Miembros de la banda "de la L5" en un fotomontaje
El nuevo mapa de las bandas latinas en Barcelona: estructuras líquidas, menores y exposición en redes
Lejos de las jerarquías de los Latin Kings o los Ñetas, irrumpen facciones como los "de la L5" o "Los 300": grupos muy jóvenes que utilizan el tráfico de drogas y la música urbana como escudo para una violencia desenfrenada
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Barcelona y su área metropolitana asisten a una mutación en el ADN de las bandas latinas. Si hace una década el control policial se centraba en estructuras piramidales y simbólicas como los 'Latin Kings' o los 'Ñetas', hoy los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana se enfrentan a un fenómeno mucho más volátil.
Son bandas de "nueva generación", como "la de la L5" o "Los 300", que operan con un modus operandi donde la música urbana, el uso instrumental de menores y la movilidad en el suburbano son las piezas clave.
Fotomontaje con una señal cargada de simbología entre bandas latinas y el parque de Sant Martí de fondo
El "escudo" musical y las redes
Una de las grandes diferencias de estas nuevas bandas, como la radicada en el barrio de Sant Ildefons de Cornellà, es su camuflaje. Ya no se esconden en parques oscuros, sino que se exponen en YouTube e Instagram bajo la apariencia de "grupos musicales".
Fuentes cercanas a la banda "de la L5" detallaron a Metrópoli que sus cabecillas --perfiles que mezclan nacionalidades peruanas, puertorriqueñas o chilenas-- utilizan videoclips de música urbana para alardear de armas, dinero y drogas.
"Dicen que son un grupo musical, pero los videoclips sirven para lanzar 'tiraderas' (ataques verbales) a bandas rivales", explicaron las fuentes consultadas por este medio. Y es que esta exposición digital no es casualidad: funciona como herramienta de reclutamiento y como un desafío constante a grupos contrarios como 'Los Trinitarios' o los 'Black Panthers'.
Menores como "mano de obra"
Tanto "la de la L5" como "Los 300" comparten una estrategia común que trae de cabeza a los investigadores: el uso sistemático de menores de edad (15, 16 y 17 años).
Estos jóvenes son utilizados para las tareas de mayor riesgo penal, como el trapicheo de drogas o los ataques directos con armas blancas, aprovechando su perfil de inimputabilidad o las penas menores que reciben en centros como Can Llupià.
Videoclip de 'Los 300'
En el caso de "Los 300", la captación de menores es el motor de su actividad en el tráfico de estupefacientes. Por su parte, los "de la L5" utilizan a estos adolescentes para "resolver problemas" con bandas rivales, como se vio el pasado 5 de abril en la estación de El Coll-La Teixonera, donde se produjo un enfrentamiento a machetazos.
Para estos jóvenes, entrar en un centro de menores no es una deshonra, sino un galón: sus compañeros los graban desde fuera para "victimizarlos" y convertirlos en héroes del barrio en redes sociales.
Movilidad y territorialidad
A diferencia de las bandas históricas que se "quedaban" un parque o una plaza, estas nuevas estructuras son móviles. La banda "de la L5" debe su nombre a la frecuencia con la que utilizan la línea azul del metro de Barcelona para desplazarse desde su núcleo en Cornellà hasta el corazón de la capital o L'Hospitalet de Llobregat.
El suburbano no es solo un medio de transporte, sino un espacio de caza y de exhibición de poder. "La mayoría no tienen ni carnet de coche", detallaron las mismas fuentes.
Un desafío para la seguridad pública
La policía advierte que, aunque estas bandas no tienen --por ahora-- la infraestructura internacional de las grandes organizaciones criminales, su extrema violencia y su falta de jerarquía clara las hace más impredecibles. Se mueven por el "respeto" y la revancha inmediata.
La proliferación de machetes y armas blancas en manos de menores, sumada a una cultura que glorifica la delincuencia a través de la estética del videoclip, marca el nuevo reto de seguridad en Barcelona.