Tere, una de las caras más visibles de la horchatería Tío Che en Barcelona BARCELONA
El Tío Che, la horchatería que resiste al paso del tiempo en Poblenou, prepara el relevo generacional: "No vamos a perder nunca la identidad del barrio"
Lo que comenzó con una familia alicantina que nunca llegó a embarcar rumbo a Argentina es hoy un refugio para varias generaciones de vecinos que siguen entrando a pedir "lo de siempre"
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Una mañana de julio en la histórica horchatería de la Rambla de Poblenou resume más de un siglo de historia del barrio. Entre vecinos de toda la vida, turistas curiosos y una quinta generación dispuesta a continuar el negocio, el Tío Che resiste sin renunciar a su identidad.
A las doce de la mañana el calor ya aprieta sobre la Rambla del Poblenou. Las mesas de la terraza empiezan a llenarse mientras las cucharillas chocan contra los vasos altos de cristal. Una pareja mayor entra sin detenerse a mirar la carta. Tampoco hace falta. Saben lo que van a pedir, como lo saben quienes los atienden.
En otra mesa, una familia comparte una copa de helado mientras un niño intenta alcanzar con la pajita el último sorbo de una horchata. Un hombre pasa por delante de la puerta, levanta la mano y saluda. Desde el interior le devuelven el gesto por su nombre.
En Tío Che las prisas parecen quedarse fuera. Los vecinos entran, saludan, preguntan por la familia y continúan una conversación que, en algunos casos, empezó hace décadas. Entre los clientes también aparecen turistas que llegan atraídos por las recomendaciones o por la larga cola que suele formarse en verano. Comparten espacio sin que unos desplacen a los otros. La escena se repite cada día desde hace generaciones.
Horchatería El Tio Che en la Rambla de Poblenou BARCELONA
Más de cuarenta años en la horchatería
Detrás del mostrador está Teresa, aunque todos la conocen como Tere. Lleva más de cuarenta años trabajando en la horchatería. Se define con humor como "la postiza", porque llegó a la familia al casarse con el bisnieto del fundador, pero es el rostro que cientos de clientes identifican con el establecimiento.
Mostrador de la Horchatería El Tio Che en la Rambla de Poblenou BARCELONA
La historia del negocio comenzó mucho antes de que la Rambla del Poblenou se llenara de terrazas y hoteles. En 1912 una familia de La Nucia (Alicante) llegó a Barcelona con un objetivo muy distinto al de abrir una horchatería. "La intención era ir a hacer las Américas", explica. Su destino era Argentina. Nunca llegaron.
"El barco que tenía que llevarlos no lo cogieron. Mientras esperaban tuvieron que empezar a trabajar. Sabían hacer horchata de chufa y empezaron a hacerla de una manera muy rudimentaria. Por suerte para nosotros, no se fueron y se quedaron aquí", bromea Tere mientras se coloca en delantal.
De vendedores ambulantes a la Rambla de Poblenou
Aquellos primeros vasos de horchata también dieron nombre al negocio. Como la bebida era prácticamente desconocida en Barcelona, los vendedores recorrían las calles invitando a probarla.
"Salían con el vaso en la mano diciendo: 'Che, prueba, che, prueba, che, prueba'. Y el 'che prueba' se quedó con el 'che' y nació el Tío Che", cuenta entre risas.
Fotos antiguas de la horchatería de El Tio Che BARCELONA
Primero fue la Barceloneta. Después un local en el Poblenou. Finalmente, desde 1940, la familia se instaló en el mismo lugar donde continúa hoy, en la Rambla del Poblenou.
En más de un siglo el barrio ha cambiado casi por completo. La antigua Manchester catalana dejó atrás las chimeneas, las fábricas textiles y los talleres para abrirse al mar tras los Juegos Olímpicos de 1992. Llegaron hoteles, nuevos vecinos y un turismo que transformó la fisonomía de la zona.
"Seguimos haciendo las cosas igual que siempre"
Tere no reniega de ese cambio, pero sí marca una línea roja.
"Está bien que vengan turistas, porque nosotros también somos turistas en algún momento de nuestra vida. Pero si el negocio ya se abre solo para ellos, entonces estamos perdiendo la identidad del barrio. Y nosotros eso no lo vamos a perder nunca, espero".
Clientas en el mostrador de la horchatería Tío Che de Poblenou BARCELONA
Su forma de resistir ha sido sencilla: seguir haciendo las cosas prácticamente igual que hace décadas. La maquinaria ha evolucionado para facilitar el trabajo, pero las recetas permanecen intactas.
"Seguimos haciendo las cosas igual que siempre. Con maquinaria más moderna pero todo igual".
Un negocio generacional
La clientela también se parece mucho a la de hace décadas. Solo que ahora los nietos ocupan el lugar de quienes un día llegaron de la mano de sus abuelos.
"Somos un negocio generacional. Han pasado de los bisabuelos a los padres, a los hijos y a los nietos. Y con los clientes pasa exactamente lo mismo. Hay gente que venía con sus abuelos y ahora viene con sus hijos". Ese vínculo explica por qué Tere rechaza algunas ideas que otros considerarían un paso lógico hacia la modernización.
Interior de la barra del Tio Che BARCELONA
Hace poco alguien le propuso instalar pantallas digitales para hacer los pedidos. "¿Tú crees que sería factible para Tío Che perder el contacto con la gente? Yo no lo haría", responde con contundencia.
Porque buena parte del negocio sucede antes incluso de servir una horchata. Está en las conversaciones, en los saludos y en las historias que se cruzan entre las mesas.
"Venir aquí es un momento de felicidad. Ya sea solo, en compañía, con amigos o con la familia. Te tomas una horchata, un helado o un granizado. Es tu momento de relax".
Un nuevo relevo
Mientras muchos comercios históricos del Poblenou han bajado la persiana, Tío Che prepara ya un nuevo relevo. La quinta generación de la familia asumirá el negocio cuando Tere y su marido den un paso atrás.
"Por suerte ahora hay una quinta generación que va a continuar", dice con cierto alivio. No oculta que mantener un negocio familiar en hostelería exige sacrificios.
"Vamos al revés del mundo. El día que hace más calor y es festivo es cuando más trabajo tenemos. Los veranos no puedes estar con tus hijos. Necesitas que alguien los cuide porque tú estás aquí". Aun así, su hija Irene ha decidido continuar.
Durante dos años trabajarán juntas antes de la jubilación definitiva de Tere. Después llegará el momento de disfrutar de los nietos y dejar atrás los quebraderos de cabeza del negocio.
Un negocio que resiste al paso del tiempo
La mañana sigue avanzando. En la terraza continúan llegando clientes. Algunos hacen fotos a las copas de helado antes de probarlas. Otros ni siquiera levantan el móvil. Se limitan a saludar, sentarse y pedir lo de siempre.
Clientes esperando para pedir en el mostrador de la horchatería Tío Che de Poblenou BARCELONA
Quizá ahí resida el secreto de Tío Che. En una Barcelona que cambia a toda velocidad, todavía quedan lugares donde la fidelidad no se mide por los algoritmos ni por las tendencias, sino por la capacidad de reconocer a quien cruza la puerta. Aquí, después de más de un siglo, el barrio sigue entrando como si estuviera en casa.