Esta artista camina mirando al suelo. No es porque esté deprimida, ni porque evite pisar ninguna caca de perro (o de humano), es porque busca inspiración. Literalmente. Las baldosas y las alcantarillas de las grandes ciudades son sus musas inspiradoras. La artista cabizbaja, una alemana con influencia portuguesa, se llama Emma France Raff y en 2008 fundó el proyecto Raubdruckerin con el que ha viajado a casi 30 ciudades.

Su modus operandi es único: pasea y pasea hasta que encuentra el ladrillo o tapa perfecta que le sirva de molde para su lienzo: la ropa. Entonces saca todos los elementos necesarios y pasa a la acción. Como si estuviera calcando un trozo de suelo empieza a dar color con un rodillo a las camisetas y bolsas básicas que lleva con ella. Luego deja secar las prendas al aire libre. Así lo ha hecho en ciudades como Atenas, Lisboa, París, Roma o la India. La gente observa boquiabierta.

En una de las ocasiones Emma visitó Barcelona, donde quedó fascinada con el panot de la flor y la mítica tapa de riego general de Aguas de Barcelona. Ahora vende las creaciones en su página web. La camiseta se encuentra por 59 euros, mientras que la mochila vale 25 euros y la bolsa 20 euros aunque, lamentablemente, ya está agotada. Su técnica de grabado low-tech manual es un éxito rotundo.

REVALORIZAR LAS CALLES

Uno de los objetivos del proyecto artístico consiste en explorar las calles y aceras de las ciudades para revalorizar los detalles llenos de historia que pasan ahora desapercibidos.

El valor añadido es que los estampados gráficos son exclusivos para camisetas, bolsas o mochilas. Todos ellos se han hecho en el espacio público de la ciudad en cuestión. Si uno compra la prenda es como si llevara una parte de la ciudad, un sello descontextualizado, un ready-made en el cuerpo. A fin de cuentas, Emma no hace arte callejero, hace de la calle un arte.