Uno de los perros que Bellvitge ha incorporado en las terapias de salud mental
Mushu y Keisy, los dos perros del Hospital de Bellvitge que ayudan con su recuperación a los pacientes con depresión
Estos dos canes específicamente adiestrados, un samoyedo de seis años y una King Charles Spaniel de tres, son los nuevos protagonistas de la planta de hospitalización de Psiquiatría
El Hospital de Bellvitge de Barcelona, el primero en el mundo en incorporar experiencias inmersivas en las UCI
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El Hospital Universitario de Bellvitge ha incorporado a sus terapias de salud mental la “magia” de los perros Mushu y Keisy, quienes, desde que llegaron al centro a principios de año, se han convertido en una “muleta” para los pacientes.
Estos dos canes específicamente adiestrados –un samoyedo de seis años y una King Charles Spaniel de tres– son los protagonistas de la entrevista que la enfermera de Psiquiatría de Bellvitge, Alba González, y la técnica en intervenciones asistidas con perros del Centro de Terapias Asistidas con Canes (CTAC) de Bellvitge, Montse Godoy, han ofrecido a EFE.
Uno de los perros que Bellvitge ha incorporado en las terapias de salud mental
Unidad pionera
La planta de hospitalización de Psiquiatría “de puertas abiertas” de Bellvitge, una unidad “pionera” dentro de un modelo de atención a la salud mental “flexible, personalizado y cercano”, es el escenario que pisan cada martes Mushu y Keisy. Allí acompañan, en sesiones grupales –de una hora– e individuales –de 20 minutos–, a personas con trastornos depresivos mayores, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o estados de ansiedad, entre otros.
“La palabra clave es magia. Les ayudan a ver la vida de otra manera, más sencilla y noble”, explica Godoy, sonriente, quien cree que los perros se convierten en una “muleta” para los pacientes porque, a través de ellos, les resulta “más fácil” vincularse con los terapeutas.
Hospital Universitario de Bellvitge en una imagen de archivo Barcelona
González considera que la magia de los canes “tiene truco”, ya que su participación en las sesiones tiene una base sólida que la avala: “de hecho, hace muchos años que los perros trabajan con niños con discapacidades o en el manejo del dolor”, recuerda.
Menos ansiedad y mejor ánimo
Ambas profesionales aseguran que, con la participación de Mushu y Keisy, los pacientes experimentan un cambio significativo en su comportamiento desde el inicio de la sesión hasta el momento en que colocan la correa a los perros para volver a sus casas. “Hemos observado una reducción de la ansiedad y una mejora del estado anímico”, celebra González.
Durante una hora, las terapeutas intercalan la participación de los usuarios con la interacción con Mushu y Keisy, a quienes dan premios, hacen jugar y peinan. Aunque no son el eje central del programa terapéutico ni sustituyen a los profesionales, se convierten en el “hilo conductor” de las sesiones.
“Aprovechamos el vínculo que se genera solo con ver al perro para trabajar aspectos y objetivos que, sin él, no se podrían abordar”, contextualiza Godoy.
Cualidades de los animales
Godoy detalla las cualidades que debe tener un perro desde pequeño para participar en este tipo de intervenciones: ser sociable, resiliente ante distintos estímulos y poseer un carácter “bueno y previsible”. “Poco a poco se les adiestra para que se habitúen a diferentes espacios y entornos terapéuticos”, continúa la técnica del CTAC.
Uno de los perros que Bellvitge ha incorporado en las terapias de salud mental
Esta combinación de factores innatos y formación específica se complementa con la capacidad de los perros para tejer “vínculos neutros” con las personas –ya que no juzgan– y con las emociones positivas que suelen despertar entre los usuarios.
“El contacto con ellos favorece la liberación de serotonina y oxitocina, lo que contribuye a un estado anímico más estable”, concluye Godoy.