La metamorfosis del entorno de la futura estación de la Sagrera pisa el acelerador. La inmensa brecha ferroviaria que durante décadas ha fracturado la ciudad se prepara para dar paso a un nuevo tejido urbano.
El epicentro de esta transformación inminente será el Sector Prim, una gran bolsa de suelo situada en el extremo que colinda con el Besòs y que está llamada a acoger el primer gran desarrollo de viviendas vinculado a la esperada terminal de alta velocidad, cuya finalización se prevé en unos seis años.
Para que los nuevos pisos, zonas verdes y calles peatonales vean la luz, Barcelona deberá borrar primero la huella de su pasado industrial. Según las previsiones que maneja la empresa pública Barcelona Sagrera Alta Velocitat (BSAV), encargada de gestionar esta macrooperación, a mediados de 2027 comenzará el derribo masivo de una treintena de antiguas fábricas, talleres y garajes que todavía ocupan la zona.
Estado de las obras en La Sagrera
56.000 metros cuadrados
La operación de limpieza del terreno será monumental. Las naves condenadas a desaparecer suman un total de 56.814 metros cuadrados. El plan urbanístico juzga estos viejos inmuebles totalmente incompatibles con el nuevo modelo de barrio, diseñado para priorizar la vegetación, los amplios espacios públicos y la restricción del tráfico rodado.
En total, figuran 36 direcciones distintas que serán reducidas a escombros. La purga industrial se concentrará principalmente en la calle Santander (16 locales), la Rambla Prim (9), la Via Trajana (6) y la calle Bonaventura Gispert (5).
La transformación será tan profunda que de estas cuatro grandes parcelas apenas quedarán en pie tres elementos que han sido indultados: el instituto Salvador Seguí, la histórica masía de Can Riera y el muro de la riera de Horta.
El consistorio ya ha advertido que se tomarán medidas especiales durante las obras para minimizar el impacto acústico y ambiental en el centro educativo.
El amianto: un sobrecoste oculto en los tejados
El proceso técnico previo a las demoliciones ya está en marcha. BSAV tiene previsto adjudicar en marzo la redacción de los proyectos de derribo, con el objetivo de tener los planes listos en septiembre de este mismo año. Solo en estos informes técnicos previos, la empresa pública invertirá cerca de 160.000 euros.
Render de la futura estación de La Sagrera
En una primera valoración, la empresa estima que los derribos costarán unos 5,15 millones de euros. Sin embargo, la factura final podría dispararse. Los pliegos de contratación alertan de un peligro: una gran cantidad de naves cuentan con cubiertas, techos y bajantes fabricados con placas de fibrocemento que contienen amianto, un material altamente tóxico cuya manipulación y retirada exige protocolos de seguridad muy estrictos.
Más de 3.300 viviendas y 85 millones de inversión urbanística
La erradicación de este polígono dará paso a un gigantesco proyecto residencial de 19 hectáreas, delimitado por la calle del Pont del Treball Digne y Jaume Brossa, encajado entre la futura ronda de Sant Martí y la calle Santander.
Sobre este lienzo en blanco se levantarán 3.360 pisos. Fiel al objetivo de atajar la crisis habitacional, el planeamiento estipula que la mayoría de los hogares, un total de 1.884, serán de protección oficial, mientras que los 1.476 restantes serán de promoción privada.
Si los calendarios se cumplen, el Ayuntamiento calcula que las obras para abrir calles y construir los edificios comenzarán entre 2028 y 2029.
Proyecto de obras de la nueva estación de La Sagrera
Todo este desarrollo requerirá una inversión mayúscula. Las labores de urbanización, que incluyen trazar nuevas vías y costear los derribos, ascenderán a 85,71 millones de euros.
El Consistorio adelantará este capital, que posteriormente será repercutido a los propietarios adjudicatarios del suelo a través de cuotas. Por otro lado, el planeamiento de 2022 también preveía unos 30,10 millones de euros en indemnizaciones--15,19 millones por las construcciones y 14,9 para compensar a las empresas con licencia en vigor que deban trasladar su actividad--.
Aunque todavía no hay una fecha fijada en el calendario para dar el barrio por inaugurado al 100%, la normativa establece un margen de 10 años para urbanizar, construir y comercializar las viviendas a partir del momento en que se apruebe definitivamente el proyecto de reparcelación. La cuenta atrás para el nuevo balcón de Barcelona hacia el Besòs ya ha comenzado.
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