Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
El Col·legi Miró se despide tras 75 años: la historia de tres generaciones al frente de una concertada de barrio en Barcelona
El director de la escuela, Eduard Miró, cuenta cómo su familia se ha dejado la piel a lo largo de las décadas, desde su padre hasta su hija
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La familia Miró ha vivido entre aulas. Las paredes de la escuela de la calle Cristóbal de Moura, 153, cuentan una historia llena de dedicación y entrega por la enseñanza. Es una historia única en sí misma, pero con un desenlace que comparten cada vez más pequeñas escuelas concertadas de alta complejidad repartidas por Barcelona.
La escasez de recursos, los retrasos en los pagos de las subvenciones y el descenso de la natalidad han acabado asfixiando el Col·legi Miró y lo han llevado a su cierre definitivo.
Durante 76 años, tres generaciones de la familia Miró dedicaron su vida a una escuela por la que también pasaron hasta cuatro generaciones de vecinos del barrio.
“Nos hemos dejado la piel”, asegura Eduard Miró, el actual director de la escuela.
Un aula del Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
El nacimiento de la academia
Eduard recuerda que su padre, Magí Miró, llegó a Barcelona desde Les Peces, un pequeño pueblo de Tarragona. Allí había trabajado como campesino junto a su padre elaborando vino, que ambos transportaban en un carro tirado por mulas hasta la capital catalana para venderlo.
Sin embargo, Magí Miró ya tenía vocación de maestro. En 1947 fundó la Academia Miró en un local de la calle de la Agricultura de Barcelona y, tres años después, adquirió el terreno de la calle de Cristóbal de Moura, donde la escuela echaría raíces y la familia acabaría estableciéndose durante décadas.
El Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
"Todo el entorno era rural y estaba rodeado de fábricas. Mi abuelo lo llamaba 'el barrio del tomate'", comparte Eduard, en alusión al Sant Martí de Provençals y el Poblenou de aquella época.
Para el barrio
El Col·legi Miró nació como un centro privado, con cuotas muy bajas para las familias trabajadoras que vivían en la zona.
El nivel era “muy alto, exigente y con excelentes resultados”, afirma el actual director.
Además, su padre, que tenía muchos conocimientos en latín y griego, quiso incorporarlos en el logo de la escuela. Las letras griegas significan: “Enseña. Instruye”.
Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
Una vida dedicada a la enseñanza
Para sacar adelante el proyecto educativo, Magí Miró contrató a una maestra de párvulos, Dolors Saladrigas 'Lolita', la madre de Eduard.
“Al poco tiempo la invitó al cine, le pidió matrimonio y ambos se instalaron a vivir en el primer piso del edificio, donde formaron una familia”, explica Eduard emocionado.
Con los años, Lolita se convirtió en una de las maestras más recordadas del colegio.
Un aula de infantail del Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
Los antiguos alumnos aún evocan los dibujos que realizaba cada viernes por la tarde con tizas de colores sobre la pizarra, obras efímeras de las que nunca llegó a hacerse ninguna fotografía, narra Eduard.
La maestra falleció el pasado 23 de junio, en la víspera de Sant Joan, apenas cuatro días después del cierre definitivo del Col·legi Miró.
"La señora Lolita se apagó prácticamente al mismo tiempo que la escuela, poniendo fin a casi 80 años de historia", lamenta Eduard.
47 años de dirección
Eduard empezó a dar clases a los 19 años, igual que su mujer, Montse Gales, que se incorporó a la escuela con la misma edad. Juntos han codirigido el centro durante 47 años.
En este tiempo, el colegio ha ganado premios de poesía en los Juegos Florales de Perpiñán y los de Barcelona, además del premio Baldiri Reixac por ser la escuela que más promovió la enseñanza del catalán en un entorno totalmente castellanohablante.
Una clase del Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
Relevo generacional
El futuro del centro estaba asegurado. La hija de Eduard y Montse, Mar i Cel, y su marido Roger también son maestros y habrían continuado con la enseñanza en el centro.
Además, parte del profesorado eran antiguos alumnos de la escuela que han continuado estos años con el legado instaurado por Magí Miró.
“Nos ha condenado el desinterés de la Administración por cuidar la escuela más antigua del barrio, en la que han estudiado cuatro generaciones de familias. Ha habido bisabuelas que han llevado a sus bisnietas a nuestra escuela”, lamenta Eduard.
Fachada del Col·legi Miró de Barcelona Barcelona
El Col·legi Miró ha cerrado sus puertas definitivamente este curso 2025-2026, pero aunque sus alumnos ya han sido reubicados en otros centros, la huella de esta pequeña escuela de barrio y de la familia que la ha sostenido hasta superar el límite de sus capacidades seguirá formando parte de la memoria de Sant Martí y de Barcelona.