Todo el mundo recuerda dónde estaba el 19 de junio de 1987. A las 16:12 horas, ETA cometía su primer y mayor ataque terrorista contra población civil. El coche bomba situado en el aparcamiento del Hipercor de la Meridiana pondría punto y final a la vida de 21 personas. Otras 45 resultarían heridas. Sin embargo, el ataque no se circunscribió solamente a los hechos de la tarde del viernes ni a sus días posteriores. Las poliédricas consecuencias del atentado todavía perduran 30 años después.

CRONOLOGÍA DEL ATAQUE

A las 15:15 horas del viernes 19 de junio de 1987, un comunicante de ETA avisa a la Guardia Urbana de la colocación de un artefacto explosivo en el Hipercor. Según indica el anónimo, la bomba está programada para las 15:30 horas. El cuerpo de seguridad de Barcelona traslada el aviso al Cuerpo Nacional de Policía (091) a las 15:20 h, mientras que el diario 'Avui' recibe una nueva llamada a las 15:25 horas advirtiendo de la colocación de la bomba. Según explica el comunicante al medio de comunicación, policía e Hipercor ya están avisados.

A las 15:28 horas llega al centro comercial la primera patrulla de la Policía Nacional. En la entrada le espera su director, Joan Lladó Llagostera y el jefe de seguridad del centro. Tres minutos después, se presentan también un nuevo coche de la Policía Nacional, una patrulla de la Guardia Urbana y agentes de la brigada judicial de la comisaría de Sant Andreu. En dicho momento, el reloj marca las 15:30 horas. Es el instante en el que debería explosionar la bomba.

EL DIRECTOR DEL HIPERCOR SE NIEGA A DESALOJAR

Ante la presencia de los agentes, la encargada de la centralita del hipermercado explica haber recibido una llamada. Según le ha comunicado el interlocutor, en el local hay una bomba. El jefe de seguridad también admite haber recibido una llamada del diario 'Avui' alertando del artefacto. Sin embargo, el director del Hipercor rechaza desalojar el centro.

Tal como esgrime Lladó, la hora prevista para la explosión ya había pasado y la misma empresa se había encargado de montar un dispositivo de seguridad para rastrear el local con sus propios empleados. Los agentes deciden esperar fuera por si les piden ayuda, pero a las 16:05 horas reciben una llamada de sus superiores, instándolos a volver a su servicio normal. Solo 7 minutos después, estalla el artefacto escondido en un Ford Sierra.

SANT ANDREU SE MOBILIZA

Instantes después de la explosión, los primeros curiosos se acercan al centro comercial desconcertados. Uno de ellos es Jaume Domènech. Él, presidente de la Associació de Veïns de Sant Andreu de Palomar, se acerca cámara en mano hasta el lugar de los hechos. "Creía que era algo menor, iba a echar algunas fotos para el 'Cap a Peus'" [la revista de cabecera de la entidad y que él también dirigía]. Minutos después, se da cuenta de la magnitud de la tragedia y, junto a sus compañeros de la asociación, convoca una reunión nocturna de urgencia en la sede de la entidad. A ella asisten casi todas las organizaciones sociales y políticas de Sant Andreu.

A media noche, las consignas están claras. Se anula el acto reivindicativo para recuperar la Rambla de Fabra i Puig; se convoca una manifestación de rechazo para el domingo a las 12 de la mañana y se redacta un manifiesto. Al día siguiente, Sant Andreu se despierta anegado de banderas catalanas con crespón negro.

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PRIMERA MARCHA CONTRA EL TERRORISMO

La convocatoria de las siete entidades vecinales es un éxito. 70.000 personas se reúnen ante el hipermercado. El silencio solo es roto por los aplausos y algún que otro grito aislado a favor de la pena de muerte. El presidente de la AVV de Sant Andreu de Palomar pide "total respeto a la vida humana" en la lectura del manifiesto. Este texto, representativo y firmado por todas las entidades presentes, condena "de manera clara y contundente el criminal atentado que se ha producido en el corazón de un barrio pacífico y trabajador".

Horas más tarde y una vez disuelta la concentración ciudadana, ETA reivindica el atentado. En el comunicado enviado a la agencia France Presse y a distintos medios de comunicación vascos, la banda terrorista califica el "triste suceso" de "grave error". Tal como reflexiona a día de hoy Domènech, "parece ser que el objetivo de ETA era el desalojo del centro para después matar a los artificieros de la policía". Una tesis reforzada por el comunicado que también emitiría Herri Batasuna. Por primera vez, el grupo político critica una acción de la banda terrorista, aunque sin escatimar responsabilidades entre quienes no desalojaron el centro.

LAS FALSAS BOMBAS

Al acabar la manifestación, el portavoz y asesor jurídico de Hipercor, Roberto Guirado, expresa la siguiente lapidaria recogida por El País: "La razón de por qué no se produjo el desalojo es algo que nadie podrá saber nunca". Según destaca, los almacenes reciben cada día multitud de llamadas telefónicas que anuncian la colocación de falsas bombas. Aquel 19 de junio, la centralita del 091 de Barcelona recibió una veintena de avisos bomba.

De hecho, a las 16 horas (una vez ya había estallado el artefacto), el diario 'Avui' recibiría una nueva llamada anónima afirmando que había otra bomba en el centro comercial. Falsa alarma. Horas más tarde, otro hombre llamó para notificar de un nuevo explosivo en un centro comercial distinto. Tampoco había nada.

Circunstancias que, bajo el punto de vista de Domènech, no tienen parangón alguno: "en el caso de Hipercor hubo tres avisos; tres: Urbana, centro comercial y diario 'Avui'. En su opinión, el paso de los días evidenció la fuerza que tuvieron determinados poderes fácticos como El Corte Inglés para modular el discurso de los medios de comunicación. La línea oficialista se terminó imponiendo en los titulares de la prensa.

ETA, PUNTO DE INFLEXIÓN

Escasos días antes del atentado se celebraron las elecciones europeas. "Hasta aquel entonces, el independentismo catalán miraba hacía el País Vasco; era referente", sostiene el ahora ya expresidente de la entidad vecinal. En el caso de Catalunya, el movimiento independentista pidió el voto por Herri Batasuna. "Lógicamente, no era ETA", recuerda Domènech. Pero ello no quitó que "desde la prensa oficial se utilizara para machacar el independentismo vasco y catalán", señala.

Sin embargo, el primer ataque contra población civil "provocó un cambio político", asegura. Una nueva forma de construir el discurso soberanista que, de todas formas, no escapó de las presiones del Estado. "Nos decían que eramos igual de terroristas", rememora Domènech al insistir sobre las responsabilidades del Estado.

El tiempo terminó dando la razón al representante vecinal. Su discurso, minoritario en los platós de televisión, terminaría recibiendo el aval del Supremo: "Solo pedíamos que se investigara la actuación policial, como hoy en día sucede en los atentados que pueda haber en el Reino Unido o Francía; esclarecer las posibles negligencias policiales", señala.

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EL ESTADO, RESPONSABLE SUBSIDIARIO

Tuvieron que pasar 10 años para que la sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo estableciese "la responsabilidad de la Administración del Estado en el resultado final por la pasividad o conducta omisiva de las Fuerzas de Seguridad y Policía en estos hechos", al no haber desalojado los almacenes después de las tres llamadas anónimas.

Sí, el Tribunal Supremo era consciente que los terroristas eran los responsables directos del atentado. Pero no por ello el órgano judicial le restaba responsabilidades. Una cosa no quitaba la otra. Tal como queda recogido en la sentencia, el Supremo condenó finalmente al Estado como responsable civil subsidiario. "Vimos como, después de todo lo que nos habían dicho, el Supremo nos daba la razón", apunta el expresidente de la AV de Sant Andreu de Palomar. Sin embargo, los responsables de Hipercor no se vieron amenazados por la justicia. La empresa del grupo El Corte Inglés logró llegar a un acuerdo con las víctimas.

¿QUÉ FUE DE LOS TERRORISTAS?

Los responsables del ataque que se llevó por delante 21 vidas ya han sido procesados. Los primeros fueron Josefa Ernaga y Domingo Troitiño, quienes en 1989 fueron condenados a 749 años de prisión como autores materiales del ataque. Actualmente, ambos ya están en libertad tras la aplicación de la doctrina Parot. Troitiño salió del de prisión el 8 de noviembre de 2013, mientras que Ernaga tuvo que esperar a salir de la cárcel de Jaén el 17 de diciembre de 2014, tras cumplir 27 años y medio de condena.

Quienes continúan entre rejas son Santiago Arróspide Sarasola (Santi Potros) y Rafael Caride Simón, condenados en 2003 y 1993 respectivamente a 790 años y medio de cárcel. El primero como máximo responsable de la banda terrorista y el segundo como ideólogo del atentado y participante en el mismo. Si bien Potros no obtendrá la libertad hasta 2025, de Caride cabe destacar su singular relato. Es el único que ha admitido su error ante una de las víctimas de Hipercor, Roberto Manrique. Según recogió entonces La Vanguardia, el terrorista le expresó a Manrique sus disculpas en un encuentro inédito: “Lo siento en el alma, estoy tremendamente arrepentido”, confesó.

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