Javier Melero se siente liberado. No debe dar cuentas a nadie, y ningún cliente podrá quejarse de lo que pueda interpretarse en sus novelas.
Abogado, --ya no ejerce-- con un papel importante en el proceso independentista, como letrado del ex concejal del Ayuntamiento de Barcelona y ex consejero de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, conversador frecuente con Jordi Pujol, siempre escritor en publicaciones culturales --con una especial querencia por la crítica musical-- Melero tiene voz en la vida pública en Barcelona, a través de sus colaboraciones periodísticas.
Y acaba de publicar una novela judicial, Crímenes decentes (Tusquets) en la que refleja esa influencia: un retrato sobre la Barcelona del poder, la que puede pagar buenos abogados, la que se parapeta ante cualquier inconveniente, con detalles ilustrativos también sobre “el capitalismo español”, grandes empresas siempre pendientes –y que sobreviven gracias a ello— del poder político.
Javier Melero, autor de 'Crímenes decentes', en la entrevista con 'Metrópoli'
El abogado Rovira, su alter ego, es contratado por un gran empresario que tiene un hijo sobrepasado, que ha decidido tirar su vida por la borda. “Es algo que vemos en muchas ocasiones, gente joven que lo tiene todo y que se abandona. Muchos fiscales se preguntan por qué, pero así es la vida”, relata Javier Melero en esta entrevista con Metrópoli.
La novela es trepidante, con varios planos de lectura. Aparece también la influencia de algunos periodistas, un tal Costa, que rima con algún periodista de Barcelona, y que en Crímenes decentes no acaba bien. Pero Melero ha querido escribir de su propia ciudad, con el lamento de que “en muchísimas calles, Barcelona ha dejado de existir”.
Y de ello habla en profundidad con Metrópoli, de la transformación de una ciudad que tuvo “un consenso socialdemócrata”, y que ahora “ya no se reconoce por los propios locales”.
Al abogado Rovira no le gusta esa ciudad. “Y, tal vez, a Melero tampoco”, asegura, cuando se le pregunta por esa dualidad, por ese personaje que desayuna en el Bar Mauri, o que se deja invitar en el Vía Veneto, o que maldice la iglesia de San Gregorio Taumaturgo, en la plaza homónima de Sarrià-Sant Gervasi.
Portada de la novela de Javier Melero
Melero, que presentó la novela en el Dry Martini junto a sus amigos de siempre, entre ellos Ramón de España –comparten una misma visión sobre la evolución de la ciudad, agravada por el hecho de que el periodista y escritor, colaborador de Metrópoli, perderá de forma definitiva su piso este mes de junio tras adquirir el edificio un fondo de inversión— señala el cambio: “A partir de los Juegos del 92 la ciudad se embelleció, se vendió como marca, la marca Barcelona, y ahora ya se ha vendido, la mercancía se ha comido la ciudad. Ahora la miramos y no nos gusta”. Y que para el abogado y escritor “nos hemos entregado a la única industria tóxica legal que es el turismo”.
La visión de Melero es dura. Aunque con una mirada que a veces se podría confundir con un cierto cinismo, el escritor que está detrás del abogado Rovira entiende que Barcelona ha mutado por completo.
“Hay una clase rentista, lejos ya de una clase industrial. Y luego hay un subproletariado de servicios, que se deberá ir a vivir a Teruel, para ejercer de camarero en Barcelona”, asegura, en referencia a la dificultad para alquilar o comprar una vivienda en la capital catalana.
El abogado Melero, que profesionalmente se ha ganado muy bien la vida, observa la ciudad, el “cambio continuo de negocios”, el hecho de que la propia Barcelona “esté en venta”, y cree que hay otros caminos.
Javier Melero, en la entrevista con 'Metrópoli'
La paradoja es que cuando una ciudad mejora, cuando es atractiva y se pone en el escaparate, eso equivale a malas noticias para los locales. ¿Qué se puede hacer?
Melero no toma tiempo para responder. Lo tiene madurado. “Hay otras ciudades que no necesariamente han tomado ese modelo. Pienso en Zúrich, por ejemplo, u otras urbes europeas”, asegura.
Con el Ayuntamiento de Barcelona, liderado hoy por el alcalde Jaume Collboni, preocupado por esos excesos --Collboni se mantiene firme en retirar las licencias turísticas a finales de 2028--, Melero entra de lleno en las condiciones que se mantienen para permitir un determinado modelo. Es decir, no culpa tanto a los inversores internacionales o nacionales, como al marco legal que incentiva esa dinámica. “Es una cosa rarísima, nos estamos cargando a nuestros ciudadanos y damos subvenciones fiscales a quienes están haciendo eso”, señala.
¿Castigar a multipropietarios, limitar adquisiciones de edificios enteros? El abogado Melero-Rovira se adentra en otro camino: “El problema es que la vivienda se considere un producto financiero, cosa que no sucede, por ejemplo, en la industria farmacéutica, donde hay regulación clara. No entiendo que no se pueda especular con la penicilina, pero sí con la vivienda”.
El modelo de Barcelona sigue en la retina de Javier Melero. Con todo dispuesto a conmemorar el centenario de la muerte de Antoni Gaudí --el 10 de junio-- el abogado cree que la ciudad es mucho más. “Parece que todo el mundo sea íntimo de Gaudí y no hayamos pasado del Modernismo”, asegura, en relación a un posible abuso, al hecho de que Barcelona vive de cara al turismo bajo el influjo del Modernismo, donde Gaudí es la pieza central.
Al protagonista de Crímenes decentes, el abogado Rovira, “no le gusta la Barcelona que ‘tiene que gustar’”, asevera Melero, que refleja en la novela muchos rincones y barrios de la ciudad, desde un ya desconocido Poblenou, hasta la plaza Espanya, los barrios de la Upper-Diagonal o Vallcarca.
¿Y la Barcelona del poder, la que reclama esos movimientos urbanísticos, la que vive de esas rentas que proporcionan los alquileres de edificios enteros? ¿Qué teme?
Melero entiende que vive “parapetada ante cualquier cosa”. Por tanto, “cualquier crisis llega siempre amortiguada”.
Ahora bien, como si fuera Sandro Giacobbe, con su canción Jardín Prohibido, ‘lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo’, Javier Melero no dudaría en defender a un fondo buitre si llegara el caso: “Defendería a los fondos buitre con mucho gusto y una buena provisión de fondos”.
Surge el abogado Melero, y el abogado Rovira, partidarios los dos de actuar con la máxima profesionalidad. Pero ha irrumpido y con fuerza el escritor Javier Melero, que ya despuntó con sus anteriores obras, Frágil virtud y el ya clásico El encargo.
