"Hola, ¿te quieres casar contigo misma?" Es la pregunta que le llegó un buen día a Mercè Espelleta, vecina de Horta, al correo electrónico. “¡Sí!”, respondió en voz alta, emocionada, sin saber siquiera de qué se trataba. Un mes más tarde, a finales de octubre de 2015, se daba el “sí, quiero” en Cádiz, en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro. La actriz Mercè Espeleta es una de las más de 40 mujeres españolas que se han casado consigo mismas. Simbólicamente, claro. Porque por muy innovadora y legítima que sea la propuesta, no tiene ninguna validez legal.

La tendencia, que se ha popularizado bajo el nombre de soligamia, se ha viralizado en estos últimos meses por la italiana Laura Mesi, de 40 años, que organizó una boda con 70 invitados, una tarta de cinco pisos y apareció con vestido blanco de novia para amarse eternamente en la salud y en la enfermedad a sí misma, hasta que la muerte la separe... de sí misma. Aunque el registro de la primera persona casada consigo misma lo tiene Linda Baker, que lo hizo en 1993 acompañada por 75 invitados.

¿Quién le mando ese mail a Mercè Espelleta? ¿Quién fue la casamentera? En este caso fue May Serrano, impulsora de la acción ¡Sí, me quiero!, que se realizó por primera vez en Cádiz en 2011 organizada por el colectivo Mujeres Imperfectas. El objetivo de esta acción es mostrar el compromiso de amor con uno mismo públicamente y abrir un debate sobre el modelo de amor romántico que impera hoy. “Si alguien quiere casarse en Barcelona, puedo ir e organizarlo”, cuenta la vasca May Serrano a Metrópoli Abierta.

Las novias a punto de casarse consigo mismas frente la catedral en Cádiz



Desde hace 18 años, Mercè Espelleta forma parte del Projecte Vaca, un colectivo de mujeres artistas que reivindican y visibilizan el potencial de las creadoras. Por eso Mercè iba al Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, como representante de la organización. Y por eso, May Serrano consiguió su correo electrónico. “Cuando me llegó el mail, estaba en un momento de introspección, reconociéndome a mí misma”, cuenta Mercè a Metrópoli Abierta. “Creo que todo llega a su debido momento, y a mí lo de buscar el príncipe azul me ha hecho mucho daño”, añade con serenidad la actriz barcelonesa, que ya se había casado civilmente en otras dos ocasiones.

UNA BODA PINTORESCA

No hubo luna de miel, ni banquete, pero la boda fue pintoresca. Las diez novias pasearon bajo el paraguas con sus vestidos –cada una con el que había elegido– por el centro de Cádiz, repartiendo invitaciones a desconocidos. Llovía, y por eso no pudieron casarse frente a la catedral, tal como estaba previsto, aunque no faltaron las fotos. El evento tuvo lugar en el Centro de la Mujer y la que casó a las novias de esta singular boda fue ni más ni menos que Ana Camelo, concejala de Mujer, Mayor e Infancia del Ayuntamiento de Cádiz, donde gobierna Podemos.

Estaban todas en fila y, de una a una, se acercaban a decir sus votos y Ana Camelo las casaba. Llegó el turno de Mercè, que llevaba preparados sus votos y los dijo en voz alta: “Renuncio a ser perfecta y a dejar la dependencia y los enganches”, en este caso, se refería a los hombres, a los que, según ella, siempre se ha supeditado. Siguió: “Me comprometo a ser feliz y a quererme mucho a mí y a los demás”. Para Mercè, este compromiso no significa no poder tener parejas. “Para mí la boda fue como la psicomagia de Alejandro Jodorowsky, quería que mi ser entendiera que sola soy autónoma y que no necesito a nadie”, cuenta Mercè, sonriendo. Las XL, una banda feminista y transgresora que canta canciones como El clítoris o Abandónate mucho, amenizaron el evento que terminó con un baile poco convencional.

La boda de Cádiz sirvió de inspiración a Mercè que creó una performance que ha representado en dos ocasiones en Barcelona. La primera fue hace un año con VaKabaret, una acción del colectivo de mujeres, en el marco del festival Novembre Vaca. La segunda vez que realizó la performance fue este mes de noviembre en la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona (UB), que organizaba unas jornadas de la mujer, coincidiendo con el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En la representación, Mercè se casa de nuevo y en su particular “boda” versiona la canción La novia de Antonio Prieto. Mercè coge aire y empieza a cantar su canción: “Blanca y radiante va la novia, llena de amor y de alegría”.

Mercè Espelleta con su vestido de boda en la Festa del Cinema en Català



En su acción, mientras recita, va repartiendo naranjas al público. Algunas feministas de la UB, según Mercè, la miraban raro y muy serias. “Os doy una naranja entera porque todos vosotros sois seres completos y no necesitáis buscar vuestra media naranja”, dice la actriz en el acto. La idea de las naranjas fue original de May Serrano y lo hicieron también en Cádiz. “Luego les dije a los asistentes que se levantaran y que, como yo, hicieran sus votos pero... no colaboraron mucho”, explica.

Mercè se considera una persona “progre” y confiesa que ha tenido varias relaciones sentimentales tóxicas. Sus amigos se emocionaron con la performance, pero comenta que su familia nunca se ha interesado demasiado por su faceta como actriz, que ha combinado con la de directora de cástings.

En las dinámicas del mundo de hoy, parece que todas las etiquetas necesiten una justificación. Hacia el final del encuentro, pregunto a Mercè, si esta acción reivindica la soledad. Silencio. “Sí, se trata de aceptar que si estás solo no es malo”, empieza con seriedad, “en la sociedad en la que vivimos nos enseñan que estar solo no es bueno. Y, en realidad, aprender a ser feliz estando solo, es muy importante”, añade Mercè, reconociendo luego que a ella le gustaría llegar a ese punto. “No es fácil en esta sociedad donde todo tienes que buscarlo fuera, en las personas y en los objetos. Hace no mucho entendí que no tienes que buscar nada, que todo está dentro”, concluye la artista, con los ojos bien abiertos, riendo y tocándose el pecho. Porque la boda, para ella, fue un símbolo de compromiso con la vida pero, ante todo, consigo misma.  

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