Marvin Marrugo en una de sus clases de zumba con auriculares Barcelona
Auriculares, música y ejercicio: el fenómeno que transforma el Parc de les Glòries
Por la tarde, los lunes y miércoles, cuando el sol empieza a caer sobre uno de los espacios más renovados de la capital, el parque se transforma en una pista de baile improvisada donde el ejercicio físico se mezcla con la desconexión mental
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A simple vista, la escena desconcierta. Decenas de personas se mueven al mismo ritmo en medio del Parc de les Glòries, saltando, girando y cantando en silencio. No hay altavoces, no se escucha música y, sin embargo, el ambiente transmite la energía de una auténtica fiesta colectiva. La clave está en los auriculares inalámbricos que todos llevan puestos.
Cada tarde, cuando el sol empieza a caer sobre uno de los espacios más renovados de Barcelona, el parque se transforma en una pista de baile improvisada donde el ejercicio físico se mezcla con la desconexión mental. Detrás de este fenómeno está Marvin Marrugo, un colombiano que llegó a la ciudad hace tres años buscando salir de su “zona de confort” y que ha terminado creando una comunidad alrededor del baile y las “buenas vibras”.
Marvin Marrugo en una de sus clases de zumba con auriculares en Glòries Barcelona
“Barcelona me llamó mucho la atención porque es una ciudad muy multicultural”, explica. “Quería conocer nuevas personas, nuevas culturas y sentía que aquí podía conectar fácilmente con la gente”.
Del altavoz a los auriculares
Lo que empezó como unas clases convencionales al aire libre ha evolucionado rápidamente. Marvin asegura que el cambio llegó cuando decidió sustituir los altavoces por auriculares inalámbricos.
“Se me ocurrió la idea para evitar la contaminación auditiva”, cuenta. “Pero además siento que esto permite que la gente se sumerja mucho más en la música y esté más concentrada”.
Marvin Marrugo en una de sus clases de zumba con auriculares en Glòries Barcelona
El resultado ha acabado convirtiéndose en una experiencia casi inmersiva. Desde fuera, apenas se escuchan las pisadas sobre el suelo o alguna risa aislada. Dentro de los cascos, en cambio, suena reguetón, salsa, electrónica o ritmos latinos mientras los participantes siguen las coreografías del instructor.
“No es una clase de baile convencional”, aclara Marvin. “Yo no paro a enseñar pasos. La gente me sigue sobre la marcha y cada uno va a su ritmo”.
Un refugio después del trabajo
La actividad cumple ahora un año en Glòries y ha ido creciendo a través del boca a boca y las redes sociales. Lo que al principio reunía a “tres o cuatro personas” ahora congrega a grupos numerosos varias veces por semana.
Parte de su éxito, según el instructor, está en el tipo de experiencia que ofrece. “Muchas personas vienen después de un día duro en el trabajo para soltar energía y recargar”, explica. “Esto es un espacio para ejercitar cuerpo, mente y alma”.
También el formato silencioso ha ayudado a evitar conflictos con el entorno. Marvin asegura que incluso agentes de la Guardia Urbana se han acercado alguna vez para felicitar la iniciativa. “Les parece bien porque no molestamos a nadie con el ruido y porque fomenta la salud y el bienestar”.
Glòries, el nuevo punto de encuentro
Antes de instalarse en Glòries, el grupo probó suerte en Barceloneta y en el Parc de la Ciutadella. Pero fue aquí donde encontraron su lugar definitivo.
“Aquí hay mucha gente de barrios cercanos y se ha convertido en un punto de encuentro muy llamativo de la ciudad”, explica Marvin mientras alrededor suyo empiezan a llegar participantes con ropa deportiva y auriculares preparados.
Una de las clases de zumba con auriculares en Glòries Barcelona
El entorno también juega un papel importante. Entre las zonas verdes, las amplias explanadas y la constante circulación de vecinos, el parque ofrece el escenario perfecto para una actividad que mezcla deporte, ocio y vida social.
“Te olvidas de todo”
Entre quienes acuden regularmente está Laura, vecina de Santa Coloma, que descubrió las clases gracias a una amiga.
“Me dijo: ‘Ven, que a ti te gusta bailar y seguro que te encanta’. Lo probé y desde entonces estoy adicta”, reconoce entre risas.
Desde enero acude varias veces por semana, desplazándose expresamente hasta Glòries. “Me gusta mucho más que una clase convencional en el gimnasio”, asegura.
Marvin Marrugo en una de sus clases de zumba con auriculares en Glòries Barcelona
Para ella, la gran diferencia está en la sensación de aislamiento que generan los auriculares. “Te los pones y es como que no te enteras del mundo. Lo disfrutas muchísimo más y te olvidas de todo”.
El componente social también ha terminado siendo clave. “Al final haces grupo”, cuenta. “Incluso cuando llueve estamos pendientes de si se cancela la clase”.
Bailar sin vergüenza
Uno de los principales miedos de quienes observan la actividad desde fuera suele ser el mismo: la vergüenza de bailar en público. Marvin lo escucha constantemente.
“Mucha gente me dice que nunca ha hecho algo así y que le da corte hacerlo al aire libre”, explica. “Pero en cuanto se ponen los auriculares, se olvidan completamente de que están en una plaza”.
Marvin Marrugo en una de sus clases de zumba con auriculares en Glòries Barcelona
Esa desconexión del entorno parece ser precisamente una de las claves del fenómeno. En una ciudad cada vez más acelerada y saturada de estímulos, estas sesiones ofrecen una especie de burbuja colectiva donde nadie juzga si alguien sigue bien o mal la coreografía.
Aquí, insiste Marvin, “todos son protagonistas”.
Mucho más que zumba
Aunque muchos lo identifican rápidamente con una clase de zumba, Marvin intenta darle una identidad propia bajo la marca “Moves Barcelona”. Su objetivo ahora es llevar el proyecto más allá de Glòries y colaborar con empresas para acercar este tipo de actividades a trabajadores que no tienen tiempo para ir al gimnasio.
“Quiero ofrecer una manera diferente de ejercitarse”, explica. “Que las personas puedan desconectar y recibir bienestar sin necesidad de encerrarse en un gimnasio”.
Mientras tanto, cada tarde el fenómeno sigue creciendo en silencio. O casi. Porque aunque desde fuera apenas se escuche nada, en mitad del Parc de les Glòries la música parece sonar más fuerte que nunca.