¿Hay silencio en una ciudad? ¿Es Barcelona una urbe que permite la reflexión y el diálogo con uno mismo? Hay momentos. El escritor David Escamilla sabe cómo encontrarlos, en el cruce entre Balmes y Gran Via. Eso sí, a las 2’13 de la mañana. O entre Enric Granados y Provença pasadas las ocho de la tarde, aunque, en ese caso, la concentración deberá ser mayor. Pero, ¿qué pensamos y que relaciones establecemos? Escamilla ha querido “navegar” por Barcelona, como él mismo señala, con un libro de poemas, titulado Barcelonàutiques (Stonberg), que tiene un final “cinematográfico”, otros dirán que triste. El testigo lo recoge el director teatral Sergi Belbel, que conoce bien a Escamilla, y que le pide por todas esas relaciones “rotas” o maltrechas que se viven en una ciudad “acogedora”, pero grande, una gran ciudad que provoca muchas emociones y también “miedos” sobrecogedores.

Escamilla y Belbel buscan esa ciudad humana. Lo hacen leyendo poemas, con un público que pide “ayuda”, en la librería Ona, que reclama consuelo, acompañamiento para los momentos más duros. En una ciudad con grandes acontecimientos, con “muchos turistas”, como destaca Belbel, es necesario encontrar un instante, un rincón para identificarse. Escamilla los ha elegido, con horas concretas. Su poemario es una historia de amor, que viene y va. Sus protagonistas saben que el final no será el que ellos desean, pero harán ver que no se han conocido, que aquello no pasó nunca.

David Escamilla y Sergi Belbel, en la librería Ona

Belbel, con una dicción que encandila al público, elige su poema. Tiene otros, pero abre se inclina por Assaig, porque habla del teatro, de su profesión, de lo que él siente muy a menudo. ¿Seguro? Escamilla esconde siempre otro significado, otra salida, que desconcierta al propio dramaturgo. “Et passes els dies assajant  / mai no s’aixeca el teu teló, /ni arriba el decisiu / dia de l’estrena. Ets incapaç de començar res de nou / Encara conserves massa passat dins teu.

La conversación avanza: surgen los miedos, el no querer asumir lo que uno lleva dentro, la fragilidad de todos, el vivir en una ciudad que es identificable, que se conoce “como el pasillo de casa”, pero que también abruma. Escamilla se concentra en cuatro puntos geográficos: en la confluencia de Balmes con Gran Via; en la Plaza Reial; en el cruce entre Diagonal y Tuset; y entre Enric Granados y Provença. Pero en cada una de esas zonas el horario es distinto. El poeta recuerda momentos, a las 2’13 de la mañana; a las 12’06 del mediodía; a las 17’28 de la tarde, o a las 20’32 de la noche.

Portada del libro de David Escamilla

Los dos bromean también. Los locales nocturnos permiten una “democratización del amor”. Lo señala Escamilla y Belbel le toma la palabra. Porque, ¿quién y por qué aguanta hasta horas avanzadas de la madrugada? Es el poema Selección Natural, que se incluye en esa zona de la Plaza Reial: “Hi ha locals que tanquen de matinada perquè si tots fóssim Giacomo Casanova la nit s’acabaria a primera hora de la tarda”. ¿Y el resto? "En una situación etílica y a altas horas, siempre hay una posibilidad". Risas. 

Hay más. Belbel habla de teatro, de su fascinación con la Berliner Ensemble, por la compañía de teatro que fundara Bertolt Brecht y por el control de las emociones. Creó una escuela, y un teatro propio. Y los dos insisten en los efectos que el propio teatro tiene en cada uno de los ciudadanos de una gran ciudad. ¿Vemos escenas, o vemos también imágenes de cine? Escamilla ve cine, y ve también fotografías. La ciudad da para todo ello. Y también para buscar el silencio, como el mejor método para favorecer la creatividad. “Nos da pavor ese silencio”, dice Belbel. “Claro”, contesta Escamilla: “Queremos volver a casa y escuchar la televisión, la radio, que el perro ladre y nos salude. Todo menos el silencio”. Pero el silencio “ayuda” porque “nos permite dialogar con muchos, con nosotros mismos también”, concluye Escamilla, que sigue navegando por Barcelona con su nueva creación: Barcelonàutiques.