Aurora, actual dueña de Vídeo Instan junto a su encargada, Montse

Aurora, actual dueña de Vídeo Instan junto a su encargada, Montse Gala Espín Barcelona

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Video Instan mantiene el pulso al 'streaming': así resiste en Barcelona el videoclub más antiguo de España en activo

En 1980 abrió sus puertas un negocio familiar que ha transformado el alquiler de películas en una experiencia cultural

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En la calle Viladomat, en una Barcelona que parece acelerarse sin pausa entre plataformas digitales, entregas a domicilio y consumo inmediato, sobrevive un lugar que funciona a otro ritmo.

Tras el cristal de Video Instan, el videoclub más antiguo de España todavía abierto, el tiempo no desaparece: se ordena, se archiva, se toca. Al entrar, el ruido urbano se atenúa entre estanterías llenas de carátulas, títulos repetidos en distintos formatos y una cafetería que introduce una calidez inesperada en un espacio que podría ser puramente documental. Aquí el cine no es una interfaz: es un objeto físico.

Un pasillo del videoclub más antiguo de España

Un pasillo del videoclub más antiguo de España Gala Espín

Aurora Depares, al frente del negocio, habla desde una posición que mezcla herencia y resistencia. Su historia empieza antes de ella, en 1980, cuando sus padres fundaron el primer videoclub de España tras viajar a París y Londres para entender un modelo que en aquel momento no existía en el país. “Les gustaba mucho el cine, no había ningún sitio donde pudieran alquilar películas”, recuerda. Aquella intuición inicial acabó convirtiéndose en un local pionero que transformó durante décadas la manera de ver cine en casa.

Crecer entre carátulas y vida cotidiana

Aurora no narra su infancia como una historia convencional. La ubica dentro del videoclub, entre cintas, clientes y conversaciones sobre películas. “Yo tenía cinco años y siempre que podía estaba en el videoclub”, explica. Mientras su madre cuidaba de ella y su hermana, el negocio se convertía en una extensión natural de la vida familiar. El cine no era un consumo ocasional, sino una rutina compartida.

Películas de Vídeo Instan

Películas de Vídeo Instan Gala Espín

En su relato aparece una idea recurrente: la de haber crecido dentro del propio espacio que hoy dirige. “En lugar de juegos de mesa era ver una peli”, dice. Y añade una frase que condensa esa educación sentimental: “Cada uno crece donde crece, pues yo en el parque no, entre los pasillos del videoclub”. Esa afirmación, sencilla y directa, funciona como una biografía completa en una sola línea.

Del videoclub masivo al espacio en resistencia

Durante los años 80 y 90, el videoclub era un lugar central en la vida cotidiana. Aurora lo recuerda como una experiencia colectiva casi universal. “Yo creo que no hay nadie en este mundo que no haya pisado un videoclub”, afirma. Era más barato que el cine, más flexible, más doméstico, y permitía que una sola película reuniera a toda una familia frente al televisor.

La cafetería del videoclub más antiguo de España

La cafetería del videoclub más antiguo de España Gala Espín

Ese modelo empezó a erosionarse con la llegada de la digitalización, la piratería y las plataformas de streaming. Aurora lo describe sin dramatismo, pero con claridad: “Ha cambiado muchísimo porque todo el mundo tiene una plataforma en su casa ahora”. Y matiza su postura con otra frase clave: “Yo no tengo ninguna plataforma, no es que sea anti, es que de momento no la necesito”.

Un archivo físico frente a lo digital

En Video Instan se conservan unas 47.000 películas. No es solo una cifra: es una declaración de resistencia cultural. Aurora insiste en la dimensión material del proyecto. “Yo lo que hago es salvaguardar estas películas, tener el formato físico, guardar una copia o dos copias si puedo por si desaparecen las plataformas”, explica.

El videoclub funciona como un archivo audiovisual vivo, donde conviven VHS, DVD y Blu-ray. Aurora lo resume de forma tajante: “Si no está aquí, es que no está”. La frase no es una exageración, sino una advertencia sobre la fragilidad del ecosistema digital y la desaparición silenciosa de parte del catálogo cinematográfico.

La sala de cine como reinvención del espacio

La gran transformación del proyecto llegó con la incorporación de una sala de cine privada. Aurora lo explica como una decisión estructural tras el traslado al actual local: “Tenía claro que tenía que añadir la sala de cine y una cafetería para crear un centro cultural”.

Sala de cine del videoclub más antiguo de España

Sala de cine del videoclub más antiguo de España Gala Espín

La sala permite algo que el videoclub tradicional no ofrecía: la experiencia compartida del cine como evento. “Es tu espacio para ti con tu gente y puedes hacer lo que quieras”, dice. Y lo concreta con ejemplos que desactivan cualquier solemnidad: “Si pones Mamma Mia puedes levantarte y bailar, y si pones Grease también”.

Comunidad, barrio y experiencia compartida

Más allá del negocio, Aurora insiste en la dimensión comunitaria del proyecto. Video Instan no funciona solo como videoclub, sino como punto de encuentro. “Intentamos hacer mucho barrio”, explica, en referencia a su relación con asociaciones, escuelas de cine y grupos vecinales.

Esa lógica se traduce en actividades constantes: cumpleaños, sesiones de mayores, encuentros culturales y presentaciones de cineastas. “Para mí era muy importante hacer sinergias con la gente del barrio”, señala. El videoclub se convierte así en una infraestructura cultural de proximidad.

Futuro incierto, convicción estable

Pese a las dificultades económicas, Aurora no plantea el cierre como una opción. “Yo soy muy optimista”, dice. Habla de créditos, alquileres y costes crecientes, pero mantiene una idea firme de continuidad: “Yo voy a estar aquí”.

Estantería de Vídeo Instan

Estantería de Vídeo Instan Gala Espín

Su hijo, de 13 años, crece dentro de este ecosistema, aunque en un contexto distinto. “Ha crecido con un DVD y sabe manejarlo mejor que mucha gente”, explica. Sin embargo, reconoce la distancia generacional: “Es el único de la clase que no tiene plataforma”.

Cuando se le pregunta por el relevo, evita cualquier presión. “Que haga lo que quiera y que sea feliz”, responde.

Una forma de resistencia cotidiana

En un momento en el que la cultura audiovisual se ha desplazado hacia lo invisible, Video Instan sigue funcionando como un espacio donde las películas conservan peso físico y social. Aurora no lo plantea como una batalla contra la modernidad, sino como una forma de continuidad.

Nosotros seguimos aquí”, insiste. Y en esa frase se condensa todo el proyecto: no es nostalgia ni resistencia épica, sino permanencia activa.

Noticias antiguas de Vídeo Instan en Barcelona

Noticias antiguas de Vídeo Instan en Barcelona Gala Espín

El videoclub no compite con el algoritmo: lo ignora. Propone otra relación con el cine, basada en el tiempo lento, la recomendación humana y el contacto directo con los objetos. Entre estanterías que acumulan décadas de historias, la experiencia no es solo elegir una película, sino recuperar el gesto de buscarla.

Y en ese gesto mínimo, caminar, mirar, preguntar, dejarse aconsejar, persiste todavía otra forma de ver cine.