La fibromialgia es una enfermedad crónica que acompaña en silencio a miles de personas. No deja señales visibles y, sin embargo, está presente desde la hora de levantarse hasta la de acostarse.
El dolor aparece en distintas zonas del cuerpo sin un motivo claro, cambia de lugar y de intensidad, y acaba ocupando un espacio constante en la vida diaria. A la vez se manifiesta un cansancio profundo, de esos que no se alivian durmiendo y que hacen que incluso las tareas más simples requieran un gran esfuerzo.
Durante años, muchas personas con fibromialgia han tenido que justificar lo que sienten. Escuchar frases como “todo está bien” o “no se te nota nada” es habitual, y esa falta de comprensión deja huella.
Hoy se sabe que no es una patología ficticia, aunque el camino hasta ponerle nombre suele ser largo, de un gran desgaste y lleno de dudas y pruebas que no siempre ofrecen respuestas.
“La fibromialgia no es una enfermedad imaginaria ni una exageración del dolor. Se trata de un trastorno complejo que exige una valoración clínica detallada y un enfoque multidisciplinar”, explica la doctora Laia Orpinell, jefa de la Unidad de Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
Cuando el cuerpo deja de responder como antes
La fibromialgia altera la forma en la que el cuerpo interpreta las señales. Estímulos que antes pasaban desapercibidos ahora duelen, y el organismo permanece en un estado de alerta constante. Así se explica el dolor crónico, una sensación persistente que no da tregua y que obliga a aprender a convivir con el malestar.
Pero el impacto va mucho más allá del dolor físico. Dormir mal se convierte en algo habitual y levantarse sin haber descansado es casi la norma. Aparecen la rigidez, la falta de claridad mental o la conocida niebla mental, que dificulta concentrarse, recordar cosas sencillas o seguir una conversación. Todo esto influye directamente en el trabajo, en las relaciones personales y en la confianza en una misma.
“No existe una prueba específica que confirme la fibromialgia. La evaluación médica se establece a partir del historial clínico, la exploración física y la exclusión de otras enfermedades que puedan justificar los síntomas", señala la especialista.
Laia Orpinell, jefa de la Unidad de Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor
El peso emocional de una enfermedad invisible
Vivir con fibromialgia también afecta a la salud emocional. La incertidumbre, la incomprensión del entorno y la sensación de no poder cumplir con las expectativas generan ansiedad, tristeza o frustración. Muchas personas reducen su vida social porque no saben cómo se encontrarán al día siguiente, y poco a poco el mundo se hace más pequeño.
La vida diaria se convierte en una constante negociación con el propio cuerpo. Planificar, improvisar o comprometerse deja de ser sencillo. Esto repercute de forma directa en la calidad de vida, no solo por lo que duele, sino por todo lo que se deja de hacer.
Aprender a vivir de otra manera
Aunque no existe una cura, sí hay caminos para estar mejor. El acompañamiento médico, el ejercicio adaptado, el apoyo psicológico y aprender a escuchar los propios límites ayudan a recuperar parte del equilibrio perdido. No se trata de vencer al dolor, sino de entenderlo y reducir su impacto.
"El tratamiento debe ser individualizado. La combinación de educación sanitaria, ejercicio físico adaptado, apoyo psicológico y, en determinados casos, tratamiento farmacológico, es la que ofrece mejores resultados a largo plazo", afirma la doctora Orpinell.
Pequeños gestos mantenidos en el tiempo pueden marcar la diferencia. Sentirse escuchada, creída y acompañada es también parte del tratamiento. La fibromialgia sigue siendo una enfermedad invisible para muchos, pero ponerle palabras y rostro es esencial para que quienes conviven con ella no tengan que hacerlo en soledad.
“Sentirse escuchado y validado forma parte del tratamiento. Con un diagnóstico adecuado y un abordaje personalizado, es posible mejorar de manera significativa la calidad de vida de las personas con fibromialgia", concluye la jefa de la Unidad de Reumatología del Hospital Universitari Sagrat Cor.
