume Collboni, firme en la posición de rechazo, al margen de sus pocas competencias en seguridad, deben insistir en pedir la implicación de toda la sociedad.

¿Es una posición exagerada? La paradoja es que son menores y adolescentes locales los que han caído en esas redes, y se desplazan a los centros de las ciudades para robar y pasar una tarde peligrosa, como si fuera un videojuego.

Una buena parte de los identificados por los Mossos este sábado fueron menores. Y eso plantea un debate serio en Barcelona y en el conjunto de Cataluña por lo menos. Es vital que se refuerce la cultura cívica y eso pasa por las instituciones, pero principalmente por los padres de esos menores.

No hay motivos políticos o sociales y sobran las excusas o las explicaciones para ‘entender’ esas acciones. Malestar hay, y sí, hay cuestiones que deben resolverse y colocarse en lo más alto de la agenda pública. La vivienda, los salarios bajos, la calidad de la educación pública, que, en este caso, plantea la duda de si, en realidad, se prefiere que se vaya degradando poco a poco, en beneficio de la concertada y la privada.

Todo eso es cierto. Pero lo que se ha visto en esas movilizaciones es un peligroso nihilismo. Se va a robar y a destrozar mobiliario urbano. Sin más. Y lo hacen menores, y adolescentes que –aunque no vean colmadas sus expectativas vitales, tienen hoy una red de la que no se disponía hace unas décadas.

Y no vale esa idiotez que se ha puesto de moda, la necesidad de estar allí donde hay que estar, sea en una concentración para robar zapatillas o en un concierto de pop, eso que se denomina FOMO, Fear of Missing Out, una auténtica absurdidad.

La otra cuestión es la actuación policial. Los Mossos, bajo la autoridad de la consellera Núria Parlon, que lo tiene muy claro desde su etapa como alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, organizaron un fuerte dispositivo con detenciones a responsables de ‘Blocus’ y con un millar de identificaciones que serán clave para comprender el fenómeno.

La contundencia policial, cuando sea precisa, es fundamental. Y no valdrá luego la crítica fácil con acento social sobre qué sociedad queremos.

Se deben exigir reformas y todas las manifestaciones para forzarlas serán pocas si el sistema político se enroca. Pero el pillaje y el nihilismo no lleva a ninguna parte. Salvo a una, claro: hacer el juego a líderes autoritarios que han decidido que la Unión Europea les estorba.

Lo que está en juego es la democracia liberal. Y en Barcelona hay que defenderla.