Lo del crepúsculo de la las ideologías ya lo vaticinó y defendió el ideólogo y ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora el año 1965. Y ahora se ha apuntado al carro Sandro Rosell, presunto candidato a la alcaldía de Barcelona con una lista “ni de izquierdas, ni de derecha, sin partidos”, si consigue alistar las suficientes personas dispuestas a secundarle para jugar a la antipolítica como su contrincante Ada Colau jugaba a antisistema. Que Rosell se mueva en el espacio de la nada ideológica del ni de derechas ni de izquierdas, sino todo lo contrario, y lo confíe todo a la gestión, gestión y más gestión, ya le retrata como personaje desorientado y sin rumbo claro.

Un aspirante a liderar Barcelona que afirma huir de las ideologías no resulta de fiar, ya que sería un veleta al albur de los vientos que soplen, lo que podría hacerle parecer un oportunista. Y hasta sus personas de confianza le recuerdan que “la no política, es también política, desde un punto de vista filosófico”. Pero como la filosofía no suele ser el punto fuerte de los presidentes y expresidentes del Barça, Rosell va a la suya, igual que el extinto e inolvidable Jesús Gil, presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella. Siempre ambiguo, Rosell igual da a entender que podría aliarse con Xavier Trias y hasta con el forajido de Waterloo, como promete ser el Llanero Solitario de la gestión, gestión y nada más que gestión. Y parafraseando al pensador Johan Cruyff: si la pelota de la gestión entra, gol y si no entra, no gol.

 

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